Mostrando entradas con la etiqueta literatura. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta literatura. Mostrar todas las entradas

viernes, febrero 15, 2008

Amor

"Amor, creo necesario nombrarte, más exactamente pronunciar tu definición, tu cometido, puesto que de ti ignoro nombre y existencia. Así pues, yo te nombro: un dedo fónico te señala en el centro de la noche. No rememoro tiempos en que no fuera de noche, de manera que no he tenido jamás forma distinta para señalarte que no fuera este distraído y atento juego de una mano que no diviso. Esto, a ti que no puedes escuchar, quisiera decirte: tengo que marcharme, al punto, en esta noche que en todo instante está igualmente lejos del alba y del ocaso; camino y hablo quedamente, rechina bajo mis pasos la madera del pórtico, escucho el fragor del bosque. Bajo la luminiscencia de nubes bajas, de nieblas, intento escribir una carta que no irá a parar a ti jamás. Sé que tú duermes en algún lugar de la enorme casa; y escucho cómo la casa, gimiendo, rechinando, continuamente crece, se acrecienta de pináculos, brotan balcones, se disparan cúpulas, los aposentos paren aposentos, pasillos, nuevos aposentos. Tú, durmiente, eres conducida ignara de aposento en aposento, y con un suspiro leve y profundo caes en lechos cada vez más imposibles de localizar. A quien te conduce, sin desfigurar la delicada piel de tus sueños, le eres cara, te ama, si bien su forma sea estrafalaria e inquietante; y a semejantes servidores tuyos dejaré yo esta carta, arrojada al pórtico, confiando en que la divisen, y te la entreguen. Oigo esos pasos suyos por los inestables pavimentos de la casa que crece; y si bien jamás haya llegado a verlos, jamás haya partido el pan con ellos –tan respetuosos y discretos–, jamás haya jugado a los dados en la noche, con ociosa y cómplice paciencia, yo creo conocerlos, a esos peludos perros de grandes botas, con manos ágiles de gatos, a las serviciales serpientes; pero esto también sé yo, que ni siquiera ellos saben a qué aposento has sido destinada, y su cometido únicamente es el de vigilar tu reposo, el de proteger tus sueños, amortiguar tu propio aliento contra los visillos, y eso hacen yaciendo al azar en un pasillo, recorriendo una galería, una balconada, fingiendo haber oído llamadas, tu voz, en verdad sólo para confirmar su mansa y obstinada obediencia; ya que, aunque tú, en la amargura de un sueño repentinamente intolerable, pretendieras llamarme, llamarlos, llamar, nadie intentaría ni tan siquiera recorrer el laberinto que te excluye y te defiende."

Giorgio Manganelli, Amore (Ed. Siruela).

Se puede leer un extracto del libro aquí.

miércoles, febrero 06, 2008

Más de un millón de ejemplares vendidos

1) Siempre me ha llamado la atención esa costumbre de poner en la portada de un libro o de un disco un aviso del estilo "más de x miles / millones de ejemplares vendidos". Es curiosa la lógica que subyace a esta estrategia comercial: si a miles, millones de personas les ha gustado esta obra, ¿cómo no le va a gustar a usted? Lo entendería si se tratara de vender una almohada, o una batería de cocina: en estos casos, un elevado número de compradores avala sin duda la calidad del producto; pero cuando se trata de algo tan personal como el gusto literario o musical, ¿qué sentido tiene apelar a razones cuantitativas? Lo curioso del asunto es que funciona: miles, millones de personas se lanzan a comprar ese libro o ese disco por el mero hecho de que miles, millones de personas ya lo han adquirido. Un simple acto de consumo se convierte en un medio de integración social, un mecanismo para sentirse aceptado en la masa.

2) En su expresión más noble, la literatura y la música nacen del individualismo absoluto, de la subjetividad más pura. Cuando, a través de la lectura o de la audición, la subjetividad del creador y la del receptor entran en contacto, se produce uno de los actos de comunicación más profundos y sinceros que se puedan dar. Esa y no otra es la magia que encierran estas formas de arte. El best-seller o el superventas subvierten esta magia, este acto de comunicación íntima: el autor renuncia voluntariamente a su propia subjetividad con objeto de alcanzar a una amplia masa, por definición impersonal e indiferenciada, de consumidores; el individuo receptor acepta diluir su subjetividad en la masa, renuncia a la posibilidad de explorar con cierta profundidad su propia personalidad y de elegir en consecuencia aquello que le pueda satisfacer, con tal de sentirse integrado en un amplio grupo social. Se produce entonces, a través de la lectura o de la audición, algo parecido a la comunicación, pero el sujeto ha desaparecido del juego: no existen en realidad emisor ni receptor, el mensaje es pura superficialidad: la nada se comunica con la nada a través de un artefacto (formalmente literario o musical) que no es sino la expresión absoluta del vacío.

3) El anterior razonamiento es atractivo, aunque notoriamente falaz. Incluso en el peor de los productos de éxito, el creador habrá volcado algo, por mínimo que sea, de su subjetividad, y el receptor siempre encontrará algún placer íntimo, todo lo banal que se quiera, en la lectura o la audición de la obra. No existe un best-seller o un superventas que sea una impostura absoluta. Si se consiguiera algo semejante, sería sin duda un fenómeno literario o musical de enorme interés.

4) Una cita de Auden, tomada de su ensayo "Leer" (incluido en el volumen "Los señores del límite"): "Suele ocurrir que gente que no debería incurrir en estos errores suele preguntar a un escritor o, al menos, a un poeta: "¿Para quién escribe usted?". Se trata, desde luego, de una pregunta necia, a la que sin embargo puedo dar una respuesta igualmente necia. De vez en cuando me topo con un libro que parece haber sido escrito especialmente para mí. Como un amante celoso, no quiero que nadie más sepa que existe. Tener un millón de estos lectores, ignorantes todos de la existencia de sus semejantes, ser leído con pasión y que nadie quiera confesarlo, es sin duda la ensoñación favorita del cualquier escritor."

domingo, febrero 03, 2008

Ecuaciones

¿Y si la literatura no fuera más que otra forma de ecuación? Imaginemos a un personaje, de nombre Orestes, o Cosimo, u Oliveira, o X; que ama a Ginebra, o a Caitilin, o quizá a Antinoo: digamos que ama a Y; la acción transcurre en Orense, Chicago, Gondor, Heian Kyo: Z. Los hechos contenidos en el relato sólo tienen un fin: ayudar al lector a desentrañar el misterio que se esconde tras esos nombres: despejar esas incógnitas, calcular su valor. Los nombres, al fin y al cabo, no son más que un mero convencionalismo; el hecho de sustituirlos por simples letras, como en un problema matemático, no varía un ápice su sentido, y en cambio deja ver con claridad su naturaleza indefinida. El objetivo de la lectura es desentrañar aquello que no tiene un nombre propio, que escapa a las ataduras del significante. Esto es así incluso en el caso de los lugares con una existencia real: una vez integrado en un relato, cualquier ciudad, país, paisaje se convierte en ficción y sólo existe en ese plano etéreo que se extiende entre la mente del escritor y la del lector. Todo lo que se sitúa en esta dimensión literaria es un interrogante, parte de una ecuación que debe ser resuelta a través de los datos que aporta la propia narración.


¿Cuál es el objetivo del autor cuando escribe un relato, una ecuación? Hay dos respuestas posibles, en función de si el escritor conoce o no de antemano el resultado del problema. En el primer caso, la finalidad de la narración es simplemente comunicar: incitar al lector a descubrir una verdad, una idea, una emoción que por su naturaleza etérea o difusa no puede ser transmitida sino a través del juego de las incógnitas. En el segundo caso, el autor utiliza la literatura como medio de conocimiento: percibe el problema, desea hallar su solución, y no encuentra otra manera de resolverlo que escribiendo. Esta última posibilidad es infinitamente más interesante como punto de partida para la creación.

¿Es siempre posible encontrar la solución de una ecuación literaria? Hay obras decepcionantes por la facilidad con que calculamos el resultado: los personajes planos, los escenarios acartonados, las ideas manoseadas desvelan su misterio a las pocas páginas: no es necesario seguir leyendo pues ya conocemos de sobra el valor de las incógnitas. Otras obras, en cambio, son imposibles de desentrañar en su totalidad, no admiten una única solución, o bien el resultado es algo indeterminado: Ginebra o Caitlin o Y equivalen al infinito; Orestes o Cosimo o X se confunden con el vacío, la nada, el cero. Es posible que la verdadera literatura sólo responda a esta segunda posibilidad.

jueves, enero 03, 2008

Ninguno desde entonces

"La fe que otros ponen en lo que no se ve, yo la pongo en lo que se puede tocar y mirar. Mis dioses moran en templos hechos con manos, y dentro del círculo de la experiencia real se perfecciona y completa mi credo: acaso se complete demasiado, porque como todos los que han puesto su Cielo en esta tierra, he hallado en él no sólo la hermosura del Cielo, sino también el horror del Infierno. Cuando pienso en la Religión, pienso que me gustaría crear una orden para los que no creen: la Cofradía de los Huérfanos se podría llamar, y allí, en un altar sin ninguna vela encendida, un sacerdote, en cuyo corazón la paz no tuviera asilo, podría celebrar con pan sin bendecir y un cáliz vacío de vino. Todo para ser verdad ha de hacerse religión. Y el agnosticismo ha de tener su ritual lo mismo que la fe. Ha sembrado sus mártires, debería cosechar sus santos, y alabar a Dios todos los días por haberse ocultado a los ojos de los hombres. Pero, ya sea fe o agnosticismo, no puede ser nada exterior a mí. Sus símbolos los tengo que crear yo. Sólo es espiritual lo que hace su propia forma. Si no encuentro su secreto dentro de mí, nunca lo encontraré. Si no lo tengo ya, no vendrá a mi jamás."

En las amargas páginas de De Profundis, Oscar Wilde nos dejó algunas de las más bellas palabras que se han escrito sobre religión. Veo en ellas una invitación a celebrar la vida como el más sagrado de los rituales: un ritual ajeno a dogmatismos, imposiciones o miedos irracionales. En estos últimos días se han vertido ríos de tinta sobre la iglesia, y con razón. Iba a escribir algo sobre el tema, pero luego he pensado que no era realmente necesario. Que no iba a convencer a nadie. Que tener que tratar ciertas cuestiones a estas alturas es algo que mueve más a la pereza que a la indignación. Mejor sigo citando a Wilde:

"¡Hay algo tan único en Cristo! Claro está que, así como hay falsos amaneceres antes del amanecer, y días de invierno tan llenos de súbito sol que engañan al sabio croco y le hacen malbaratar su oro antes de tiempo, y hacen que algún pájaro tonto llame a su compañera para construir en ramas peladas, así también hubo cristianos antes de Cristo. Eso lo deberíamos agradecer. Lo desdichado es que no haya habido ninguno desde entonces."

jueves, diciembre 27, 2007

Goma arábiga y tinta china

1) Papá Noel me trajo un precioso libro en blanco, encuadernado a mano. Tengo guardado por ahí algún que otro cuaderno en blanco, comprado o preparado cuidadosamente por algún ser querido. Siempre me da miedo estropear estos cuadernos con escritos inútiles o dibujos fallidos. Este temor puede derivar, al menos en parte, del abuso del ordenador: uno se acostumbra a modificar, borrar, cortar, pegar, corregir los textos o las imágenes a golpe de ratón, hasta que adquieren más o menos la forma deseada. Sobre el papel, cada palabra, cada trazo, cada acto es definitivo. Hay algo de vértigo en esa idea. En esto, escribir en un cuaderno se parece a la vida.

En el fondo, el miedo al papel es una consecuencia directa de mi inseguridad. Una vez comencé a escribir en uno de estos cuadernos. Cada vez que revisaba un texto y llegaba a la conclusión de que no era lo suficientemente valioso, arrancaba las hojas. Al cabo de un tiempo me di cuenta de que al cuaderno sólo le quedaban un puñado de páginas. Las que tenían algo escrito sólo estaban esperando una futura e inclemente revisión; un poco más tarde, inevitablemente, las páginas todavía en blanco correrían la misma suerte.

El cuaderno es, como apuntaba, una metáfora de la vida. Una metáfora algo tonta, o cursi, quizá demasiado fácil; pero aún así efectiva. Podría eliminar de mi vida aquellos días que no considero perfectos, arrancar el recuerdo de mis actos como si fueran hojas. Si soy excesivamente severo, al final me quedaría tan solo con las tapas del cuaderno. La vida es necesariamente imperfecta, sucia, llena de borrones, tachones. Uno va aprendiendo a valorar todas esas incorrecciones como la materia prima que da forma a nuestras horas. El error (su acumulación) es necesario para que, de vez en cuando, surja un destello de perfección. No es un secreto el hecho de que, a menudo, un error fortuito encierra una mayor belleza, una mayor felicidad, que la más perfecta ejecución de una idea. La propia noción de lo perfecto comienza a parecerme algo sospechosa.

Digo todo esto para justificarme o para animarme: voy a empezar a utilizar los cuadernos, y no voy a arrancar las páginas. A uno le gustaría que la metáfora funcionase también de forma inversa: que cambiar la actitud ante la hoja de papel significase cambiar la actitud ante la vida. Las navidades son fechas propicias para imaginar grandes cambios y hacer promesas absurdas; por tanto, será mejor no dejarse llevar en exceso por lo simbólico, y centrarse en lo inmediato: tengo los lápices, los rotuladores, y he comprado un bote de goma arábiga... Estoy listo para mancharme.

2) La goma arábiga es para hacer collages. Recortar y pegar, como en el colegio. A veces encuentro por ahí imágenes o cosas que me atraen y que me apetecería conservar, o darles un nuevo sentido. Me gusta, por ejemplo, el cuaderno de Camilla Engman:



3) Recuerdo que en mi casa, cuando era pequeño, había goma arábiga y tinta china. Las utilizaban mis hermanos. Hay algo realmente magnífico en esos nombres: el propio acto de dibujar o de pegar adquiere connotaciones de viaje a lugares remotos.

Creo que voy a comprar un bote de tinta china. Quizá pueda adoptar a un mono de la tinta:

"Este animal abunda en las regiones del norte y tiene cuatro o cinco pulgadas de largo; está dotado de un instinto curioso; los ojos son como cornalinas, y el pelo es negro azabache, sedoso y flexible, suave como una almohada. Es muy aficionado a la tinta china, y cuando las personas escriben, se sienta con una mano sobre la otra y las piernas cruzadas esperando a que hayan concluído y se bebe el sobrante de tinta. Después vuelve a sentarse en cuclillas, y se queda tranquilo."

(Wang Ta-Hai, 1791; tomado de "El libro de los seres imaginarios" de Borges y Margarita Guerrero)

miércoles, diciembre 12, 2007

Indeterminacy

Vía Pitchfork, reencuentro una magnífica página web dedicada a John Cage: Indeterminacy. La descubrí hace tiempo, me fascinó, y luego la olvidé. Podría haberla guardado en la carpeta de favoritos, pero probablemente su destino hubiera sido el mismo: casi nunca reviso los favoritos; cuando se acumulan demasiados, borro la lista.

Eddie Kohler, responsable de Indeterminacy, explica el contenido de la página:

"John Cage was an American composer, Zen buddhist, and mushroom eater. He was also a writer: this site is about his paragraph-long stories – anecdotes, thoughts, and jokes. As a lecture, or as an accompaniment to a Merce Cunningham dance, he would read them aloud, speaking quickly or slowly as the stories required so that one story was read per minute.

This site archives 190 of those stories. Each story is spaced out, as if it were being read aloud, to fill a fixed area. If you like, you can also read them aloud at a rate of one a minute."


Un ejemplo:

A young man in Japan arranged his circumstances
so that he was able to travel to a distant island
to study Zen with a certain Master for a
three-year period. At the end of the three
years, feeling no sense of accomplishment,
he presented himself to the Master and
announced his departure. The Master said,
“You’ve been here three years. Why don’t
you stay three months more?” The student agreed,
but at the end of the three months he still
felt that he had made no advance. When he
told the Master again that he was leaving,
the Master said, “Look now, you’ve been here
three years and three months. Stay
three weeks longer.” The student did, but
with no success. When he told the Master
that absolutely nothing had happened, the
Master said, “You’ve been here three years,
three months, and three weeks. Stay
three more days, and if, at
the end of that time, you have not
attained enlightenment, commit
suicide.” Towards the end of the
second day, the student was enlightened.

En su conjunto, las historias forman un curioso collage de filosofía zen, teoría musical, micología, anécdotas y recuerdos, todo ello regado con el sentido del humor y la vitalidad desbordante de Cage. Su lectura no sólo nos permite conocer la atractiva personalidad de uno de los compositores más influyentes del siglo XX, también nos ayuda a interpretar y entender su obra musical. La página está diseñada de tal forma que las historias se muestran aleatoriamente (no podía ser de otra forma); pulsar el botón para que aparezca la siguiente historia se puede convertir en una tentación difícilmente evitable, casi una adicción.

martes, noviembre 20, 2007

Del papel al bit, del bit al papel

Ya no es noticia que Amazon haya sacado al mercado un lector de e-books: para cuando alguien lea este post, este hecho estará sepultado por una o dos toneladas de información más reciente. Pero a mí, en realidad, poco me interesa la actualidad del asunto; ni siquiera me llama la atención el nuevo cachivache. Simplemente voy a aprovechar la coyuntura para darle otra vuelta de tuerca al asunto del futuro del libro (quizá a estas alturas deberíamos hablar más bien del presente del libro), y de paso poner unos cuantos enlaces pendientes que tenía medio olvidados.

¿Por dónde empezar? Cabe preguntarse en primer lugar cuál es el sentido de diseñar un trasto para leer libros, cuando el formato tradicional parece gozar de plena salud, y más aún, cuando las supuestas ventajas que pueda ofrecer la tecnología (es más ecológico, puedes descargar inmediatamente una obra allí donde estés) difícilmente compensan el notable desembolso que debe hacer el usuario. Una aclaración necesaria: yo no puedo dar una opinión totalmente objetiva sobre este asunto: me gusta el libro como objeto, no sólo como medio para transmitir información, y pienso que una pantalla nunca podrá igualar las sensaciones (visuales, táctiles, incluso olfativas) que proporciona una cuidada edición en papel: sensaciones que complementan y amplifican maravillosamente el mismo placer de la lectura. Lo que sí puedo hacer es intentar asumir una postura más fría, y analizar la sustitución tecnológica del papel impreso desde un punto de vista estrictamente utilitario. Para ello, partiré de mi propia experiencia laboral. En mi rutina diaria, me veo obligado a manejar multitud de informes, documentos y artículos científicos a los que accedo a través de internet. Soy el primero en reconocer la increíble ventaja que nos proporciona la tecnología para obtener de forma inmediata toneladas de información que antes estaba fuera de nuestro alcance (a menudo me pregunto cómo podía trabajar o investigar la gente antes de toda esta revolución de las redes). Pero una vez que llega el momento de trabajar con los documentos cosechados y, sobre todo, después de haber seleccionado los textos que realmente hay que analizar a fondo... entonces llega el turno de la impresora, de la grapadora y de los lápices. Uno imprime los documentos en cuestión; y luego los subraya, a veces con varios colores, y hace anotaciones en los márgenes y esquemas en el reverso, coloca señaladores adhesivos, dibuja inmisericordes exclamaciones o interrogaciones sobre el texto: en definitiva, un servidor tortura el documento en papel hasta que extrae de él hasta el último dato relevante, y luego lo guarda, coloreado, exhausto y malherido, en el archivador, por si hubiera que repetir el procedimiento en un futuro. No soy el único que actúa así: veo que mis compañeros mantienen la misma dinámica de trabajo. La conclusión a la que llego es la siguiente: tanto si se trata de la lectura por placer como de la lectura por motivos de trabajo, leer conlleva un proceso físico, indisociable del proceso intelectual, y en este sentido, las cualidades físicas que aporta el papel no son superadas, por el momento, por ningún formato digital.

Avancemos algo más en nuestra reflexión sobre las relaciones entre mensaje y formato. A menudo se establece una dicotomía entre la eficiencia y frialdad asociada a los nuevos medios de transmisión de información, y la componente estética, sensual e incluso sentimental que parece indisociable del aparentemente menos funcional soporte físico del libro. Pero la realidad no es tan simple. Cualquiera que haya navegado lo suficiente por la blogosfera habrá descubierto que la red siente una particular fascinación por los libros, sobre todo por las ediciones ilustradas, los volúmenes antiguos o los libros de artista; es decir, por aquellas obras donde la forma importa al menos tanto como el contenido. Algunos de los más exquisitos blogs de toda la red están dedicados exclusivamente a esta temática; baste citar los insignes Bibliodissey y Giornale Nuovo (cuya aventura acabó, tristemente, hace poco), o el magnífico Books by its cover; otros muchos blogs, entre los cuales se encuentra este que el lector tiene ante sus ojos, publican con cierta frecuencia posts dedicados a libros curiosos o antiguos. Pongamos un ejemplo práctico de esta tendencia: ¿cómo, si no es a través de la red, podríamos tener acceso hoy en día a una obra tan rara y fascinante como "The Snauters: Form and Life of the Rhinogrades", publicado en los años cuarenta por el inexistente naturalista alemán Harald Stümpke (en realidad, un profesor de zoología llamado Gerolf Steiner)?


Hemos de agradecer a Curious Expeditions la información que proporciona sobre esta pequeña obra maestra de la pseudociencia, y al autor de Forbidden Music el haberse tomado el tiempo necesario para escanear y subir varias páginas de la misma a su cuenta de Flickr. Es, como decimos, sólo un ejemplo de cómo la pantalla, por fría que sea, es a veces el único medio que nos permite gozar de ciertos placeres bibliófilos, difícilmente accesibles de otra forma.

Los libros, por tanto, a veces se transforman en posts. Pero más curioso es, si cabe, cuando ocurre el proceso opuesto: y es que a veces los posts acaban dando lugar a un libro. Si el libro salta al formato digital para salir del olvido de las estanterías y las vitrinas, el blog se vierte al formato físico para evitar que su contenido se pierda para siempre en la incesante y voraz marea de la red. Porque el ritmo que impone la blogosfera es el de la novedad continua, aun a costa de que multitud de artículos y reflexiones valiosas caigan en el olvido casi inmediatamente después de salir a la luz. Como dijo alguien, un blog es una conversación, y como en una conversación, las palabras se las lleva el viento... o en su caso una avalancha de feeds. La cuestión es que los seres humanos tenemos una cierta necesidad de que lo que hacemos perdure en el tiempo, quizá para paliar la dolorosa fugacidad de nuestra existencia, y puestos a dejar una huella en el mundo, nada mejor que recurrir al viejo recurso del libro. Un buen ejemplo de esto es el libro de BLDGBLOG, cuya aparición está prevista para 2009; sería una pena que tantas y tan interesantes reflexiones sobre la arquitectura, el paisaje y la ciudad (y sobre muchas otras cosas) se perdieran en el inmenso océano de la red...


Para terminar de rizar el rizo, un último apunte: otro blog que ha decidido dar el salto al formato impreso es el ya mencionado Bibliodissey. ¿No es magnífico que un blog dedicado a la recopilación de ilustraciones, grabados y manuscritos digitalizados y dispersos por la red (y en su mayoría difícilmente accesibles si no es a través de internet), acabe convertido finalmente en libro? En este caso, este paso supone cerrar un círculo maravilloso: del papel al bit, y del bit al papel. Antes que matar al libro, internet parece mantener con él una curiosa y fructífera simbiosis...


¿Alguien se atreve a afirmar todavía que el libro está a punto de morir?

miércoles, octubre 17, 2007

Sobre Schulz

1) Recordar es buscar una forma para los fantasmas que pueblan nuestra memoria: dotarlos de un cuerpo, un rostro, una voz, un olor. Las palabras son peligrosas aliadas en esta tarea. Mientras más detallados, más precisos sean nuestros intentos de describir fielmente esos rostros y esos cuerpos y esas voces, más lejos estaremos de retener esa maraña de sombras huidizas: hasta el punto de que un recuerdo puede desvanecerse para siempre si intentamos encerrarlo en una forma que, a pesar de su aparente certeza, no es la que en esencia le corresponde. Sólo un uso poético de la palabra puede acercarnos a esta materia difusa y escurridiza, imposible de aprehender de otra manera. A menudo, la única vía para captar la esencia de la realidad es desentenderse de las normas y las ataduras que impone la propia racionalidad; es decir, desentenderse de la lógica del lenguaje cotidiano. La esencia de los recuerdos escapa siempre a nuestro raciocinio, pues se ubica en el territorio del ensueño y de la intuición; para llegar allí, y mirar (simplemente mirar), hemos de usar el lenguaje del sueño, o de la fiebre.


2) Es difícil escribir algo mínimamente valioso sobre Bruno Schulz. Difícil porque en el fondo es innecesario, si no directamente imposible: a Schulz sólo cabe leerlo. Sus relatos gozan de ese estado de ensueño, de fiebre, que permite asomarnos más allá de la realidad cotidiana y captar ese algo más. Es inútil explicar las metáforas contenidas en su obra, pues no son metáforas: son imágenes puras, estampas alucinadas de un espacio interior, de unos recuerdos oscurecidos por el tiempo y que no podrían ser recuperados de otra forma. Hemos de respetar a Schulz cuando dice:

"Yo creo que cuando se quiere racionalizar la visión de las cosas que encierra una obra de arte se desenmascara a los actores, se pone fin al juego, se empobrece la obra. No es que el arte sea un logogrifo con clave y la filosofía el mismo logogrifo que habría encontrado la respuesta. La diferencia es más profunda. En una obra de arte, el cordón umbilical que la conecta con el conjunto de nuestros problemas no está aún cortado, la sangre del misterio circula aún por él, los vasos sanguíneos sumergen sus extremidades en la noche ambiente y retornan colmados de un líquido oscuro. En una interpretación filosófica no queda más que un esquema aislado del conjunto."

3) Tin Hat se han inspirado en la obra de Schulz para componer su último disco, The Sad Machinery of Spring. La música de Tin Hat es melancólica, apacible, evocadora... pero también compleja, fragmentada, poblada de rendijas que se abren a la improvisación y a lo inesperado. Pequeñas fracturas que, asomándose a través de la belleza más o menos convencional de las composiciones, dejan entrever otra belleza, más extraña, más pura, más real. Creo que no podría exisir un mejor acompañamiento musical a la obra de Schulz.



4) Mis ejemplares de "Las tiendas de canela fina" y "El sanatorio de la clepsidra" se encuentran a unos cuantos miles de kilómetros de distancia de donde me hallo. Dejaré pasar por tanto el impulso inicial de poner alguna cita textual (ya habrá otras ocasiones y otras excusas para volver a Schulz), y me limitaré a recopilar un par de enlaces: una breve selección de textos y dibujos del escritor; y una magnífica entrada del Giornale Nuovo. Navegando a partir de ahí, el lector curioso podrá encontrar, sin duda, más de lo que espera.

jueves, octubre 11, 2007

Geografías

1) Por motivos que no vienen al caso, me veo obligado a pasar el otoño en Holanda, en un pequeño pueblo perdido entre la monotonía del paisaje y la monotonía del clima. Por motivos que no vienen al caso, preferiría no estar aquí. La consecuencia de los dos hechos anteriores es ésta: que el tiempo se ablanda, se expande en una masa informe y viscosa que lo impregna todo y que le añade a todo una gravidez y una textura distintas, peso excesivo, formas desdibujadas. A pesar de todo, es una situación que no deja de tener un cierto interés. En algunos momentos me parece estar librando una batalla absurda contra el tiempo, intentando rellenar infructuosamente el hueco de las horas con algo más que trabajo y pereza, nadando en un lodazal de minutos y días.


2) Tras cerca de tres meses sin conexión a internet, vuelvo a reencontrarme con la vieja rutina de los blogs. Ahora que estoy en un entorno extraño, el hecho de volver a recorrer a diario ciertas webs me provoca una sensación parecida a la de regresar al hogar. No es una exageración. La geografía virtual se superpone cada vez más a la geografía real para configurar nuestro espacio de la cotidianeidad. A diferencia de tantos y tantos espacios físicos por los que me veo obligado a pasar (aeropuertos; estaciones de tren, de autobús, de metro; centros comerciales, supermercados; entornos urbanos impersonales, vacíos, fallidos), muchos blogs y webs constituyen verdaderos lugares, rebosantes de vida, de ideas, de intercambios, de calor y de pasión.

Mumford dijo: "Acaso la mejor definición de la ciudad, en sus aspectos más elevados, consiste en decir que es un lugar destinado a ofrecer las mayores facilidades para la conversación significativa". Hemos de reconocer que la ciudad ha perdido en gran medida su capacidad para ejercer esta función, llenándose de no-lugares. O quizá lo que ocurre es que debemos cambiar nuestra noción de lo que es urbano: la ciudad ha dejado de ser un hecho exclusivamente físico para fundirse con lo virtual. Apuntemos aquí la necesidad de profundizar en nuestro conocimiento de estas nuevas geografías inmateriales, geografías de la información pero también de la comunicación y del afecto.

3) Geografías virtuales y geografías imaginarias. En una de mis recientes escapadas a París, pasé por la Librería Española (ahora en la calle Littré, número 7) y compré dos libros: "El libro de los seres imaginarios" de Borges, y la "Breve guía de lugares imaginarios", de Alberto Manguel y Gianni Guadalupi. Busco en la literatura los lugares que no encuentro en mi entorno real. En la "Breve guía..." encuentro, por ejemplo, el País de los Encajes, descrito por Alfred Jarry (Gestes et Opinions du Docteur Faustroll, Pataphysicien. Roman Néo-Scientifique, París, 1911):

"Reino insular situado a unas seis horas de la Isla de Her. A medida que el viajero se va acercando a la isla, aparece ante sus ojos una región de una luz deslumbrante recortada contra las sombras. Dicen que el violento y repentino contraste es tan fuerte como el que provocó el nacimiento de la luz el primer día de la Creación.

El rey de los Encajes devana esta luz brillante y teje cuadros de vírgenes, joyas, pavos reales y figuras humanas que se entrelazan como en las danzas de las jóvenes del Rin. Motivos nítidos se dibujan contra la oscuridad absoluta del aire como las formas que en las ventanas pinta la escarcha, para desaparecer luego entre las sombras."
(He estado paseando a orillas del Rin. La luz era mortecina, y no había ni rastro de las muchachas danzantes... He vuelto a casa y me he sumergido de nuevo en las páginas del libro...)

sábado, junio 23, 2007

La ciudad de los inmortales

La novedad prima sobre cualquier otra cualidad en la blogosfera. Este post, por diversas razones, nace viejo y casi moribundo: recoge algo aparecido en BLDGBLOG hace la friolera de cinco días. Una eternidad en el mundo 2.0. Pero no querría dejarlo pasar:

1) Michelle Lord recrea en su proyecto "City of the Inmortals" la milenaria y secreta ciudad que Marco Flaminio Rufo, tribuno militar de Roma y protagonista del relato de Jorge Luis Borges "El inmortal", encuentra en su periplo a través del desierto.

Borges: "Emergí a una suerte de plazoleta; mejor dicho, de patio. Lo rodeaba un solo edificio de forma irregular y altura variable; a ese edificio heterogéneo pertenecían las diversas cúpulas y columnas. Antes que ningún otro rasgo de ese monumento increíble, me suspendió lo antiquísimo de su fábrica. Sentí que era anterior a los hombres, anterior a la Tierra. Esa notoria antigüedad (aunque terrible de algún modo para los ojos) me pareció adecuada al trabajo de obreros inmortales. Cautelosamente al principio, con indiferencia después, con desesperación al fin, erré por escaleras y pavimentos del inextricable palacio. (Después averigüé que eran inconstantes la extensión y la altura de los peldaños, hecho que me hizo comprender la singular fatiga que me infundieron.) Este palacio es fábrica de los dioses, pensé primeramente. Exploré los inhabitados recintos y corregí: Los dioses que lo edificaron han muerto. Noté sus peculiaridades y dije: Los dioses que lo edificaron estaban locos. Lo dije, bien lo sé, con una incomprensible reprobación, que era casi un remordimiento, con más horror intelectual que miedo sensible."


"A la impresión de enorme antigüedad se agregaron otras: la de lo interminable, la de lo atroz, la de los complejamente insensato. Yo había cruzado un laberinto, pero la nítida Ciudad de los Inmortales me atemorizó y repugnó. Un laberinto es una casa labrada para confundir a los hombres; su arquitectura, pródiga en simetrías, está subordinada a ese fin. En el palacio que imperfectamente exploré, la arquitectura carecía de fin. Abundaban el corredor sin salida, la alta ventana inalcanzable, la aparatosa puerta que daba a una celda o a un pozo, las increíbles escaleras inversas, con los peldaños y balaustrada hacia abajo. Otras, adheridas aéreamente al costado de un muro monumental, morían sin llegar a ninguna parte, al cabo de dos o tres giros,en la tiniebla superior de las cúpulas. Ignoro si todos los ejemplos que he enumerado son literales; sé que durante muchos años infestaron mis pesadillas; no puedo saber ya si tal o cual rasgo es una transcripción de la realidad o de las formas que desatinaron mis noches. Esta Ciudad (pensé) es tan horrible que su mera existencia y perduración, aunque en el centro de un desierto secreto, contamina el pasado y el porvenir y de algún modo compromete a los astros. Mientras perdure, nadie en el mundo podrá ser valeroso o feliz. No quiero describirla; un caos de palabras heterogéneas, un cuerpo de tigre o de toro, en el que pulularan monstruosamente, conjugados y odiándose, dientes, órganos y cabezas, pueden (tal vez) ser imágenes aproximativas."


(El extracto del relato está tomado de aquí)

2) ¿Tiene sentido dar forma material a una especulación literaria, a una creación fantástica que pertenece más al plano de la metáfora o del sueño que al de la arquitectura? ¿No anula esta representación las infinitas posibilidades que las palabras de Borges pueden provocar en la imaginación, reduciéndolas a una única y necesariamente insuficiente interpretación? No hay que ser tan negativo: la recreación se ha realizado aquí con cuidado y sensibilidad, las imágenes son muy sugerentes. Disfruto viéndolas. Es tan sólo una de las miles de visiones posibles de la terrible ciudad de los inmortales. Aunque, como no podía ser de otra manera, no es mi ciudad de los inmortales.


3) Al ver la obra de Michelle Lord, me vienen a la mente al instante las "Ciudades Invisibles". ¿Sería capaz la artista de hacer algo semejante con la obra de Calvino? Vierto con mi inglés torpe este pensamiento en los comentarios de BLDGBLOG. Al poco me sorprende la respuesta de la propia Michelle: 'Invisible Cities' is a future project I'm currently envisaging...can't wait to explore this text in plastic dimensions, in particular Thin Cities. Pequeños detalles como éste son los que hacen a uno adorar la blogosfera.

4) Una anotación rápida sobre la inmortalidad y sus efectos secundarios: para Borges, la vida eterna anula la individualidad del ser humano: en un plazo de tiempo suficientemente extenso, una persona habrá experimentado todas las posibilidades, asumido todos los roles. Un hombre será necesariamente todos los hombres. La personalidad es un mero accidente; un atributo circunstancial que se diluye con el tiempo. Traslademos esta idea al ente infinito por excelencia, Dios. ¿Puede un ser que no tiene ni principio ni fin, que siempre ha existido, adoptar una identidad concreta? ¿Le cabe otra opción que no sea asumir todas las posibilidades, diluirse en su propia creación? Dios sería todos los hombres, pero también todos los animales, las plantas, las piedras, las motas de polvo. El fuego y el árbol. Esta manzana a la que estoy a punto de hincarle el diente.

Books by its cover

Vuelvo (brevemente) al tema del valor del libro como objeto, más allá de su función como medio. Books by its cover es el blog de la ilustradora y diseñadora Julia Rothman; su objetivo: recopilar todos aquellos libros bonitos que llaman su atención, sobre todo en el ámbito de la ilustración, el diseño, el comic y la literatura infantil. El resultado: un buen recurso para descubrir libros originales y, para los que a veces nos sentimos tentados a escribir/diseñar/publicar algo (aun en plan casero), una inestimable fuente de inspiración (y de envidia). Ejemplos de lo que se puede encontrar:

Prince Silencio, Anne Herbauts


Big Questions, Anders Nilsen


Olle Eksel, PIE Books

lunes, junio 04, 2007

Colección de aire (I): de la desaparición de la bella dama Egeria

¿Existe un destino más formidable que desaparecer entre las páginas de un libro? Tal fue lo que aconteció a la dama Egeria, amada del caballero bizantino Kosmas, si hemos de creer a Joan Perucho: pero cómo no creer una historia tan bella. Se podrá aducir que se trata en realidad de una metáfora; que hay muchas formas de ser atrapado, simbólicamente, por la literatura, o incluso por la lectura de un texto religioso como en el caso de Egeria. Qué duda cabe de que hay libros que absorben, que marcan, que transforman al lector. No obstante, no es esto lo que Perucho nos cuenta: la desaparición de la dama Egeria, si fuera metáfora, sería pura imagen: es inútil buscar un significado a la altura de esa ilusión, un sentido que no mate la poesía de esa eidola.

Así transcurre la historia: Kosmas conoce a la dama española Egeria en el transcurso de una de sus innumerables aventuras; la dama y el caballero se enamoran, pero la felicidad dura poco: pronto Egeria desaparece misteriosamente mientras lee la Didaché en su habitación, en compañía de una cigüeña mecánica amarilla y verde. Desesperado por la pérdida de la amada, Kosmas huye al desierto con objeto de cumplir penitencia. Allí se instala en lo alto de una columna; tiene como vecino a San Simeón el estilita, con quien mantiene eruditas conversaciones sobre teología; escribe varias vidas de santos; se alimenta de dátiles y agua de lluvia. Al cabo de dos años, Kosmas abandona el desierto y vuelve a la Península para reanudar la búsqueda de Egeria. Sus indagaciones no producen ningún fruto. El caballero se instala finalmente en Sevilla, donde se coloca como secretario de San Isidoro. En esta ciudad mantendrá un enfrentamiento con el diablo Arnulfo, del que saldrá victorioso con un admirable discurso sobre las virtudes teologales.

Kosmas vive después muchos años, sin envejecer; a pesar de ello, un día siente que ha llegado su hora. En el lecho de muerte, recibe un correo de Zaragoza: es un libro; el caballero ordena que lo abran: en el margen de una de las páginas encuentra a Egeria, bordando rosas azules en un bastidor; la dama le sonríe con lágrimas en los ojos; a sus pies, la cigüeña mecánica repite incansable “Kyrie eleison”.

“Kosmas besó el libro y luego, quedamente y en silencio, expiró”.


NOTA 1: Tomado del relato "La bella dama Egeria", de Joan Perucho.

NOTA 2: Más sobre desaparciones literarias, en Colección de aire: a modo de prólogo

lunes, mayo 28, 2007

Libros inagotables / Hilarotragoedia (I)

Hay libros inagotables, en cuanto que son puertas de acceso a otros mundos, a geografías literarias cuya verdadera dimensión se extiende más allá del espacio comprendido entre la primera y la última línea escrita, más allá de los hechos contenidos en el propio relato (si es que el relato, de existir, tiene alguna relevancia). Libros que con el tiempo nos invitan a retornar a sus páginas, a atravesar el portal que nos ofrece el lenguaje e internarnos de nuevo en el otro lado. Regresamos porque el texto nos acoge con la calidez de los lugares familiares; porque poco a poco se torna casi como un segundo hogar, un refugio íntimo del intelecto; pero también volvemos porque siempre cabe la posibilidad de seguir explorando, de descubrir, de sorprenderse; de admirar pasajes ya conocidos desde nuevas perspectivas; de comprobar, a través de la evolución de nuestra mirada de lector, cómo el tiempo nos va cambiando.

Mi "libro infinito" preferido es Las ciudades invisibles, de Italo Calvino; dentro de esta categoría, también incluiría entre mis predilecciones Walden, de H.D. Thoreau; el retorno a estas obras es siempre gratificante, siempre enriquecedor.

Acabo de leer la Hilarotragoedia de Giorgio Manganelli. Aunque está lejos de ser una obra acogedora (al menos, en el sentido convencional de la palabra), intuyo que no tardaré en incorporarla a mi colección de libros periódicamente revisitados. Las páginas de la Hilarotragoedia definen de forma sublime un universo intelectual único, de posibilidades ilimitadas: un inmenso y oscuro bosque literario, un laberinto de palabras sorprendentes e improbables, una prodigiosa máquina lingüística construida a base de socarronería, obscenidad y genialidad; una espiral descendente hacia lo más bajo del ser, lo ínfimo, lo no narrable; un libro que sólo puede acabar como acaba: asomado al abismo, dos puntos suspendidos sobre la nada.


"Los hombres viven una fácil vida agramatical y anacolútica; a mí se me ha impuesto la consciencia sintáctica. ¡De cuáles indulgencias dialectales están hechos tus días, lector! Pero yo soy un exigente purista. Mis horas siempre han estado declinadas según las leyes de una vejatoria y privilegiada morfología". (G. Manganelli, Hilarotragoedia. Ed. Siruela, 2006. La foto está tomada de aquí)

domingo, enero 28, 2007

Colección de aire: a modo de prólogo

Hace poco dediqué algunos posts a la función de la literatura y, más específicamente, del género fantástico como refugio, bálsamo o vía de escape de la realidad. Cité algunos párrafos de Cortázar, Cavino y Cunqueiro para mostrar una idea: la necesidad del ser humano de abandonar, aunque sea por unos momentos, las rígidas estructuras mentales que nos permiten deselvonvernos en un mundo real infinitamente complejo y cambiante, y dejarnos llevar a un mundo más libre (porque ofrece la posibilidad de romper la atadura de esas estructuras lógicas) y al mismo tiempo más acogedor (por ser un mundo lineal, finito, abarcable y comprensible en su totalidad): el mundo de los libros.

La metáfora que resume todo lo anterior es tan simple como poco original: mediante la lectura uno puede desaparecer por un rato, perderse entre las páginas, huir de la realidad. Desde hace un tiempo, me viene interesando la idea de dar un paso más allá, de superar esta imagen común para explorar otras posibilidades literarias de la desaparición. Intentaré explicarme. En el transcurso de mis lecturas (de mis evasiones) me he encontrado a menudo con personajes que desaparecen, se desvanecen, se esfuman, huyen de una forma u otra del pequeño mundo creado por la propia obra literaria, desafiando a menudo las leyes lógicas internas del relato, o demostrando que tales leyes, al contrario de lo que el lector podría imaginar en un principio, eran simplemente un espejismo. Me apetece jugar con esta idea de la desparación literaria.

Bajo el título de "Colección de aire" (que tomo prestado de Calvino y su "Colección de arena") pretendo recoger algunas de las desapariciones que he podido recopilar hasta el momento. Principalmente, lo hago con objeto de tener a mano todos estos casos y evitar que se acaben perdiendo en mi desordenada cabeza; no obstante, también tengo un cierto interés en enfrentar unas desapariciones con otras, y ver si del encuentro surgen nuevas ideas o se descubren conexiones, lazos, vínculos ocultos. Antes que todo esto quizá esté el simple impulso de coleccionar, primario e inevitable. De entrada cuento con una casuística cuanto menos diversa: pintores que huyen través de sus cuadros, damas que se evaden entre las páginas de viejos tomos, raptos feéricos, niñeras que se esfuman de improviso, señoras que se reducen hasta desaparecer por completo, filósofos cuya existencia se anula con un sólo acto intelectual, marinos que abandonan el relato por la puerta de atrás... Veremos por dónde va derivando la cosa.

NOTA 1: comencé esta serie tiempo atrás, en mi anterior blog. Por diversos motivos, sólo alcancé a escribir un capítulo, dedicado a Perucho y su relato sobre la Dama Egeria. Espero que la colección tenga esta vez, al menos, una cierta continuidad.

NOTA 2: la imagen de arriba muestra una obra de René Magritte, "The Future of Statues". Si ampliara la colección para abarcar obras no literarias, Magritte sería lógicamente uno de los primeros autores a añadir. La fotografía está tomada de aquí.

sábado, enero 20, 2007

Hojeando el moleskine de William Blake

1) Leo a William Blake: "Debo crear un sistema o ser esclavizado por el de otro hombre". Repito la frase en mi cabeza, hay que algo chirría. Es esa terrible asociación entre sistema y esclavitud. Parece que el poeta quisiera decir: "seré esclavizado, bien por mi propio sistema, bien por el de otro hombre"; o: "prefiero ser esclavo de mí mismo antes que ser el esclavo de otro".


Esclavo, al fin y al cabo: la libertad absoluta implicaría acabar con cualquier rastro de sistema.

(H)ojeo el ejemplar de "El matrimonio del cielo y del infierno" que me regaló mi hermano hace ya unos cuantos meses. Lo tengo en la cola de las lecturas pendientes; hay otras que llegaron más tarde y se han colado impunemente, pero entiendo que Blake no es para leerlo en cualquier momento. Observo la reproducción de las láminas originales, donde el texto se entrelaza con imágenes a un tiempo ingenuas y perturbadoras; es la obra de un loco o de un iluminado. Pienso: quizá Blake escapó finalmente de los demás hombres para construir su propio sistema, su propia cárcel; quizá, a diferencia de los demás, vivió su cautiverio en un inmenso y fastuoso palacio. Es un pensamiento tan precipitado como terriblemente cursi, lo reconozco: será convenientemente juzgado en su momento, cuando me haya sumergido en la obra del "más grande artista que ha producido Gran Bretaña".

2) Me entero por Biblioddysey de que la British library ha añadido el cuaderno de notas de Blake a su magnífica colección "Turning the pages". Entre todas las obras publicadas, mi favorita sigue siendo la edición manuscrita de Alicia, con las entrañables ilustraciones originales del propio Lewis Carroll.

Hojeo (virtualmente) el "moleskine" de Blake. Me fascina el concepto de "Turning de pages": reproducir el movimiento de las páginas, simular el acto de leer el manuscrito tal y como si estuviera en nuestras propias manos. Algo tan innecesario como inexplicablemente satisfactorio: ¿acaso no nos basta con una buena reproducción, página por página, de cada obra? ¿Por qué nos resulta atractivo el truco pueril de deslizar las hojas a golpe de ratón?

Es curioso: los profetas anunciaban que a estas alturas sólo nos importaría la información, en su estado más puro y esencial: la era del soporte habría quedado atrás: los datos (textos, músicas, imágenes) fluirían por la red libres por fin de su pesada carga material, como el alma inmortal liberada de las ataduras del cuerpo terrenal. Se equivocaban, como siempre: en la época de los ebooks seguimos embobándonos ante los escaparates de las librerías, babeando delante todos esos libros maravillosamente editados que se nos insinúan desde los expositores. Los discos de vinilo vuelven a ocupar su hueco en la estantería, independientemente de que tengamos el disco duro rebosante de mp3. Y qué decir de los moleskines: siguen dando mejor resultado que cualquier pda a la hora de escribir poesía barata en un café. Somos incorregiblemente superficiales. O quizá sea otra cosa. En la era de la pornografía digital, entre descarga y descarga nos sigue apetenciendo de vez en cuando acariciar, oler, morder un cuerpo de verdad...

martes, noviembre 28, 2006

Sobre la necesidad de lo fantástico (III): la literatura como refugio

Italo Calvino, sobre los cuentos fantásticos del siglo XIX:

"Para nuestra sensibilidad actual, el elemento sobrenatural, en el centro de la trama, aparece siempre cargado de sentido, como una rebelión del inconsciente, de lo reprimido, de lo olvidado y de lo alejado por nuestra atención racional. En esto se muestra la modernidad de lo fantástico y la razón de su mismo éxito en nuestra época. Advertimos que lo fantástico nos revela cosas que nos conciernen directamente, aunque estemos menos predispuestos que los lectores decimonónicos a dejarnos sorprender por apariciones y fantasmagorías, o estemos preparados para disfrutarlas de otro modo, como elementos característicos de la época."

"Cuentos fantásticos del XIX", Italo Calvino.

Es necesario matizar: 1) Calvino habla aquí de literatura fantástica en el sentido que la tradición francesa otorga a este término: en palabras del autor, "fantastique se refiere casi siempre a elementos macabros, como las apariciones de fantasmas de ultratumba", y no está tan directamente asociado al concepto más amplio de fantasía como sucede en el contexto italiano o español; 2) según afirma Todorov, lo fantástico deja siempre un resquicio a la explicación racional, mientras que lo maravilloso presupone la aceptación de lo inexplicable, como sería el caso de las fábulas o de los cuentos de "Las mil y una noches" (y también, claro, de algunas obras de Calvino).

A la luz de esta breve reflexión, y a pesar de las limitaciones que entrañan las dos acotaciones anteriores, pensemos ahora en lo fantástico (en su acepción más amplia) en la obra de Calvino. Hipótesis de partida: Calvino no percibe lo fantástico como una vía de escape de la realidad, sino como un instrumento que puede ayudarnos a comprender mejor la realidad. A diferencia de Cortázar y Cunqueiro, para Calvino lo fantástico es útil, no necesario; lo fantástico es un medio, no un fin en sí mismo. En los cuentos del XIX, la utilidad de lo inverosímil o lo sobrenatural está vinculada a la revelación del subconsciente; en las obras fantásticas del propio Calvino, lo maravilloso es utilizado como un espejo donde reflejar de forma simbólica la realidad, o bien como un vehículo para explorar determinados aspectos de lo real que, paradójicamente, no podrían ser abordados satisfactoriamente desde una literatura de corte realista. Pienso, por ejemplo, en la trilogía de "Nuestros antepasados", en "Las ciudades invisibles", o en "El castillo de los destinos cruzados": el carácter fantástico de estas obras hace que puedan ser leídas como meros divertimentos, intrascendentes ejercicios de huida de la realidad; una lectura mínimamente exigente desvela la enorme riqueza de significados que se esconden bajo la inocente apariencia de la fábula.

¿Niega Calvino esa finalidad escapista que otros atribuyen a la literatura fantástica? Creo que no; de hecho, en la conferencia "Mundo escrito y mundo no escrito", el escritor parece extender esta función a la literatura en general, sin distinción entre géneros. La literatura como refugio frente a una realidad esencialmente inabarcable, impredecible, incomprensible:

"Pertenezco a esa parte de la humanidad -una minoría a escala planetaria pero creo que una mayoría entre mi público- que pasa gran parte de sus horas de vigilia en un mundo especial, un mundo hecho de líneas horizontales en el que las palabras van una detrás de otra y en el que cada frase y aparte ocupan su lugar debido: un mundo que puede ser muy rico, quizá incluso más rico que el no escrito, pero que, en cualquier caso, requiere cierto trato especial para situarse dentro de él. Cuando me aparto del mundo escrito para reencontrar mi lugar en el otro, en lo que solemos llamar el mundo, hecho de tres dimensiones, cinco sentidos y poblado por miles de millones de seres como nosotros, esto equivale para mí a repetir, cada vez, el trauma del nacimiento, a dar forma de realidad inteligible a un conjunto de sensaciones confusas y a elegir una estrategia para enfrentar lo inesperado sin que me destruya (...)

(...) Mientras espero a que el mundo no escrito se aclare ante mis ojos, siempre hay una página escrita al alcance de mi mano en la que puedo volver a zambullirme; me apresuro a hacerlo con la mayor satisfacción: en ella, al menos, aunque logre comprender tan sólo una pequeña parte del total, puedo hacerme la ilusión de tenerlo todo controlado."

"Mundo escrito y mundo no escrito", Italo Calvino.

(Las citas han sido tomadas de un volumen recopilatorio de ensayos y artículos que precisamente toma su título de ésta última conferencia, "Mundo escrito y mundo no escrito", y que ha sido publicado recientemente por Siruela).

jueves, noviembre 23, 2006

Sobre la necesidad de lo fantástico (II): el unicornio tras la puerta

De nuevo Cortázar:

"Toda suspension of disbelief obra como una tregua en el seco, implacable asedio que el determinismo hace al hombre. En esa tregua, la nostalgia introduce una variante en la afirmación de Ortega: hay hombres que en algún momento cesan de ser ellos y su circunstancia, hay una hora en la que se anhela ser uno mismo y lo inesperado, uno mismo y el momento en que la puerta que antes y después da al zaguán se entorna lentamente para dejarnos ver el prado donde relincha el unicornio."

"Del cuento breve y sus alrededores", Julio Cortázar.

miércoles, noviembre 22, 2006

Sobre la necesidad de lo fantástico (I): el oro escondido

De Cunqueiro he aprendido, entre otras muchas cosas, que los tesoros duermen y que algunos incluso tienen boca y roncan sonoramente en su escondite subterráneo. Pero lo que ahora me interesa citar es lo siguiente:

"
Namentres a xente nosa fale do ouro escondido, e que estará viva en nós a ledicia imaxinativa e seremos ainda mais ricos por soñar con tesouros que tendo tódolos tesouros do mundo nunha arca gardada. Valen mais escondidos.
Vai ún por un camiño, nos doces mediodías de outono, e choviña e parez que naquela miranda veciña brilla algo entre a herba, e ún parase, e soña cunha fada que ten na sua man un peite de ouro. Esto non fai dano a ninguén.
Na aspereza da vida cotián, soñar e necesario, e perder o tesouro dos ensoños é perder o meirande dos tesouros do mundo.
Cando eu escoito nalgunha aldea nosa falar de tesouros, coido que na nosa pobreza ainda somos ricos.
"

"Tesouros Novos e Vellos", Álvaro Cunqueiro.

Y ahora en castellano:

"Mientras nuestra gente hable del oro escondido, es que estará viva en nosotros la alegría imaginativa y seremos aún más ricos por soñar con tesoros que teniendo todos los tesoros del mundo en un arca guardada. Valen más escondidos.
Va uno por un camino, en los dulces mediodías de otoño, y llovizna y parece que en aquella finca vecina brilla algo entre la hierba, y uno se para, y sueña con un hada que tiene en su mano un peine de oro. Esto no hace daño a nadie.
En la aspereza de la vida cotidiana, soñar es necesario, y perder el tesoro de los ensueños es perder el más grande de los tesoros del mundo.
Cuando yo escucho en alguna aldea nuestra hablar de tesoros, creo que en nuestra pobreza aún somos ricos."

"Tesoros Nuevos y Viejos", Álvaro Cunqueiro.

Como no tenía a mano el libro original (lo devolví a su dueño hace unos días, tras unos años de secuestro y otros cuantos más de olvido), me he visto obligado a robar la cita y la traducción de aquí. Mil gracias.

jueves, noviembre 16, 2006

Primer round

A uno le gustaría escribir este blog a la manera de "Último Round": poemas relatos anotaciones recortes de prensa que se intercalan con dibujos fotos garabatos graffitis conformando un entramado aparentemente caótico y casual, un territorio excepcionalmente vasto y diverso encerrado como quien no quiere la cosa en un par de libritos: es tan terriblemente fácil perderse en esas páginas, dejarse llevar por el juego incesante y permutable de la literatura de Cortázar.

Un señor de negro y con gafas que está al fondo replica: ¿y qué es "Último Round" sino un blog "avant la lettre"? ¿Acaso un blog no es un entramado aparentemente caótico de relatos dibujos anotaciones recortes de prensa fotos poemas? Usted lo que quiere es escribir un blog y punto, como todo el mundo, no me venga con Cortázar y demás palabrerías.

Discrepo: "Último Round" no es un blog, ni un libro: es arte, reflexión, opinión, creatividad desatada en busca de un medio donde poder desplegarse sin cortapisas. Intentaré explicarme mejor: lo que pretendía decir es que a uno le gustaría ser capaz de encerrar todo un universo en un mero conjunto de palabras e imágenes, delimitar un territorio imaginario donde fuera terriblemente fácil perderse y dejarse llevar por el juego permutable e incesante de la literatura. Qué más dará si al final sale un libro o un blog o un pavo real. Me cachendié.