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lunes, febrero 11, 2008

El imperio de los signos

En "El imperio de los signos" (Seix Barral, 2007), Roland Barthes realiza una peculiar lectura de la cultura y la sociedad japonesa: todo en Japón es lenguaje, desde la comida hasta las representaciones teatrales, las máquinas tragaperras (pachinko) o la estructura de la ciudad: un lenguaje en el que todo el peso recae sobre el significante, mientras que el sentido es sustituido por el vacío.

"El sueño: conocer una lengua extranjera (extraña) y, sin embargo, no comprenderla: percibir en ella la diferencia, sin que esta diferencia sea jamás recuperada por la socialización superficial del lenguaje, comunicación o vulgaridad; conocer, refractadas positivamente en una lengua nueva, las imposibilidades de la nuestra; aprender la sistemática de lo inconcebible; deshacer nuestro "real" bajo el efecto de otras escenas, de otras sintaxis; descubrir posiciones inauditas del sujeto en la enunciación, trasladar su topología; en una palabra, descender a lo intraducible, sentir su sacudida sin amortiguarla jamás, hasta que en nosotros todo el Occidente se estremezca y se tambaleen los derechos de la lengua paterna, la que nos viene de nuestros padres y que nos convierte, a su vez, en padres y propietarios de una cultura que precisamente la historia transforma en "naturaleza". Sabemos que los conceptos principales de la filosofía aristotélica han sido de alguna manera forzados por las principales articulaciones de la lengua griega. Por el contrario, cuán beneficioso sería trasladarse a lo largo de una visión de las diferencias irreductibles que pudiera sugerirnos, como por vislumbres, una lengua muy lejana."

Conocer lo que realmente somos parece imposible si no es mediante el conocimiento del otro; sólo a través de la mirada ajena (la cultura, la lengua extraña) podemos percibir aquello que nuestra forma de mirar (la cultura, la lengua propia) no nos permite ver.

miércoles, febrero 06, 2008

Más de un millón de ejemplares vendidos

1) Siempre me ha llamado la atención esa costumbre de poner en la portada de un libro o de un disco un aviso del estilo "más de x miles / millones de ejemplares vendidos". Es curiosa la lógica que subyace a esta estrategia comercial: si a miles, millones de personas les ha gustado esta obra, ¿cómo no le va a gustar a usted? Lo entendería si se tratara de vender una almohada, o una batería de cocina: en estos casos, un elevado número de compradores avala sin duda la calidad del producto; pero cuando se trata de algo tan personal como el gusto literario o musical, ¿qué sentido tiene apelar a razones cuantitativas? Lo curioso del asunto es que funciona: miles, millones de personas se lanzan a comprar ese libro o ese disco por el mero hecho de que miles, millones de personas ya lo han adquirido. Un simple acto de consumo se convierte en un medio de integración social, un mecanismo para sentirse aceptado en la masa.

2) En su expresión más noble, la literatura y la música nacen del individualismo absoluto, de la subjetividad más pura. Cuando, a través de la lectura o de la audición, la subjetividad del creador y la del receptor entran en contacto, se produce uno de los actos de comunicación más profundos y sinceros que se puedan dar. Esa y no otra es la magia que encierran estas formas de arte. El best-seller o el superventas subvierten esta magia, este acto de comunicación íntima: el autor renuncia voluntariamente a su propia subjetividad con objeto de alcanzar a una amplia masa, por definición impersonal e indiferenciada, de consumidores; el individuo receptor acepta diluir su subjetividad en la masa, renuncia a la posibilidad de explorar con cierta profundidad su propia personalidad y de elegir en consecuencia aquello que le pueda satisfacer, con tal de sentirse integrado en un amplio grupo social. Se produce entonces, a través de la lectura o de la audición, algo parecido a la comunicación, pero el sujeto ha desaparecido del juego: no existen en realidad emisor ni receptor, el mensaje es pura superficialidad: la nada se comunica con la nada a través de un artefacto (formalmente literario o musical) que no es sino la expresión absoluta del vacío.

3) El anterior razonamiento es atractivo, aunque notoriamente falaz. Incluso en el peor de los productos de éxito, el creador habrá volcado algo, por mínimo que sea, de su subjetividad, y el receptor siempre encontrará algún placer íntimo, todo lo banal que se quiera, en la lectura o la audición de la obra. No existe un best-seller o un superventas que sea una impostura absoluta. Si se consiguiera algo semejante, sería sin duda un fenómeno literario o musical de enorme interés.

4) Una cita de Auden, tomada de su ensayo "Leer" (incluido en el volumen "Los señores del límite"): "Suele ocurrir que gente que no debería incurrir en estos errores suele preguntar a un escritor o, al menos, a un poeta: "¿Para quién escribe usted?". Se trata, desde luego, de una pregunta necia, a la que sin embargo puedo dar una respuesta igualmente necia. De vez en cuando me topo con un libro que parece haber sido escrito especialmente para mí. Como un amante celoso, no quiero que nadie más sepa que existe. Tener un millón de estos lectores, ignorantes todos de la existencia de sus semejantes, ser leído con pasión y que nadie quiera confesarlo, es sin duda la ensoñación favorita del cualquier escritor."

domingo, febrero 03, 2008

Ecuaciones

¿Y si la literatura no fuera más que otra forma de ecuación? Imaginemos a un personaje, de nombre Orestes, o Cosimo, u Oliveira, o X; que ama a Ginebra, o a Caitilin, o quizá a Antinoo: digamos que ama a Y; la acción transcurre en Orense, Chicago, Gondor, Heian Kyo: Z. Los hechos contenidos en el relato sólo tienen un fin: ayudar al lector a desentrañar el misterio que se esconde tras esos nombres: despejar esas incógnitas, calcular su valor. Los nombres, al fin y al cabo, no son más que un mero convencionalismo; el hecho de sustituirlos por simples letras, como en un problema matemático, no varía un ápice su sentido, y en cambio deja ver con claridad su naturaleza indefinida. El objetivo de la lectura es desentrañar aquello que no tiene un nombre propio, que escapa a las ataduras del significante. Esto es así incluso en el caso de los lugares con una existencia real: una vez integrado en un relato, cualquier ciudad, país, paisaje se convierte en ficción y sólo existe en ese plano etéreo que se extiende entre la mente del escritor y la del lector. Todo lo que se sitúa en esta dimensión literaria es un interrogante, parte de una ecuación que debe ser resuelta a través de los datos que aporta la propia narración.


¿Cuál es el objetivo del autor cuando escribe un relato, una ecuación? Hay dos respuestas posibles, en función de si el escritor conoce o no de antemano el resultado del problema. En el primer caso, la finalidad de la narración es simplemente comunicar: incitar al lector a descubrir una verdad, una idea, una emoción que por su naturaleza etérea o difusa no puede ser transmitida sino a través del juego de las incógnitas. En el segundo caso, el autor utiliza la literatura como medio de conocimiento: percibe el problema, desea hallar su solución, y no encuentra otra manera de resolverlo que escribiendo. Esta última posibilidad es infinitamente más interesante como punto de partida para la creación.

¿Es siempre posible encontrar la solución de una ecuación literaria? Hay obras decepcionantes por la facilidad con que calculamos el resultado: los personajes planos, los escenarios acartonados, las ideas manoseadas desvelan su misterio a las pocas páginas: no es necesario seguir leyendo pues ya conocemos de sobra el valor de las incógnitas. Otras obras, en cambio, son imposibles de desentrañar en su totalidad, no admiten una única solución, o bien el resultado es algo indeterminado: Ginebra o Caitlin o Y equivalen al infinito; Orestes o Cosimo o X se confunden con el vacío, la nada, el cero. Es posible que la verdadera literatura sólo responda a esta segunda posibilidad.

jueves, noviembre 08, 2007

AJ, EP

"There is a 41-year-old woman, an administrative assistant from California known in the medical literature only as "AJ," who remembers almost every day of her life since age 11. There is an 85-year-old man, a retired lab technician called "EP," who remembers only his most recent thought. She might have the best memory in the world. He could very well have the worst."

Así comienza este magnífico reportaje que se lee casi como un relato, porque posee la capacidad de emocionarnos, y porque abre a nuestros ojos el abismo de lo que somos. También porque tiene ese punto irreal, casi borgiano, por el cual la lógica cotidiana se subvierte, se distorsiona hasta el punto de que podemos contemplar la propia realidad desde un nuevo prisma más revelador. Y quizá, también, más aterrador.

"My memory flows like a movie—nonstop and uncontrollable," says AJ (...) "I remember good, which is very comforting. But I also remember bad—and every bad choice," she says. "And I really don't give myself a break. There are all these forks in the road, moments you have to make a choice, and then it's ten years later, and I'm still beating myself up over them. I don't forgive myself for a lot of things. Your memory is the way it is to protect you. I feel like it just hasn't protected me. I would love just for five minutes to be a simple person and not have all this stuff in my head. "Most people have called what I have a gift," AJ says, "but I call it a burden."


En el caso de AJ, resulta evidente, la referencia a Borges no era gratuita:

"In his short story "Funes the Memorious," Jorge Luis Borges describes a man crippled by an inability to forget. He remembers every detail of his life, but he can't distinguish between the trivial and the important. He can't prioritize, he can't generalize. He is "virtually incapable of general, platonic ideas." Perhaps, as Borges concludes in his story, it is forgetting, not remembering, that is the essence of what makes us human. "To think," Borges writes, "is to forget."

El caso de EP nos resulta más familiar, más cercano
. No obstante, el poso de lo irreal, de lo terrible, sigue presente en este reverso de la historia de AJ o de la historia de Funes. Habrá que recordarle a Borges que tampoco es el olvido lo que nos hace humanos...

"
We cross the street and I'm alone with EP for the first time. He doesn't know who I am or what I'm doing at his side, although he seems to sense that I'm there for some good reason. He is trapped in the ultimate existential nightmare, blind to the reality in which he lives. The impulse strikes me to help him escape, at least for a second. I want to take him by the arm and shake him. "You have a rare and debilitating memory disorder," I want to tell him. "The last 50 years have been lost to you. In less than a minute, you're going to forget that this conversation ever even happened." I imagine the sheer horror that would befall him, the momentary clarity, the gaping emptiness that would open up in front of him, and close just as quickly. And then the passing car or the singing bird that would snap him back into his oblivious bubble."


En caso de tener que afrontar la terrible elección, ¿qué preferirías? ¿Vivir encerrado en la tortuosa celda de tus recuerdos? ¿O disolverte en la plácida nada del olvido?

(Agradezco el hallazgo a 3quarksdaily)

martes, noviembre 06, 2007

Ape, Fish, Book

El otro día pasamos por la Artis Library de la Universidad de Amsterdam para ver la exposición Ape, Fish, Book. Linnaeus in Amsterdam, una pequeña pero interesante muestra que viene a conmemorar el 300 aniversario del nacimiento del célebre naturalista sueco. Se exhiben varias obras de Linneo publicadas originariamente en Holanda, así como otros volúmenes de botánica y zoología procedentes de los bien surtidos fondos de la Artis Library; algunos animales disecados o conservados en recipientes completan el material expuesto.


Como toda la información que se ofrece en la exposición está en holandés, nuestra atención se tuvo que centrar en la dimensión estética de los libros, láminas y especímenes disecados que nos esperaban tras las vitrinas. Al fin y al cabo, es el atractivo visual de los tratados botánicos y zoológicos del XVIII lo que nos llevó a la muestra. Durante esta época, el cuidado con el que se elaboraban los dibujos para ilustrar las descripciones de las diversas especies animales y vegetales podía responder más a una necesidad científica que meramente artística, pero el resultado en ocasiones era realmente bello, sugerente, y a veces también maravillosamente ingenuo. La siguiente imagen procede de la Metamorfosis de Maria Sibylla Merien, una de las obras expuestas en la Artis Library:

Me llama la atención el carácter sobrehumano de la tarea de Linneo: afrontar la clasificación del conjunto de los seres vivos supone un reto de dimensiones excepcionales. Poner orden en el caos de la naturaleza; dividir, compartimentalizar y sistematizar el flujo continuo de la vida: la voluntad titánica del naturalista es una muestra de la grandeza del ser humano; y sin embargo, el resultado de este inmenso esfuerzo clasificatorio viene a demostrar al mismo tiempo la insignificancia del hombre, reducido a una especie más, diluido en la inabordable diversidad de la naturaleza. La percepción que Linneo tenía del mundo natural era todavía limitada, estática: creía en la génesis divina de todas las especies existentes, y aunque su sistema de clasificación exponía a la luz vínculos y lazos que apuntaban a un origen evolutivo de las especies, el ilustre naturalista pensaba que simplemente estaba poniendo de relieve los pormenores del plan de una inteligencia creadora. De alguna forma, Linneo viene a completar la tarea originaria de Adán:

(Genesis 2:19) Jehová Dios formó, pues, de la tierra toda bestia del campo, y toda ave de los cielos, y las trajo a Adán para que viese cómo las había de llamar; y todo lo que Adán llamó a los animales vivientes, ese es su nombre.

Curioseando en la red sobre estas cuestiones me encuentro con A Romantic Natural History, una página que explora las conexiones entre la literatura romántica y el desarrollo de las ciencias naturales antes de Darwin. La idea es sumamente atractiva, y aparte está sazonada con ilustraciones maravillosas:


Volviendo a la exposición, otra cosa que me ha llamado la atención es la aparición del llamado "hombre salvaje" u "hombre de los bosques" en varias de las obras expuestas. El conocimiento de la historia natural en el siglo XVIII era necesariamente incompleto, deficiente; los listados de especies incluían a veces animales mitológicos y monstruos de diverso pelaje. El hombre salvaje aparece aquí como un paso intermedio entre el simio y el hombre civilizado; se trata de un viejo mito que todavía pervive en diversas formas a lo largo y ancho del globo, pero que en los antiguos tratados de zoología parece un poderoso anticipo de las ideas de Darwin. La wikipedia ubica el origen del hombre salvaje en la Edad Media y señala su notable influencia en la herádica europea. Me gusta como la iconografía representa habitualmente a estos seres: completamente peludos, apoyados en un bastón, sentados a veces en un banco de madera como signo de su superioridad sobre sus parientes simiescos. La imagen siguiente procede de la Antropometamorphosis de John Bulwer (1658):


Para terminar este post que empezó como un mero apunte y que ha ido creciendo y creciendo sobre la marcha, enlazo una última nota sobre la Antropometamorphosis que he encontrado en 3quarksdaily. Punto y aparte.

jueves, octubre 25, 2007

La memoria, la placidez

1) Vuelvo unos días a Sevilla. Hablo con mi madre; de muchas cosas: la comida holandesa, el precio de la vivienda, los asuntos del barrio; también de política, y de los comentarios de ciertos políticos, y por supuesto de aquél periodo de extrema placidez que yo no llegué a conocer, pero que para ella es una parte indisociable de su vida. Las personas estamos constituidas de sueños y de recuerdos; a medida que la edad avanza, los recuerdos van ocupando lentamente el hueco de los sueños; al final somos poco más que un recipiente repleto de memoria. La edad de mi madre hace que, aun manteniendo vivos ciertos sueños, vuelva con frecuencia la mirada al pasado.

Mi madre nació en el 37, en Extremadura; su memoria abunda por tanto en imágenes de la época de la placidez extrema: son los recuerdos de su infancia y retorna a ellos, se diría, con total naturalidad. Hablamos largamente sobre aquellos tiempos, y me cuenta, entre tantas otras cosas, de cómo unos guardias civiles mataron a un chico de 18 años, en la plaza del pueblo, delante de la iglesia del Cristo; en sus incursiones nocturnas, el chaval había conseguido hacerse con algunas bellotas y un haz de tarama para calentarse; vivía solo con su madre; el hermano era maqui. El cuerpo quedó tendido allí, sin vida, en medio de la plaza, como una señal o un aviso o una siniestra provocación. Era, como no podía ser de otra manera, una mañana de extrema placidez: la lluvia y el miedo ahogaban el llanto y el odio de los que contemplaban en silencio, inmóviles, la escena.

2) Aprovecho estos días en Sevilla para estar con mi padre. Mi padre tiene Alzheimer. Las personas estamos constituidas de sueños y de recuerdos; a medida que la edad avanza, los recuerdos van ocupando lentamente el hueco de los sueños; al final somos poco más que un recipiente repleto de memoria. A veces algo hace que ese recipiente se vaya vaciando poco a poco; quizá una pequeña fisura en sus paredes propicia que los recuerdos vayan escapando sin pausa; o puede suceder que sean los propios recuerdos los que se desvanezcan, que se difuminen hasta quedar reducidos a una nada borrosa. Creo que los antiguos griegos, tan dados a imaginar castigos divinos, no fueron capaces de elaborar un destino tan cruel.

Afortunadamente, en el caso de mi padre la enfermedad avanza lentamente. Él parece feliz, tranquilo, mantiene siempre un carácter apacible y buen humor, y eso es todo lo que podemos pedir. Hay, no obstante, algo terrible en el fondo de esta placidez. ¿Acaso no es una falsa placidez, una ilusión propiciada por el distanciamiento progresivo de la realidad, por la anulación de los recuerdos...?

jueves, octubre 11, 2007

Geografías

1) Por motivos que no vienen al caso, me veo obligado a pasar el otoño en Holanda, en un pequeño pueblo perdido entre la monotonía del paisaje y la monotonía del clima. Por motivos que no vienen al caso, preferiría no estar aquí. La consecuencia de los dos hechos anteriores es ésta: que el tiempo se ablanda, se expande en una masa informe y viscosa que lo impregna todo y que le añade a todo una gravidez y una textura distintas, peso excesivo, formas desdibujadas. A pesar de todo, es una situación que no deja de tener un cierto interés. En algunos momentos me parece estar librando una batalla absurda contra el tiempo, intentando rellenar infructuosamente el hueco de las horas con algo más que trabajo y pereza, nadando en un lodazal de minutos y días.


2) Tras cerca de tres meses sin conexión a internet, vuelvo a reencontrarme con la vieja rutina de los blogs. Ahora que estoy en un entorno extraño, el hecho de volver a recorrer a diario ciertas webs me provoca una sensación parecida a la de regresar al hogar. No es una exageración. La geografía virtual se superpone cada vez más a la geografía real para configurar nuestro espacio de la cotidianeidad. A diferencia de tantos y tantos espacios físicos por los que me veo obligado a pasar (aeropuertos; estaciones de tren, de autobús, de metro; centros comerciales, supermercados; entornos urbanos impersonales, vacíos, fallidos), muchos blogs y webs constituyen verdaderos lugares, rebosantes de vida, de ideas, de intercambios, de calor y de pasión.

Mumford dijo: "Acaso la mejor definición de la ciudad, en sus aspectos más elevados, consiste en decir que es un lugar destinado a ofrecer las mayores facilidades para la conversación significativa". Hemos de reconocer que la ciudad ha perdido en gran medida su capacidad para ejercer esta función, llenándose de no-lugares. O quizá lo que ocurre es que debemos cambiar nuestra noción de lo que es urbano: la ciudad ha dejado de ser un hecho exclusivamente físico para fundirse con lo virtual. Apuntemos aquí la necesidad de profundizar en nuestro conocimiento de estas nuevas geografías inmateriales, geografías de la información pero también de la comunicación y del afecto.

3) Geografías virtuales y geografías imaginarias. En una de mis recientes escapadas a París, pasé por la Librería Española (ahora en la calle Littré, número 7) y compré dos libros: "El libro de los seres imaginarios" de Borges, y la "Breve guía de lugares imaginarios", de Alberto Manguel y Gianni Guadalupi. Busco en la literatura los lugares que no encuentro en mi entorno real. En la "Breve guía..." encuentro, por ejemplo, el País de los Encajes, descrito por Alfred Jarry (Gestes et Opinions du Docteur Faustroll, Pataphysicien. Roman Néo-Scientifique, París, 1911):

"Reino insular situado a unas seis horas de la Isla de Her. A medida que el viajero se va acercando a la isla, aparece ante sus ojos una región de una luz deslumbrante recortada contra las sombras. Dicen que el violento y repentino contraste es tan fuerte como el que provocó el nacimiento de la luz el primer día de la Creación.

El rey de los Encajes devana esta luz brillante y teje cuadros de vírgenes, joyas, pavos reales y figuras humanas que se entrelazan como en las danzas de las jóvenes del Rin. Motivos nítidos se dibujan contra la oscuridad absoluta del aire como las formas que en las ventanas pinta la escarcha, para desaparecer luego entre las sombras."
(He estado paseando a orillas del Rin. La luz era mortecina, y no había ni rastro de las muchachas danzantes... He vuelto a casa y me he sumergido de nuevo en las páginas del libro...)

sábado, junio 23, 2007

La ciudad de los inmortales

La novedad prima sobre cualquier otra cualidad en la blogosfera. Este post, por diversas razones, nace viejo y casi moribundo: recoge algo aparecido en BLDGBLOG hace la friolera de cinco días. Una eternidad en el mundo 2.0. Pero no querría dejarlo pasar:

1) Michelle Lord recrea en su proyecto "City of the Inmortals" la milenaria y secreta ciudad que Marco Flaminio Rufo, tribuno militar de Roma y protagonista del relato de Jorge Luis Borges "El inmortal", encuentra en su periplo a través del desierto.

Borges: "Emergí a una suerte de plazoleta; mejor dicho, de patio. Lo rodeaba un solo edificio de forma irregular y altura variable; a ese edificio heterogéneo pertenecían las diversas cúpulas y columnas. Antes que ningún otro rasgo de ese monumento increíble, me suspendió lo antiquísimo de su fábrica. Sentí que era anterior a los hombres, anterior a la Tierra. Esa notoria antigüedad (aunque terrible de algún modo para los ojos) me pareció adecuada al trabajo de obreros inmortales. Cautelosamente al principio, con indiferencia después, con desesperación al fin, erré por escaleras y pavimentos del inextricable palacio. (Después averigüé que eran inconstantes la extensión y la altura de los peldaños, hecho que me hizo comprender la singular fatiga que me infundieron.) Este palacio es fábrica de los dioses, pensé primeramente. Exploré los inhabitados recintos y corregí: Los dioses que lo edificaron han muerto. Noté sus peculiaridades y dije: Los dioses que lo edificaron estaban locos. Lo dije, bien lo sé, con una incomprensible reprobación, que era casi un remordimiento, con más horror intelectual que miedo sensible."


"A la impresión de enorme antigüedad se agregaron otras: la de lo interminable, la de lo atroz, la de los complejamente insensato. Yo había cruzado un laberinto, pero la nítida Ciudad de los Inmortales me atemorizó y repugnó. Un laberinto es una casa labrada para confundir a los hombres; su arquitectura, pródiga en simetrías, está subordinada a ese fin. En el palacio que imperfectamente exploré, la arquitectura carecía de fin. Abundaban el corredor sin salida, la alta ventana inalcanzable, la aparatosa puerta que daba a una celda o a un pozo, las increíbles escaleras inversas, con los peldaños y balaustrada hacia abajo. Otras, adheridas aéreamente al costado de un muro monumental, morían sin llegar a ninguna parte, al cabo de dos o tres giros,en la tiniebla superior de las cúpulas. Ignoro si todos los ejemplos que he enumerado son literales; sé que durante muchos años infestaron mis pesadillas; no puedo saber ya si tal o cual rasgo es una transcripción de la realidad o de las formas que desatinaron mis noches. Esta Ciudad (pensé) es tan horrible que su mera existencia y perduración, aunque en el centro de un desierto secreto, contamina el pasado y el porvenir y de algún modo compromete a los astros. Mientras perdure, nadie en el mundo podrá ser valeroso o feliz. No quiero describirla; un caos de palabras heterogéneas, un cuerpo de tigre o de toro, en el que pulularan monstruosamente, conjugados y odiándose, dientes, órganos y cabezas, pueden (tal vez) ser imágenes aproximativas."


(El extracto del relato está tomado de aquí)

2) ¿Tiene sentido dar forma material a una especulación literaria, a una creación fantástica que pertenece más al plano de la metáfora o del sueño que al de la arquitectura? ¿No anula esta representación las infinitas posibilidades que las palabras de Borges pueden provocar en la imaginación, reduciéndolas a una única y necesariamente insuficiente interpretación? No hay que ser tan negativo: la recreación se ha realizado aquí con cuidado y sensibilidad, las imágenes son muy sugerentes. Disfruto viéndolas. Es tan sólo una de las miles de visiones posibles de la terrible ciudad de los inmortales. Aunque, como no podía ser de otra manera, no es mi ciudad de los inmortales.


3) Al ver la obra de Michelle Lord, me vienen a la mente al instante las "Ciudades Invisibles". ¿Sería capaz la artista de hacer algo semejante con la obra de Calvino? Vierto con mi inglés torpe este pensamiento en los comentarios de BLDGBLOG. Al poco me sorprende la respuesta de la propia Michelle: 'Invisible Cities' is a future project I'm currently envisaging...can't wait to explore this text in plastic dimensions, in particular Thin Cities. Pequeños detalles como éste son los que hacen a uno adorar la blogosfera.

4) Una anotación rápida sobre la inmortalidad y sus efectos secundarios: para Borges, la vida eterna anula la individualidad del ser humano: en un plazo de tiempo suficientemente extenso, una persona habrá experimentado todas las posibilidades, asumido todos los roles. Un hombre será necesariamente todos los hombres. La personalidad es un mero accidente; un atributo circunstancial que se diluye con el tiempo. Traslademos esta idea al ente infinito por excelencia, Dios. ¿Puede un ser que no tiene ni principio ni fin, que siempre ha existido, adoptar una identidad concreta? ¿Le cabe otra opción que no sea asumir todas las posibilidades, diluirse en su propia creación? Dios sería todos los hombres, pero también todos los animales, las plantas, las piedras, las motas de polvo. El fuego y el árbol. Esta manzana a la que estoy a punto de hincarle el diente.

lunes, junio 18, 2007

Materialismo romántico

1) Hipótesis: las velocidad a la que fluyen las ideas es inversamente proporcional a la velocidad con la que caen en el olvido (normalmente, para dejar paso a otras nuevas).

Puede que esta afirmación no sea totalmente cierta, pero al menos describe bastante bien la sensación que nos provoca esta sobredosis de información a la que nos vemos sometidos en nuestro día a día. No hay tiempo para digerir adecuadamente todo el input que recibimos: nuevas tendencias, nuevas músicas, nuevos artistas, nuevas corrientes de pensamiento, nuevos conceptos, toneladas de datos que deberían importarnos. La información, la creatividad, el arte: se liberan del soporte material para entrar con mayor facilidad en nuestra cabeza, convercernos / sorprendernos / impactarnos / emocionarnos de forma inmediata, y rápidamente salir por la puerta de atrás: hay que dejar sitio para el siguiente...

Aun siendo consciente de los riesgos que conlleva, no seré yo quien niegue las enormes posibilidades que ofrece esta sobreabundancia de información sin control, esta jungla de creatividad que es la red de redes. Pero tampoco será ésta la primera ni la última vez que abogue por una ralentización en nuestras tasas de consumo (y reproducción) de información. Aunque solo sea de vez en cuando, hay que pararse a seleccionar (renunciar, descartar, ignorar), a disfrutar sin prisas, a meditar pausadamente. A morderse la lengua (los dedos) tres veces antes de copiar, citar, enlazar.

Y si la ausencia de soporte material es sinónimo de la seducción y del vértigo que nos inspira la red, la reivindicación del soporte material es hoy casi un acto de rebeldía: una defensa de la vida a otra velocidad, más propia de la naturaleza humana que de las máquinas. Para algunos, un acto romántico; y para otros, quizá tan sólo un gesto snob; para muchos, en cambio, una necesidad. Reivindiquemos, en cualquier caso, el valor del objeto: el libro, el vinilo. (Fin del discurso. Aplausos)

2) Recupero de una vieja entrada de Bibliodissey este enlace a la colección de libros de artistas de la biblioteca de Queensland. El libro como objeto artístico y no como mero soporte; la lectura como una experiencia sensorial, o como juego. Mucho más que un puñado de bits.

- Little Red Riding Hood, Jan Hogan, 1992:



- Croajingolong, Sandi Rigby, 2003:


- Concrete poetry, Bernadette Crockford, 1996.

sábado, junio 02, 2007

Dos anotaciones (más) sobre religión

1) Cuando hablo de religión con mis amigos creyentes, acabo pensando que acaso sea yo, perfecto ateo, quien tenga un mayor interés por el hecho religioso y sus implicaciones sociales y culturales. No pocos de los que se llaman a sí mismos cristianos tienen de creyentes tan sólo una leve pátina superficial: basta con rascar un poco para dar con un fondo esencialmente materialista, incrédulo, interesadamente selectivo en cuanto a la aplicación de preceptos y normas, y en general poco preocupado por todo lo que no sea el aquí y el ahora.

Tiendo a pensar que el pensamiento religioso permanece vivo en muchos de nosotros por mera inercia social. La religión es una creación cultural que nace con un clara función adaptativa: la idea de dios sirve para explicar el origen del universo y dotar de sentido a la vida, para calmar el miedo ante la muerte, para mitigar la desesperación ante lo insignificante y aleatorio de nuestro destino, y para justificar en última instancia la imposición de una moral y de un sistema político determinados. Una vez que surgen nuevos instrumentos culturales como la ciencia o la ética, que suplen estas necesidades humanas con mayor eficacia, la religión pierde su razón de ser.

Por ello, desde un punto de vista evolutivo, no es demasiado arriesgado establecer un símil entre la religión y un órgano vestigial como, por ejemplo, el apéndice. ¿Cuántos de nuestros conocidos conviven con las costumbres religiosas de igual forma que cargan con esa menuda prolongación del intestino? El apéndice es un elemento perfectamente inútil, testigo de una extinta funcionalidad del organismo propia de una etapa evolutiva anterior. Lo heredamos de nuestros padres, y aunque es un trasto que no sirve de nada, tampoco nos causa ninguna molestia. Hasta que se inflama.

2) Hoy, en El País, una interesantísma charla entre Fernando Savater (filósofo, profesor e improbable aventurero político) y José María Castillo (sacerdote y teólogo) sobre religión. El texto está cargado de citas potenciales, pero me quedo con esta bella reflexión de Savater:

"Amamos lo perecedero precisamente porque va a perecer; no amamos lo eterno, lo invulnerable, nadie ama el universo, todos sabemos que el universo se pasa muy bien sin nuestros cariños. Amamos a aquellas personas que quisiéramos perpetuar y no podemos; es su fragilidad lo que suscita nuestro amor. Y claro, Dios es lo contrario: la idea de amor a Dios, por ejemplo en el planteamiento tan hermoso de Spinoza, en su Ética, él habla del amor a Dios, que sólo puede ser un amor intelectual, no podemos esperar que Dios nos ame. Esa vinculación afectiva que introduce el cristianismo necesitaba que Dios hiciera una concesión a la carne, a la muerte, a la fragilidad, al temor, al abandono... Esa idea del Dios hecho hombre es una aportación de la religión cristiana, pero también un paso hacia la salida de la religión, porque en cuanto divinizamos la figura frágil, doliente, del hombre, estamos acercándonos a empezar a divinizar sencillamente al hombre, sin necesidad de lo sobrenatural. De ahí que algunos expertos como Marcel Roché hablen del cristianismo como de la religión para salir de la religión. Así que, para que la figura de Cristo adquiera toda su capacidad de identificación con nosotros, suprimámosle esa otra dimensión mágica que le aleja aún de nosotros."

La figura de Cristo como germen del ateísmo...

lunes, febrero 19, 2007

ARCO makes me want to rock out!

¿Qué tienen que ver Eddie Argos, Banksy, Jean Dubuffet y el calvo de El Buscador? Probablemente nada. Pero esta noticia me sirve para unirlos a los cuatro en un post y quedarme tan pancho.

Vayamos por partes. El calvo de El Buscador emula a Banksy haciendo que una de sus reporteras cuele en ARCO un cuadro pintado por niños de tres años y luego interrogue a los visitantes de la muestra sobre la calidad de la obra. Las respuestas del público son, lógicamente, tan variopintas como absurdas en comparación con la realidad que subyace al propio cuadro. La obra en sí podría entrar dentro de la categoría del Art Brut, término acuñado por el artista francés Jean Dubuffet para denominar el arte creado por personas ajenas al mundo artístico (enfermos mentales, ancianos, niños, etc.). Y como Art Brut es también el nombre de un conocido grupo inglés (cuyo cantante y líder se llama Eddie Argos), y da la casualidad de que tienen una canción bastante simpática llamada Modern Art, pues qué mejor excusa para mencionarlos aquí.



Un par de notas apresuradas para la reflexión:

i) La jugarreta de El Buscador puede resultar para muchos un ataque pueril (nunca mejor dicho) contra el arte contemporáneo, fundamentado en el popular chascarrillo de "eso podría hacerlo un niño de tres años". Lo curioso es que nuestro amigo el calvo no es consciente de que su montaje televisivo bien podría constituir en sí mismo una obra de arte contemporáneo, combinando a la perfección la creatividad en estado puro de los niños con tácticas subversivas propias del "guerrilla art".

ii) La interpretación de una obra abstracta implica un alto grado de introspección y de subjetividad por parte del espectador, por tanto (marque las opciones que considere oportunas):

  1. el espectador se autoanaliza a través de la obra, no existiendo una interpretación universalmente válida, ni siquiera la que corresponde a la intención (o no-intención) originaria del autor
  2. el espectador "ve" lo que quiere ver, hay más de voluntad que de percepción en el proceso de interpretación
  3. el contexto influye de forma definitiva en la forma de percibir y valorar una obra
  4. el espectador es a veces (o a menudo, o siempre) muy poco honesto para consigo mismo

jueves, febrero 01, 2007

Arquitectura popular: lego city

Se habla mucho de que hay que mejorar e intensificar los cauces de participación pública en los procesos de planificación (urbana, territorial, hidrológica, etc.). En Oslo han hecho un curioso experimento: ¿qué pasa si pedimos a la ciudadanía que diseñe su ciudad futura ideal con piezas de lego? Se acondiciona un espacio público al efecto, se distribuyen miles de piezas; no hay límites de edad; cualquiera que pasa puede unirse a este acto colectivo de urbanismo en miniatura:


Los resultados son bastante sorprendentes, tal y como se puede comprobar en este set de flickr.


Hace tiempo que sabemos que la creatividad no es un don exclusivo de una minoría de mentes privilegiadas. Ensayos tan simples como este demuestran dos cosas: el enorme potencial creativo de la ciudadanía, siempre marginado por las estrategias de intervención "de arriba a abajo"; y la importancia de buscar vías imaginativas y atractivas para incentivar la participación pública en los procesos de toma de decisiones.

(Visto en The Biourbanist)

domingo, enero 28, 2007

Colección de aire: a modo de prólogo

Hace poco dediqué algunos posts a la función de la literatura y, más específicamente, del género fantástico como refugio, bálsamo o vía de escape de la realidad. Cité algunos párrafos de Cortázar, Cavino y Cunqueiro para mostrar una idea: la necesidad del ser humano de abandonar, aunque sea por unos momentos, las rígidas estructuras mentales que nos permiten deselvonvernos en un mundo real infinitamente complejo y cambiante, y dejarnos llevar a un mundo más libre (porque ofrece la posibilidad de romper la atadura de esas estructuras lógicas) y al mismo tiempo más acogedor (por ser un mundo lineal, finito, abarcable y comprensible en su totalidad): el mundo de los libros.

La metáfora que resume todo lo anterior es tan simple como poco original: mediante la lectura uno puede desaparecer por un rato, perderse entre las páginas, huir de la realidad. Desde hace un tiempo, me viene interesando la idea de dar un paso más allá, de superar esta imagen común para explorar otras posibilidades literarias de la desaparición. Intentaré explicarme. En el transcurso de mis lecturas (de mis evasiones) me he encontrado a menudo con personajes que desaparecen, se desvanecen, se esfuman, huyen de una forma u otra del pequeño mundo creado por la propia obra literaria, desafiando a menudo las leyes lógicas internas del relato, o demostrando que tales leyes, al contrario de lo que el lector podría imaginar en un principio, eran simplemente un espejismo. Me apetece jugar con esta idea de la desparación literaria.

Bajo el título de "Colección de aire" (que tomo prestado de Calvino y su "Colección de arena") pretendo recoger algunas de las desapariciones que he podido recopilar hasta el momento. Principalmente, lo hago con objeto de tener a mano todos estos casos y evitar que se acaben perdiendo en mi desordenada cabeza; no obstante, también tengo un cierto interés en enfrentar unas desapariciones con otras, y ver si del encuentro surgen nuevas ideas o se descubren conexiones, lazos, vínculos ocultos. Antes que todo esto quizá esté el simple impulso de coleccionar, primario e inevitable. De entrada cuento con una casuística cuanto menos diversa: pintores que huyen través de sus cuadros, damas que se evaden entre las páginas de viejos tomos, raptos feéricos, niñeras que se esfuman de improviso, señoras que se reducen hasta desaparecer por completo, filósofos cuya existencia se anula con un sólo acto intelectual, marinos que abandonan el relato por la puerta de atrás... Veremos por dónde va derivando la cosa.

NOTA 1: comencé esta serie tiempo atrás, en mi anterior blog. Por diversos motivos, sólo alcancé a escribir un capítulo, dedicado a Perucho y su relato sobre la Dama Egeria. Espero que la colección tenga esta vez, al menos, una cierta continuidad.

NOTA 2: la imagen de arriba muestra una obra de René Magritte, "The Future of Statues". Si ampliara la colección para abarcar obras no literarias, Magritte sería lógicamente uno de los primeros autores a añadir. La fotografía está tomada de aquí.

miércoles, enero 24, 2007

I just believe in one fewer god than you do

Contra todo pronóstico, a estas alturas de partido seguimos viviendo en un mundo fundamentalmente religioso. Es fácil pasar por alto esta realidad, perder la perspectiva de lo que sucede ahí fuera cuando uno vive en un entorno, si no agnóstico, cuanto menos bastante relajado en lo que respecta a las creencias religiosas. Para situarnos, lo mejor es recurrir a las estadísticas, por ejemplo como las que recoge Marina en su "Dictamen sobre Dios":

"Con diferentes intensidades personales, dos mil millones de personas se declaran cristianos, mil millones musulmanes, setecientos cincuenta millones hindúes, trescientos cincuenta millones budistas, doscientos cincuenta millones siguen religiones tribales, otros veinte son sijs, otros veinte taoístas, otros quince judíos."

No tengo ganas de echar cuentas, pero mucho me temo que a los ateos y agnósticos nos corresponde un porcentaje bastante pequeño de la población mundial. Ni siquiera somos un porcentaje demasiado representativo en ese santuario de la razón que supuestamente es el mundo occidental. Valga un ejemplo: en Estados Unidos las encuestas señalan que en un 87% de la población nunca pondría en duda la existencia de Dios, mientras que los ateos representan menos de un 10% del total. Probablemente en Europa la cifra de descreídos sea algo más elevada pero, en cualquier caso, seguimos siendo relativamente pocos: una minoría silenciosa, fundamentalmente respetuosa (al menos en público) con los que creen en la existencia de una realidad divina; un selecto colectivo de personas que gustan de reunirse de vez en cuando en pequeños grupos de iniciados para, al calor de unas copitas de tinto, hacer chascarrillos a costa de ese señor barbudo en bata blanca que vive en una nube y se irrita ante la sola mención de palabras como "homosexual", "preservativo" o "estatut"...

No obstante, algo parece estar cambiando dentro de esta pequeña gran minoría. En los últimos tiempos se puede percibir el despunte de un cierto "orgullo ateo", o incluso de lo que se podría denominar un "ateísmo militante". Esta movilización de los no creyentes vendría a dar respuesta a una serie de procesos más o menos alarmantes: el auge global de los fundamentalismos (de un signo u otro) y de los conflictos basados, al menos en parte, en la confrontación religiosa; la intromisión de la fe en cuestiones estrictamente científicas, sobre todo en lo que respecta a la evolución de las especies y el origen de la vida; o el intento por parte de las religiones de ejercer un monopolio absoluto sobre conceptos como la vida o la familia en el seno de algunos debates políticos de máxima actualidad (nuevos modelos de organización familiar, derecho a una muerte digna, aborto, investigación con células madre).

¿Debe el mundo científico permanecer callado ante estas cuestiones? ¿Podemos aceptar en pleno siglo XXI que los argumentos de los creacionistas son tan respetables como las pruebas científicas aportadas por los biólogos evolutivos? ¿Es razonable dejar que mitos suficientemente desmontados por la ciencia se utilicen como arma política o actúen como freno para el ejercicio de determinados derechos? Uno de los núcleos duros desde los que se fomenta este debate es Edge, un foro de científicos y pensadores de primer orden, entre los que se encuentran ateos ilustres y combativos como Richard Dawkins ("The God Delusion") o Sam Harris ("The End of Faith", "Letter to a Christian Nation").

Como botón de muestra, enlazo el último artículo que ha escrito Sam Harris para Edge y que, bajo el título de "10 mitos y 10 verdades sobre el ateísmo", rebate inteligentemente muchas de las acusaciones infundadas que con cierta periodicidad sufrimos los ateos. Ya saben: somos arrogantes, fundamentalistas, básicamente amorales, incapacitados para el desarrollo de cualquier tipo de espiritualidad, etc. Me gusta especialmente la forma en que el autor responde a la afirmación de que el ateísmo es dogmático (despropósito últimamente muy apreciado por ciertos sectores ideológicos patrios):

Jews, Christians and Muslims claim that their scriptures are so prescient of humanity's needs that they could only have been written under the direction of an omniscient deity. An atheist is simply a person who has considered this claim, read the books and found the claim to be ridiculous. One doesn't have to take anything on faith, or be otherwise dogmatic, to reject unjustified religious beliefs. As the historian Stephen Henry Roberts (1901-71) once said: "I contend that we are both atheists. I just believe in one fewer god than you do. When you understand why you dismiss all the other possible gods, you will understand why I dismiss yours."

Más claro imposible. Corro a tatuarme la frase del señor Roberts en alguna parte bien visible de mi anatomía. Ya cansa gastar tanta saliva con el mismo tema.

sábado, enero 20, 2007

Hojeando el moleskine de William Blake

1) Leo a William Blake: "Debo crear un sistema o ser esclavizado por el de otro hombre". Repito la frase en mi cabeza, hay que algo chirría. Es esa terrible asociación entre sistema y esclavitud. Parece que el poeta quisiera decir: "seré esclavizado, bien por mi propio sistema, bien por el de otro hombre"; o: "prefiero ser esclavo de mí mismo antes que ser el esclavo de otro".


Esclavo, al fin y al cabo: la libertad absoluta implicaría acabar con cualquier rastro de sistema.

(H)ojeo el ejemplar de "El matrimonio del cielo y del infierno" que me regaló mi hermano hace ya unos cuantos meses. Lo tengo en la cola de las lecturas pendientes; hay otras que llegaron más tarde y se han colado impunemente, pero entiendo que Blake no es para leerlo en cualquier momento. Observo la reproducción de las láminas originales, donde el texto se entrelaza con imágenes a un tiempo ingenuas y perturbadoras; es la obra de un loco o de un iluminado. Pienso: quizá Blake escapó finalmente de los demás hombres para construir su propio sistema, su propia cárcel; quizá, a diferencia de los demás, vivió su cautiverio en un inmenso y fastuoso palacio. Es un pensamiento tan precipitado como terriblemente cursi, lo reconozco: será convenientemente juzgado en su momento, cuando me haya sumergido en la obra del "más grande artista que ha producido Gran Bretaña".

2) Me entero por Biblioddysey de que la British library ha añadido el cuaderno de notas de Blake a su magnífica colección "Turning the pages". Entre todas las obras publicadas, mi favorita sigue siendo la edición manuscrita de Alicia, con las entrañables ilustraciones originales del propio Lewis Carroll.

Hojeo (virtualmente) el "moleskine" de Blake. Me fascina el concepto de "Turning de pages": reproducir el movimiento de las páginas, simular el acto de leer el manuscrito tal y como si estuviera en nuestras propias manos. Algo tan innecesario como inexplicablemente satisfactorio: ¿acaso no nos basta con una buena reproducción, página por página, de cada obra? ¿Por qué nos resulta atractivo el truco pueril de deslizar las hojas a golpe de ratón?

Es curioso: los profetas anunciaban que a estas alturas sólo nos importaría la información, en su estado más puro y esencial: la era del soporte habría quedado atrás: los datos (textos, músicas, imágenes) fluirían por la red libres por fin de su pesada carga material, como el alma inmortal liberada de las ataduras del cuerpo terrenal. Se equivocaban, como siempre: en la época de los ebooks seguimos embobándonos ante los escaparates de las librerías, babeando delante todos esos libros maravillosamente editados que se nos insinúan desde los expositores. Los discos de vinilo vuelven a ocupar su hueco en la estantería, independientemente de que tengamos el disco duro rebosante de mp3. Y qué decir de los moleskines: siguen dando mejor resultado que cualquier pda a la hora de escribir poesía barata en un café. Somos incorregiblemente superficiales. O quizá sea otra cosa. En la era de la pornografía digital, entre descarga y descarga nos sigue apetenciendo de vez en cuando acariciar, oler, morder un cuerpo de verdad...

sábado, enero 13, 2007

Manifestación

Como probablemente sabrán mis queridos, silenciosos y razonablemente escasos lectores, la palabra idiota era utilizada por los griegos para denominar a aquellos ciudadanos que, permanentemente distraídos por las minucias de su vida privada, dejaban de lado los asuntos públicos, es decir, no intervenían en la política. Podemos hacernos una idea de la importancia que daban los griegos a la actividad democrática simplemente observando el tono despectivo e insultante que, aún hoy, y ya despojada de cualquier otro significado, conserva la palabra.

Desde que comencé "Tú nunca serás beatnik" unos meses atrás, he decidido de forma totalmente consciente dejar apartada la política de este humilde blog. Demasiados foros hay ya en la red para el debate ideológico, demasiado viciado el ambiente político como para permitir que esta casa, destinada principalmente al ejercicio de un sano hedonismo intelectual, se viera manchada por las toneladas de mugre que algunos pretenden verter estos días sobre nuestra democracia. No pongo enlaces para mostrar lo que digo: a estas alturas todos conocéis de qué clase de personajes hablo; creo además que han tenido demasiada publicidad gratuita en los últimos años los vertederos ideológicos de la red.

Sin embargo, hoy, al ponerme a escribir un post sobre el ateísmo a partir de un interesante artículo de Edge, he empezado a sentirme como un idiota: no es momento de hablar de dioses, creencias irracionales y otros divertimentos peregrinos. La situación política ha alcanzado hoy una de sus cotas más bajas en mucho tiempo, cosa difícil de creer ya que el listón estaba en un nivel prácticamente subterráneo. La realidad duele, se hace necesario opinar.

El desacuerdo de la clase política española ante un atentado terrorista, ante el asesinato de dos ciudadanos, es algo incomprensible en una democracia sana. Esta situación insólita, este enfrentamiento inaceptable en el que se han instalado no sólo los partidos sino también una parte de los ciudadanos que los apoyan, sin duda marcará de vergüeza el futuro recuerdo de esos días. La división de la sociedad es probablemente el mejor regalo que entre todos podíamos hacer a los terroristas, únicos culpables (¿habrá que repetirlo más veces?) del ruin atentado de Barajas.

Sin embargo, una vez reconocidos los errores, irresponsabilidades, torpezas y meteduras de pata en los que hayan podido incurrir los diversos personajes que pueblan nuestra clase política, es necesario reconocer el grado de responsabilidad particular de cada uno de ellos ante esta patética situación. No vale aquí la equidistancia, como bien señala Nacho Escolar, como un intento de simular una pretendida imparcialidad. Mi opinión en este sentido es clara: la surrealista postura del PP ante la manifestación de hoy en Madrid no tiene parangón con ninguno de los errores que haya podido cometer el gobierno, ni siquiera con la incomprensible falta de rotundidad de Zapatero en los días posteriores al atentado. Lo de hoy es el perfecto colofón de esa política de "cuanto peor, mejor" con la que nos han venido obsequiando Rajoy y adláteres en los últimos años. Han llegado al límite.

No hay justificación para su estruendosa ausencia de la manifestación, Sr. Rajoy, por más que busque explicaciones imposibles e intente irrisorias piruetas dialécticas. Ustedes no son idiotas (ojalá abandonaran la clase política para dejar paso a otros más capaces), son hipócritas. Se han querido colocar ante la sociedad como las víctimas de esta lamentable situación. Están completamente equivocados: las únicas víctimas son ellos: Carlos Alonso Palate y Diego Armando Estacio. Precisamente por ellos, muchos esperamos que la ciudadanía dé hoy un lección de democracia a esta clase política que nos ha tocado sufrir. Y deseamos, o mejor, exigimos, que la clase política reflexione en consecuencia. Desde aquí, todo nuestro apoyo a la manifestación de esta tarde.

martes, enero 02, 2007

... y próspero año nuevo

¿Hola?

Dice ahí arriba que ha comenzado un nuevo año. ¿Están seguros? Esto se parece sospechosamente al año pasado.

Me he levantado escuchando la misma música que ayer. Viendo el mismo video:



Incluso he comido lo mismo que anoche.

Es todo tan 2006. Qué sentido tiene cambiar de año si todo sigue igual. Ahora podría copiar aquí un texto del Walden sobre la renovación espiritual, los ciclos de la vida y todo eso; pero estoy cansado, no tengo ninguna gana, y ni siquiera estoy demasiado de acuerdo con Thoreau. Ni en esto ni en casi ninguna otra cosa. Aunque quizá exagero.

Bueno. Está lo de las promesas y los buenos propósitos. Una tradición. Como siempre, el nuevo año trae ánimos renovados y brinda nuevas oportunidades para el fracaso y la decepción.

Repasemos las tareas pendientes para 2007:

- No faltar más de un mes seguido a las clases de inglés.

- Escribir un best-seller de temática histórico-esotérica con elementos de polémica casposo-católica, y mandar al carajo la universidad.

- Comprar (un año después de la catástrofe) un nuevo tocadiscos.

Con respecto al blog:

- Comenzar una serie de minipodcasts. Una idea + 2-3 canciones + 1 texto breve + invitados de excepción + ...

- Leer el tarot a los amigos y lectores que lo soliciten (probablemente el primer tarot blogístico de la internés). Servicio totalmente gratuito, en principio.

- Retomar aquella idea de la "colección de aire" (o "breve catálogo de desapariciones literarias"), iniciada en la difunta y ya lejana Insula dulcamara.

- Convertir el blog en soporte de un fanzine (o algo así) descargable y autoeditable (y, probablemente, algo autista).

Hay más cosas, evidentemente, pero no las escribo porque son demasiado serias y temo que no se cumplan. Con respecto a lo que he escrito, me conformo con alcanzar siquiera uno de los objetivos expuestos. Aún así, me temo que apunto demasiado alto. Un año más.

Veremos.

De momento el año comienza sonando bien. Aunque sea la misma música que ayer. Es algo.

sábado, diciembre 16, 2006

El futuro era ayer

A estas alturas de siglo ya deberíamos andar todos por ahí embutidos en pijamas ajustados de colores chillones, disparando pistolas láser y conduciendo coches voladores.

Pero no.

El futuro no ha llegado. No se dejen engañar: nos han dado gato por liebre. ¿Quién necesitaba un ipod, un móvil con videocámara, un home cinema? Trastos inútiles, que nadie en su sano juicio compraría. Lo único que pedíamos era poder teletransportarnos a la otra punta del universo, contactar con gente exótica procedente de otros planetas, tener amigos (o enemigos) robots; qué menos que poder perdernos en algún suburbio asqueroso, entrar en un antro oscuro con un letrero de neón en japonés y pedir que nos hagan un ciberimplante para fardar delante de los amigos o sorprender a la parienta. No era tan difícil.

Empezamos a sentir nostalgia por cosas que nunca pasaron. Había muchos tipos de futuros posibles que, por un motivo u otro, no llegaron a cuajar (ni parece que lo vayan a hacer nunca), y que aún así (o precisamente por ello) nos resultan absolutamente entrañables: futuros eróticofestivos, futuros ye-ye, futuros terroríficos, futuros realmente inefables.

Hay quien parece que intenta reinventar alguno de esos futuros abortados, al menos en lo musical. O esa es la idea que me sugieren poderosamente algunos grupos, algunas canciones. Veo el video de "Supervitesse" de Mahogany, y me transporto automáticamente a un pasado reciente en el cual el futuro pintaba mucho mejor: más elegante, más limpio, más sixties.



Otro ejemplo: "Playgirl", de Ladytron: (maravilloso) abuso del sintetizador, motivos sesentones, algo de arqueología informática y unos enormes ojos azules.



Y, por último, "Come on, let's go" de Broadcast. Queda confirmado: el futuro es frío y aséptico; la gente, seria y distante; las miradas, perdidas, alienadas. Por supuesto, todo en blanco y negro y con interferencias. Nos gusta que sea así (nos hubiera gustado que fuera así). O a lo mejor es simplemente que Trish Keenan, tan adorable, con esa voz. Sí, quizá sea eso.

sábado, diciembre 09, 2006

Apuntes para un post improbable

Salvador Pániker, en "Aproximación al origen":

"Hoy sabemos que no "vemos" las cosas directamente. Es el espíritu/cerebro (mind) quien representa la realidad al cabo de un proceso de codificación y traducción. Esta conciencia de los "modelos" interpuestos es la responsable del clima de "idealismo" que nos tiene a todos tan desasosegados. La tentación es el nihilismo, o, en el otro extremo, el totalitarismo simplificador (el que finge recuperar simbólicamente la realidad perdida). Ocurre que cuando la realidad se hace mera representación, y la representación siempre es simbólica, se produce un síndrome de "irrealidad". Es la frustación que procede de sustituir los intercambios reales por los intercambios simbólicos."

Y Calvino, en "Mundo escrito y mundo no escrito":

"Este mundo que veo, lo que suele reconocerse como el mundo, se abre ante mis ojos -al menos en gran parte- ya conquistado y colonizado por las palabras; un mundo que lleva encima una pesada costra de discursos. Los actos de nuestra vida ya están clasificados, juzgados y comentados incluso antes de producirse. Vivimos en un mundo en el que todo ha sido ya leído antes incluso de comenzar a existir.

No se trata sólo de lo que vemos; nuestros propios ojos están saturados de lenguaje escrito. El hábito de leer transformó a lo largo de los siglos al Homo sapiens en Homo legens, pero no está claro que el Homo legens sea más sabio que antes."

El "problema" que analiza Pániker, y que de alguna forma se asoma también al texto de Calvino, viene a ser la incapacidad del hombre (occidental) para aprehender la realidad sin mediación de ningún sistema de codificación. Nuestra forma de experimentar e interpretar el mundo que nos rodea lleva implícito el establecimiento de una insalvable fisura entre el observador y lo observado, entre el sujeto y la realidad en la que vive, entre hombre y naturaleza, una fisura que se manifiesta en el lenguaje, en la inevitable conceptualización de todo lo que nos rodea. Independientemente de las innegables ventajas adaptativas que supone esta forma de aproximación a la realidad, no podemos ignorar las contrapartidas que lleva asociadas. Entre ellas, la incapacidad para asumir la aplastante multiplicidad, la infinitud de una realidad en esencia inabarcable. Como consecuencia de esto, corremos siempre el riesgo de caer en la tentación que representan ciertas doctrinas y sistemas de pensamiento totalizadores, mentiras anestesiantes que nos hacen más soportable tanto la intolerable inmensidad de lo que nos rodea como la cruel intrascendencia de nuestra existencia; creencias religiosas pero también mitologías profanas. En ambos casos, el lenguaje es siempre la trampa. ¿Alguna posibilidad de escape, alguna salida a este laberinto? La solución, según Pániker, sería ejercitar una cierta capacidad mística (lo místico entendido como experiencia pura de lo real); un misticismo, eso sí, perfectamente compatible con nuestro racionalismo crítico. De ahí el interés actual por ciertas filosofías orientales, y entre ellas, la gran atracción que el budismo ejerce sobre la mentalidad occidental.

Borges, en "¿Qué es el Budismo?", sobre el budismo zen:

"Nuestros hábitos mentales obedecen a los conceptos de sujeto y de objeto, de causa y efecto, de lo probable y de lo improbable y a otros esquemas lógicos que nos parecen evidentes; la meditación, que puede exigir muchos años, nos libra de ellos y nos prepara para ese súbito relámpago: el satori.

Desconfiar del lenguaje, de los sentidos, de la realidad del pasado propio o ajeno y aun de la existencia del Buddha, son algunas de las disciplinas que debe imponerse el adepto. En ciertos monasterios, las imágenes del Maestro de utilizan para alimentar el fuego; las escrituras sagradas se destinan a fines innobles (...)

(...) Para provocar el satori el método más común es el empleo del Koan, que consiste en una pregunta cuya respuesta no corresponde a las leyes lógicas."

En "El Pabellón de Oro", Mishima expone este famoso Koan (como no consigo encontrarlo en el libro, lo tomo de aquí):

"En el monasterio de Nansen, en una ocasión, los monjes del Pabellón Oriental disputaron con los del Pabellón Occidental por la posesión de un gato. El maestro detuvo el tumulto al atrapar al animal. Alzó luego al pequeño felino frente a los monjes. Entonces, anunció: "Si alguien puede decir algo que salve al pobre animal, lo dejaré ir". Nadie expresó ninguna afirmación que pudiera salvar a la desdichada criatura. Entonces, el maestro partió en dos a su prisionero. Luego, llegó el maestro Joshu. Nansen le comentó los hechos y le preguntó qué hubiera dicho para salvar al pequeño y frágil pariente del tigre. Joshu se despojó de sus sandalias y las colocó sobre su cabeza. Nansen comprendió, y aseguró: "Si en este momento hubieses estado aquí, habrías salvado al gato."

¿Somos capaces de superar la inercia de milenios y suprimir, aun por un mero instante, el rígido esquema lógico que utilizamos para interpretar la realidad?

martes, noviembre 28, 2006

Sobre la necesidad de lo fantástico (III): la literatura como refugio

Italo Calvino, sobre los cuentos fantásticos del siglo XIX:

"Para nuestra sensibilidad actual, el elemento sobrenatural, en el centro de la trama, aparece siempre cargado de sentido, como una rebelión del inconsciente, de lo reprimido, de lo olvidado y de lo alejado por nuestra atención racional. En esto se muestra la modernidad de lo fantástico y la razón de su mismo éxito en nuestra época. Advertimos que lo fantástico nos revela cosas que nos conciernen directamente, aunque estemos menos predispuestos que los lectores decimonónicos a dejarnos sorprender por apariciones y fantasmagorías, o estemos preparados para disfrutarlas de otro modo, como elementos característicos de la época."

"Cuentos fantásticos del XIX", Italo Calvino.

Es necesario matizar: 1) Calvino habla aquí de literatura fantástica en el sentido que la tradición francesa otorga a este término: en palabras del autor, "fantastique se refiere casi siempre a elementos macabros, como las apariciones de fantasmas de ultratumba", y no está tan directamente asociado al concepto más amplio de fantasía como sucede en el contexto italiano o español; 2) según afirma Todorov, lo fantástico deja siempre un resquicio a la explicación racional, mientras que lo maravilloso presupone la aceptación de lo inexplicable, como sería el caso de las fábulas o de los cuentos de "Las mil y una noches" (y también, claro, de algunas obras de Calvino).

A la luz de esta breve reflexión, y a pesar de las limitaciones que entrañan las dos acotaciones anteriores, pensemos ahora en lo fantástico (en su acepción más amplia) en la obra de Calvino. Hipótesis de partida: Calvino no percibe lo fantástico como una vía de escape de la realidad, sino como un instrumento que puede ayudarnos a comprender mejor la realidad. A diferencia de Cortázar y Cunqueiro, para Calvino lo fantástico es útil, no necesario; lo fantástico es un medio, no un fin en sí mismo. En los cuentos del XIX, la utilidad de lo inverosímil o lo sobrenatural está vinculada a la revelación del subconsciente; en las obras fantásticas del propio Calvino, lo maravilloso es utilizado como un espejo donde reflejar de forma simbólica la realidad, o bien como un vehículo para explorar determinados aspectos de lo real que, paradójicamente, no podrían ser abordados satisfactoriamente desde una literatura de corte realista. Pienso, por ejemplo, en la trilogía de "Nuestros antepasados", en "Las ciudades invisibles", o en "El castillo de los destinos cruzados": el carácter fantástico de estas obras hace que puedan ser leídas como meros divertimentos, intrascendentes ejercicios de huida de la realidad; una lectura mínimamente exigente desvela la enorme riqueza de significados que se esconden bajo la inocente apariencia de la fábula.

¿Niega Calvino esa finalidad escapista que otros atribuyen a la literatura fantástica? Creo que no; de hecho, en la conferencia "Mundo escrito y mundo no escrito", el escritor parece extender esta función a la literatura en general, sin distinción entre géneros. La literatura como refugio frente a una realidad esencialmente inabarcable, impredecible, incomprensible:

"Pertenezco a esa parte de la humanidad -una minoría a escala planetaria pero creo que una mayoría entre mi público- que pasa gran parte de sus horas de vigilia en un mundo especial, un mundo hecho de líneas horizontales en el que las palabras van una detrás de otra y en el que cada frase y aparte ocupan su lugar debido: un mundo que puede ser muy rico, quizá incluso más rico que el no escrito, pero que, en cualquier caso, requiere cierto trato especial para situarse dentro de él. Cuando me aparto del mundo escrito para reencontrar mi lugar en el otro, en lo que solemos llamar el mundo, hecho de tres dimensiones, cinco sentidos y poblado por miles de millones de seres como nosotros, esto equivale para mí a repetir, cada vez, el trauma del nacimiento, a dar forma de realidad inteligible a un conjunto de sensaciones confusas y a elegir una estrategia para enfrentar lo inesperado sin que me destruya (...)

(...) Mientras espero a que el mundo no escrito se aclare ante mis ojos, siempre hay una página escrita al alcance de mi mano en la que puedo volver a zambullirme; me apresuro a hacerlo con la mayor satisfacción: en ella, al menos, aunque logre comprender tan sólo una pequeña parte del total, puedo hacerme la ilusión de tenerlo todo controlado."

"Mundo escrito y mundo no escrito", Italo Calvino.

(Las citas han sido tomadas de un volumen recopilatorio de ensayos y artículos que precisamente toma su título de ésta última conferencia, "Mundo escrito y mundo no escrito", y que ha sido publicado recientemente por Siruela).