Mostrando entradas con la etiqueta razón y mística. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta razón y mística. Mostrar todas las entradas

jueves, enero 03, 2008

Ninguno desde entonces

"La fe que otros ponen en lo que no se ve, yo la pongo en lo que se puede tocar y mirar. Mis dioses moran en templos hechos con manos, y dentro del círculo de la experiencia real se perfecciona y completa mi credo: acaso se complete demasiado, porque como todos los que han puesto su Cielo en esta tierra, he hallado en él no sólo la hermosura del Cielo, sino también el horror del Infierno. Cuando pienso en la Religión, pienso que me gustaría crear una orden para los que no creen: la Cofradía de los Huérfanos se podría llamar, y allí, en un altar sin ninguna vela encendida, un sacerdote, en cuyo corazón la paz no tuviera asilo, podría celebrar con pan sin bendecir y un cáliz vacío de vino. Todo para ser verdad ha de hacerse religión. Y el agnosticismo ha de tener su ritual lo mismo que la fe. Ha sembrado sus mártires, debería cosechar sus santos, y alabar a Dios todos los días por haberse ocultado a los ojos de los hombres. Pero, ya sea fe o agnosticismo, no puede ser nada exterior a mí. Sus símbolos los tengo que crear yo. Sólo es espiritual lo que hace su propia forma. Si no encuentro su secreto dentro de mí, nunca lo encontraré. Si no lo tengo ya, no vendrá a mi jamás."

En las amargas páginas de De Profundis, Oscar Wilde nos dejó algunas de las más bellas palabras que se han escrito sobre religión. Veo en ellas una invitación a celebrar la vida como el más sagrado de los rituales: un ritual ajeno a dogmatismos, imposiciones o miedos irracionales. En estos últimos días se han vertido ríos de tinta sobre la iglesia, y con razón. Iba a escribir algo sobre el tema, pero luego he pensado que no era realmente necesario. Que no iba a convencer a nadie. Que tener que tratar ciertas cuestiones a estas alturas es algo que mueve más a la pereza que a la indignación. Mejor sigo citando a Wilde:

"¡Hay algo tan único en Cristo! Claro está que, así como hay falsos amaneceres antes del amanecer, y días de invierno tan llenos de súbito sol que engañan al sabio croco y le hacen malbaratar su oro antes de tiempo, y hacen que algún pájaro tonto llame a su compañera para construir en ramas peladas, así también hubo cristianos antes de Cristo. Eso lo deberíamos agradecer. Lo desdichado es que no haya habido ninguno desde entonces."

miércoles, diciembre 12, 2007

Indeterminacy

Vía Pitchfork, reencuentro una magnífica página web dedicada a John Cage: Indeterminacy. La descubrí hace tiempo, me fascinó, y luego la olvidé. Podría haberla guardado en la carpeta de favoritos, pero probablemente su destino hubiera sido el mismo: casi nunca reviso los favoritos; cuando se acumulan demasiados, borro la lista.

Eddie Kohler, responsable de Indeterminacy, explica el contenido de la página:

"John Cage was an American composer, Zen buddhist, and mushroom eater. He was also a writer: this site is about his paragraph-long stories – anecdotes, thoughts, and jokes. As a lecture, or as an accompaniment to a Merce Cunningham dance, he would read them aloud, speaking quickly or slowly as the stories required so that one story was read per minute.

This site archives 190 of those stories. Each story is spaced out, as if it were being read aloud, to fill a fixed area. If you like, you can also read them aloud at a rate of one a minute."


Un ejemplo:

A young man in Japan arranged his circumstances
so that he was able to travel to a distant island
to study Zen with a certain Master for a
three-year period. At the end of the three
years, feeling no sense of accomplishment,
he presented himself to the Master and
announced his departure. The Master said,
“You’ve been here three years. Why don’t
you stay three months more?” The student agreed,
but at the end of the three months he still
felt that he had made no advance. When he
told the Master again that he was leaving,
the Master said, “Look now, you’ve been here
three years and three months. Stay
three weeks longer.” The student did, but
with no success. When he told the Master
that absolutely nothing had happened, the
Master said, “You’ve been here three years,
three months, and three weeks. Stay
three more days, and if, at
the end of that time, you have not
attained enlightenment, commit
suicide.” Towards the end of the
second day, the student was enlightened.

En su conjunto, las historias forman un curioso collage de filosofía zen, teoría musical, micología, anécdotas y recuerdos, todo ello regado con el sentido del humor y la vitalidad desbordante de Cage. Su lectura no sólo nos permite conocer la atractiva personalidad de uno de los compositores más influyentes del siglo XX, también nos ayuda a interpretar y entender su obra musical. La página está diseñada de tal forma que las historias se muestran aleatoriamente (no podía ser de otra forma); pulsar el botón para que aparezca la siguiente historia se puede convertir en una tentación difícilmente evitable, casi una adicción.

martes, noviembre 06, 2007

Ape, Fish, Book

El otro día pasamos por la Artis Library de la Universidad de Amsterdam para ver la exposición Ape, Fish, Book. Linnaeus in Amsterdam, una pequeña pero interesante muestra que viene a conmemorar el 300 aniversario del nacimiento del célebre naturalista sueco. Se exhiben varias obras de Linneo publicadas originariamente en Holanda, así como otros volúmenes de botánica y zoología procedentes de los bien surtidos fondos de la Artis Library; algunos animales disecados o conservados en recipientes completan el material expuesto.


Como toda la información que se ofrece en la exposición está en holandés, nuestra atención se tuvo que centrar en la dimensión estética de los libros, láminas y especímenes disecados que nos esperaban tras las vitrinas. Al fin y al cabo, es el atractivo visual de los tratados botánicos y zoológicos del XVIII lo que nos llevó a la muestra. Durante esta época, el cuidado con el que se elaboraban los dibujos para ilustrar las descripciones de las diversas especies animales y vegetales podía responder más a una necesidad científica que meramente artística, pero el resultado en ocasiones era realmente bello, sugerente, y a veces también maravillosamente ingenuo. La siguiente imagen procede de la Metamorfosis de Maria Sibylla Merien, una de las obras expuestas en la Artis Library:

Me llama la atención el carácter sobrehumano de la tarea de Linneo: afrontar la clasificación del conjunto de los seres vivos supone un reto de dimensiones excepcionales. Poner orden en el caos de la naturaleza; dividir, compartimentalizar y sistematizar el flujo continuo de la vida: la voluntad titánica del naturalista es una muestra de la grandeza del ser humano; y sin embargo, el resultado de este inmenso esfuerzo clasificatorio viene a demostrar al mismo tiempo la insignificancia del hombre, reducido a una especie más, diluido en la inabordable diversidad de la naturaleza. La percepción que Linneo tenía del mundo natural era todavía limitada, estática: creía en la génesis divina de todas las especies existentes, y aunque su sistema de clasificación exponía a la luz vínculos y lazos que apuntaban a un origen evolutivo de las especies, el ilustre naturalista pensaba que simplemente estaba poniendo de relieve los pormenores del plan de una inteligencia creadora. De alguna forma, Linneo viene a completar la tarea originaria de Adán:

(Genesis 2:19) Jehová Dios formó, pues, de la tierra toda bestia del campo, y toda ave de los cielos, y las trajo a Adán para que viese cómo las había de llamar; y todo lo que Adán llamó a los animales vivientes, ese es su nombre.

Curioseando en la red sobre estas cuestiones me encuentro con A Romantic Natural History, una página que explora las conexiones entre la literatura romántica y el desarrollo de las ciencias naturales antes de Darwin. La idea es sumamente atractiva, y aparte está sazonada con ilustraciones maravillosas:


Volviendo a la exposición, otra cosa que me ha llamado la atención es la aparición del llamado "hombre salvaje" u "hombre de los bosques" en varias de las obras expuestas. El conocimiento de la historia natural en el siglo XVIII era necesariamente incompleto, deficiente; los listados de especies incluían a veces animales mitológicos y monstruos de diverso pelaje. El hombre salvaje aparece aquí como un paso intermedio entre el simio y el hombre civilizado; se trata de un viejo mito que todavía pervive en diversas formas a lo largo y ancho del globo, pero que en los antiguos tratados de zoología parece un poderoso anticipo de las ideas de Darwin. La wikipedia ubica el origen del hombre salvaje en la Edad Media y señala su notable influencia en la herádica europea. Me gusta como la iconografía representa habitualmente a estos seres: completamente peludos, apoyados en un bastón, sentados a veces en un banco de madera como signo de su superioridad sobre sus parientes simiescos. La imagen siguiente procede de la Antropometamorphosis de John Bulwer (1658):


Para terminar este post que empezó como un mero apunte y que ha ido creciendo y creciendo sobre la marcha, enlazo una última nota sobre la Antropometamorphosis que he encontrado en 3quarksdaily. Punto y aparte.

sábado, junio 23, 2007

La ciudad de los inmortales

La novedad prima sobre cualquier otra cualidad en la blogosfera. Este post, por diversas razones, nace viejo y casi moribundo: recoge algo aparecido en BLDGBLOG hace la friolera de cinco días. Una eternidad en el mundo 2.0. Pero no querría dejarlo pasar:

1) Michelle Lord recrea en su proyecto "City of the Inmortals" la milenaria y secreta ciudad que Marco Flaminio Rufo, tribuno militar de Roma y protagonista del relato de Jorge Luis Borges "El inmortal", encuentra en su periplo a través del desierto.

Borges: "Emergí a una suerte de plazoleta; mejor dicho, de patio. Lo rodeaba un solo edificio de forma irregular y altura variable; a ese edificio heterogéneo pertenecían las diversas cúpulas y columnas. Antes que ningún otro rasgo de ese monumento increíble, me suspendió lo antiquísimo de su fábrica. Sentí que era anterior a los hombres, anterior a la Tierra. Esa notoria antigüedad (aunque terrible de algún modo para los ojos) me pareció adecuada al trabajo de obreros inmortales. Cautelosamente al principio, con indiferencia después, con desesperación al fin, erré por escaleras y pavimentos del inextricable palacio. (Después averigüé que eran inconstantes la extensión y la altura de los peldaños, hecho que me hizo comprender la singular fatiga que me infundieron.) Este palacio es fábrica de los dioses, pensé primeramente. Exploré los inhabitados recintos y corregí: Los dioses que lo edificaron han muerto. Noté sus peculiaridades y dije: Los dioses que lo edificaron estaban locos. Lo dije, bien lo sé, con una incomprensible reprobación, que era casi un remordimiento, con más horror intelectual que miedo sensible."


"A la impresión de enorme antigüedad se agregaron otras: la de lo interminable, la de lo atroz, la de los complejamente insensato. Yo había cruzado un laberinto, pero la nítida Ciudad de los Inmortales me atemorizó y repugnó. Un laberinto es una casa labrada para confundir a los hombres; su arquitectura, pródiga en simetrías, está subordinada a ese fin. En el palacio que imperfectamente exploré, la arquitectura carecía de fin. Abundaban el corredor sin salida, la alta ventana inalcanzable, la aparatosa puerta que daba a una celda o a un pozo, las increíbles escaleras inversas, con los peldaños y balaustrada hacia abajo. Otras, adheridas aéreamente al costado de un muro monumental, morían sin llegar a ninguna parte, al cabo de dos o tres giros,en la tiniebla superior de las cúpulas. Ignoro si todos los ejemplos que he enumerado son literales; sé que durante muchos años infestaron mis pesadillas; no puedo saber ya si tal o cual rasgo es una transcripción de la realidad o de las formas que desatinaron mis noches. Esta Ciudad (pensé) es tan horrible que su mera existencia y perduración, aunque en el centro de un desierto secreto, contamina el pasado y el porvenir y de algún modo compromete a los astros. Mientras perdure, nadie en el mundo podrá ser valeroso o feliz. No quiero describirla; un caos de palabras heterogéneas, un cuerpo de tigre o de toro, en el que pulularan monstruosamente, conjugados y odiándose, dientes, órganos y cabezas, pueden (tal vez) ser imágenes aproximativas."


(El extracto del relato está tomado de aquí)

2) ¿Tiene sentido dar forma material a una especulación literaria, a una creación fantástica que pertenece más al plano de la metáfora o del sueño que al de la arquitectura? ¿No anula esta representación las infinitas posibilidades que las palabras de Borges pueden provocar en la imaginación, reduciéndolas a una única y necesariamente insuficiente interpretación? No hay que ser tan negativo: la recreación se ha realizado aquí con cuidado y sensibilidad, las imágenes son muy sugerentes. Disfruto viéndolas. Es tan sólo una de las miles de visiones posibles de la terrible ciudad de los inmortales. Aunque, como no podía ser de otra manera, no es mi ciudad de los inmortales.


3) Al ver la obra de Michelle Lord, me vienen a la mente al instante las "Ciudades Invisibles". ¿Sería capaz la artista de hacer algo semejante con la obra de Calvino? Vierto con mi inglés torpe este pensamiento en los comentarios de BLDGBLOG. Al poco me sorprende la respuesta de la propia Michelle: 'Invisible Cities' is a future project I'm currently envisaging...can't wait to explore this text in plastic dimensions, in particular Thin Cities. Pequeños detalles como éste son los que hacen a uno adorar la blogosfera.

4) Una anotación rápida sobre la inmortalidad y sus efectos secundarios: para Borges, la vida eterna anula la individualidad del ser humano: en un plazo de tiempo suficientemente extenso, una persona habrá experimentado todas las posibilidades, asumido todos los roles. Un hombre será necesariamente todos los hombres. La personalidad es un mero accidente; un atributo circunstancial que se diluye con el tiempo. Traslademos esta idea al ente infinito por excelencia, Dios. ¿Puede un ser que no tiene ni principio ni fin, que siempre ha existido, adoptar una identidad concreta? ¿Le cabe otra opción que no sea asumir todas las posibilidades, diluirse en su propia creación? Dios sería todos los hombres, pero también todos los animales, las plantas, las piedras, las motas de polvo. El fuego y el árbol. Esta manzana a la que estoy a punto de hincarle el diente.

sábado, junio 02, 2007

Dos anotaciones (más) sobre religión

1) Cuando hablo de religión con mis amigos creyentes, acabo pensando que acaso sea yo, perfecto ateo, quien tenga un mayor interés por el hecho religioso y sus implicaciones sociales y culturales. No pocos de los que se llaman a sí mismos cristianos tienen de creyentes tan sólo una leve pátina superficial: basta con rascar un poco para dar con un fondo esencialmente materialista, incrédulo, interesadamente selectivo en cuanto a la aplicación de preceptos y normas, y en general poco preocupado por todo lo que no sea el aquí y el ahora.

Tiendo a pensar que el pensamiento religioso permanece vivo en muchos de nosotros por mera inercia social. La religión es una creación cultural que nace con un clara función adaptativa: la idea de dios sirve para explicar el origen del universo y dotar de sentido a la vida, para calmar el miedo ante la muerte, para mitigar la desesperación ante lo insignificante y aleatorio de nuestro destino, y para justificar en última instancia la imposición de una moral y de un sistema político determinados. Una vez que surgen nuevos instrumentos culturales como la ciencia o la ética, que suplen estas necesidades humanas con mayor eficacia, la religión pierde su razón de ser.

Por ello, desde un punto de vista evolutivo, no es demasiado arriesgado establecer un símil entre la religión y un órgano vestigial como, por ejemplo, el apéndice. ¿Cuántos de nuestros conocidos conviven con las costumbres religiosas de igual forma que cargan con esa menuda prolongación del intestino? El apéndice es un elemento perfectamente inútil, testigo de una extinta funcionalidad del organismo propia de una etapa evolutiva anterior. Lo heredamos de nuestros padres, y aunque es un trasto que no sirve de nada, tampoco nos causa ninguna molestia. Hasta que se inflama.

2) Hoy, en El País, una interesantísma charla entre Fernando Savater (filósofo, profesor e improbable aventurero político) y José María Castillo (sacerdote y teólogo) sobre religión. El texto está cargado de citas potenciales, pero me quedo con esta bella reflexión de Savater:

"Amamos lo perecedero precisamente porque va a perecer; no amamos lo eterno, lo invulnerable, nadie ama el universo, todos sabemos que el universo se pasa muy bien sin nuestros cariños. Amamos a aquellas personas que quisiéramos perpetuar y no podemos; es su fragilidad lo que suscita nuestro amor. Y claro, Dios es lo contrario: la idea de amor a Dios, por ejemplo en el planteamiento tan hermoso de Spinoza, en su Ética, él habla del amor a Dios, que sólo puede ser un amor intelectual, no podemos esperar que Dios nos ame. Esa vinculación afectiva que introduce el cristianismo necesitaba que Dios hiciera una concesión a la carne, a la muerte, a la fragilidad, al temor, al abandono... Esa idea del Dios hecho hombre es una aportación de la religión cristiana, pero también un paso hacia la salida de la religión, porque en cuanto divinizamos la figura frágil, doliente, del hombre, estamos acercándonos a empezar a divinizar sencillamente al hombre, sin necesidad de lo sobrenatural. De ahí que algunos expertos como Marcel Roché hablen del cristianismo como de la religión para salir de la religión. Así que, para que la figura de Cristo adquiera toda su capacidad de identificación con nosotros, suprimámosle esa otra dimensión mágica que le aleja aún de nosotros."

La figura de Cristo como germen del ateísmo...

miércoles, enero 24, 2007

I just believe in one fewer god than you do

Contra todo pronóstico, a estas alturas de partido seguimos viviendo en un mundo fundamentalmente religioso. Es fácil pasar por alto esta realidad, perder la perspectiva de lo que sucede ahí fuera cuando uno vive en un entorno, si no agnóstico, cuanto menos bastante relajado en lo que respecta a las creencias religiosas. Para situarnos, lo mejor es recurrir a las estadísticas, por ejemplo como las que recoge Marina en su "Dictamen sobre Dios":

"Con diferentes intensidades personales, dos mil millones de personas se declaran cristianos, mil millones musulmanes, setecientos cincuenta millones hindúes, trescientos cincuenta millones budistas, doscientos cincuenta millones siguen religiones tribales, otros veinte son sijs, otros veinte taoístas, otros quince judíos."

No tengo ganas de echar cuentas, pero mucho me temo que a los ateos y agnósticos nos corresponde un porcentaje bastante pequeño de la población mundial. Ni siquiera somos un porcentaje demasiado representativo en ese santuario de la razón que supuestamente es el mundo occidental. Valga un ejemplo: en Estados Unidos las encuestas señalan que en un 87% de la población nunca pondría en duda la existencia de Dios, mientras que los ateos representan menos de un 10% del total. Probablemente en Europa la cifra de descreídos sea algo más elevada pero, en cualquier caso, seguimos siendo relativamente pocos: una minoría silenciosa, fundamentalmente respetuosa (al menos en público) con los que creen en la existencia de una realidad divina; un selecto colectivo de personas que gustan de reunirse de vez en cuando en pequeños grupos de iniciados para, al calor de unas copitas de tinto, hacer chascarrillos a costa de ese señor barbudo en bata blanca que vive en una nube y se irrita ante la sola mención de palabras como "homosexual", "preservativo" o "estatut"...

No obstante, algo parece estar cambiando dentro de esta pequeña gran minoría. En los últimos tiempos se puede percibir el despunte de un cierto "orgullo ateo", o incluso de lo que se podría denominar un "ateísmo militante". Esta movilización de los no creyentes vendría a dar respuesta a una serie de procesos más o menos alarmantes: el auge global de los fundamentalismos (de un signo u otro) y de los conflictos basados, al menos en parte, en la confrontación religiosa; la intromisión de la fe en cuestiones estrictamente científicas, sobre todo en lo que respecta a la evolución de las especies y el origen de la vida; o el intento por parte de las religiones de ejercer un monopolio absoluto sobre conceptos como la vida o la familia en el seno de algunos debates políticos de máxima actualidad (nuevos modelos de organización familiar, derecho a una muerte digna, aborto, investigación con células madre).

¿Debe el mundo científico permanecer callado ante estas cuestiones? ¿Podemos aceptar en pleno siglo XXI que los argumentos de los creacionistas son tan respetables como las pruebas científicas aportadas por los biólogos evolutivos? ¿Es razonable dejar que mitos suficientemente desmontados por la ciencia se utilicen como arma política o actúen como freno para el ejercicio de determinados derechos? Uno de los núcleos duros desde los que se fomenta este debate es Edge, un foro de científicos y pensadores de primer orden, entre los que se encuentran ateos ilustres y combativos como Richard Dawkins ("The God Delusion") o Sam Harris ("The End of Faith", "Letter to a Christian Nation").

Como botón de muestra, enlazo el último artículo que ha escrito Sam Harris para Edge y que, bajo el título de "10 mitos y 10 verdades sobre el ateísmo", rebate inteligentemente muchas de las acusaciones infundadas que con cierta periodicidad sufrimos los ateos. Ya saben: somos arrogantes, fundamentalistas, básicamente amorales, incapacitados para el desarrollo de cualquier tipo de espiritualidad, etc. Me gusta especialmente la forma en que el autor responde a la afirmación de que el ateísmo es dogmático (despropósito últimamente muy apreciado por ciertos sectores ideológicos patrios):

Jews, Christians and Muslims claim that their scriptures are so prescient of humanity's needs that they could only have been written under the direction of an omniscient deity. An atheist is simply a person who has considered this claim, read the books and found the claim to be ridiculous. One doesn't have to take anything on faith, or be otherwise dogmatic, to reject unjustified religious beliefs. As the historian Stephen Henry Roberts (1901-71) once said: "I contend that we are both atheists. I just believe in one fewer god than you do. When you understand why you dismiss all the other possible gods, you will understand why I dismiss yours."

Más claro imposible. Corro a tatuarme la frase del señor Roberts en alguna parte bien visible de mi anatomía. Ya cansa gastar tanta saliva con el mismo tema.

sábado, enero 20, 2007

Hojeando el moleskine de William Blake

1) Leo a William Blake: "Debo crear un sistema o ser esclavizado por el de otro hombre". Repito la frase en mi cabeza, hay que algo chirría. Es esa terrible asociación entre sistema y esclavitud. Parece que el poeta quisiera decir: "seré esclavizado, bien por mi propio sistema, bien por el de otro hombre"; o: "prefiero ser esclavo de mí mismo antes que ser el esclavo de otro".


Esclavo, al fin y al cabo: la libertad absoluta implicaría acabar con cualquier rastro de sistema.

(H)ojeo el ejemplar de "El matrimonio del cielo y del infierno" que me regaló mi hermano hace ya unos cuantos meses. Lo tengo en la cola de las lecturas pendientes; hay otras que llegaron más tarde y se han colado impunemente, pero entiendo que Blake no es para leerlo en cualquier momento. Observo la reproducción de las láminas originales, donde el texto se entrelaza con imágenes a un tiempo ingenuas y perturbadoras; es la obra de un loco o de un iluminado. Pienso: quizá Blake escapó finalmente de los demás hombres para construir su propio sistema, su propia cárcel; quizá, a diferencia de los demás, vivió su cautiverio en un inmenso y fastuoso palacio. Es un pensamiento tan precipitado como terriblemente cursi, lo reconozco: será convenientemente juzgado en su momento, cuando me haya sumergido en la obra del "más grande artista que ha producido Gran Bretaña".

2) Me entero por Biblioddysey de que la British library ha añadido el cuaderno de notas de Blake a su magnífica colección "Turning the pages". Entre todas las obras publicadas, mi favorita sigue siendo la edición manuscrita de Alicia, con las entrañables ilustraciones originales del propio Lewis Carroll.

Hojeo (virtualmente) el "moleskine" de Blake. Me fascina el concepto de "Turning de pages": reproducir el movimiento de las páginas, simular el acto de leer el manuscrito tal y como si estuviera en nuestras propias manos. Algo tan innecesario como inexplicablemente satisfactorio: ¿acaso no nos basta con una buena reproducción, página por página, de cada obra? ¿Por qué nos resulta atractivo el truco pueril de deslizar las hojas a golpe de ratón?

Es curioso: los profetas anunciaban que a estas alturas sólo nos importaría la información, en su estado más puro y esencial: la era del soporte habría quedado atrás: los datos (textos, músicas, imágenes) fluirían por la red libres por fin de su pesada carga material, como el alma inmortal liberada de las ataduras del cuerpo terrenal. Se equivocaban, como siempre: en la época de los ebooks seguimos embobándonos ante los escaparates de las librerías, babeando delante todos esos libros maravillosamente editados que se nos insinúan desde los expositores. Los discos de vinilo vuelven a ocupar su hueco en la estantería, independientemente de que tengamos el disco duro rebosante de mp3. Y qué decir de los moleskines: siguen dando mejor resultado que cualquier pda a la hora de escribir poesía barata en un café. Somos incorregiblemente superficiales. O quizá sea otra cosa. En la era de la pornografía digital, entre descarga y descarga nos sigue apetenciendo de vez en cuando acariciar, oler, morder un cuerpo de verdad...

sábado, diciembre 09, 2006

Apuntes para un post improbable

Salvador Pániker, en "Aproximación al origen":

"Hoy sabemos que no "vemos" las cosas directamente. Es el espíritu/cerebro (mind) quien representa la realidad al cabo de un proceso de codificación y traducción. Esta conciencia de los "modelos" interpuestos es la responsable del clima de "idealismo" que nos tiene a todos tan desasosegados. La tentación es el nihilismo, o, en el otro extremo, el totalitarismo simplificador (el que finge recuperar simbólicamente la realidad perdida). Ocurre que cuando la realidad se hace mera representación, y la representación siempre es simbólica, se produce un síndrome de "irrealidad". Es la frustación que procede de sustituir los intercambios reales por los intercambios simbólicos."

Y Calvino, en "Mundo escrito y mundo no escrito":

"Este mundo que veo, lo que suele reconocerse como el mundo, se abre ante mis ojos -al menos en gran parte- ya conquistado y colonizado por las palabras; un mundo que lleva encima una pesada costra de discursos. Los actos de nuestra vida ya están clasificados, juzgados y comentados incluso antes de producirse. Vivimos en un mundo en el que todo ha sido ya leído antes incluso de comenzar a existir.

No se trata sólo de lo que vemos; nuestros propios ojos están saturados de lenguaje escrito. El hábito de leer transformó a lo largo de los siglos al Homo sapiens en Homo legens, pero no está claro que el Homo legens sea más sabio que antes."

El "problema" que analiza Pániker, y que de alguna forma se asoma también al texto de Calvino, viene a ser la incapacidad del hombre (occidental) para aprehender la realidad sin mediación de ningún sistema de codificación. Nuestra forma de experimentar e interpretar el mundo que nos rodea lleva implícito el establecimiento de una insalvable fisura entre el observador y lo observado, entre el sujeto y la realidad en la que vive, entre hombre y naturaleza, una fisura que se manifiesta en el lenguaje, en la inevitable conceptualización de todo lo que nos rodea. Independientemente de las innegables ventajas adaptativas que supone esta forma de aproximación a la realidad, no podemos ignorar las contrapartidas que lleva asociadas. Entre ellas, la incapacidad para asumir la aplastante multiplicidad, la infinitud de una realidad en esencia inabarcable. Como consecuencia de esto, corremos siempre el riesgo de caer en la tentación que representan ciertas doctrinas y sistemas de pensamiento totalizadores, mentiras anestesiantes que nos hacen más soportable tanto la intolerable inmensidad de lo que nos rodea como la cruel intrascendencia de nuestra existencia; creencias religiosas pero también mitologías profanas. En ambos casos, el lenguaje es siempre la trampa. ¿Alguna posibilidad de escape, alguna salida a este laberinto? La solución, según Pániker, sería ejercitar una cierta capacidad mística (lo místico entendido como experiencia pura de lo real); un misticismo, eso sí, perfectamente compatible con nuestro racionalismo crítico. De ahí el interés actual por ciertas filosofías orientales, y entre ellas, la gran atracción que el budismo ejerce sobre la mentalidad occidental.

Borges, en "¿Qué es el Budismo?", sobre el budismo zen:

"Nuestros hábitos mentales obedecen a los conceptos de sujeto y de objeto, de causa y efecto, de lo probable y de lo improbable y a otros esquemas lógicos que nos parecen evidentes; la meditación, que puede exigir muchos años, nos libra de ellos y nos prepara para ese súbito relámpago: el satori.

Desconfiar del lenguaje, de los sentidos, de la realidad del pasado propio o ajeno y aun de la existencia del Buddha, son algunas de las disciplinas que debe imponerse el adepto. En ciertos monasterios, las imágenes del Maestro de utilizan para alimentar el fuego; las escrituras sagradas se destinan a fines innobles (...)

(...) Para provocar el satori el método más común es el empleo del Koan, que consiste en una pregunta cuya respuesta no corresponde a las leyes lógicas."

En "El Pabellón de Oro", Mishima expone este famoso Koan (como no consigo encontrarlo en el libro, lo tomo de aquí):

"En el monasterio de Nansen, en una ocasión, los monjes del Pabellón Oriental disputaron con los del Pabellón Occidental por la posesión de un gato. El maestro detuvo el tumulto al atrapar al animal. Alzó luego al pequeño felino frente a los monjes. Entonces, anunció: "Si alguien puede decir algo que salve al pobre animal, lo dejaré ir". Nadie expresó ninguna afirmación que pudiera salvar a la desdichada criatura. Entonces, el maestro partió en dos a su prisionero. Luego, llegó el maestro Joshu. Nansen le comentó los hechos y le preguntó qué hubiera dicho para salvar al pequeño y frágil pariente del tigre. Joshu se despojó de sus sandalias y las colocó sobre su cabeza. Nansen comprendió, y aseguró: "Si en este momento hubieses estado aquí, habrías salvado al gato."

¿Somos capaces de superar la inercia de milenios y suprimir, aun por un mero instante, el rígido esquema lógico que utilizamos para interpretar la realidad?