lunes, febrero 11, 2008

El imperio de los signos

En "El imperio de los signos" (Seix Barral, 2007), Roland Barthes realiza una peculiar lectura de la cultura y la sociedad japonesa: todo en Japón es lenguaje, desde la comida hasta las representaciones teatrales, las máquinas tragaperras (pachinko) o la estructura de la ciudad: un lenguaje en el que todo el peso recae sobre el significante, mientras que el sentido es sustituido por el vacío.

"El sueño: conocer una lengua extranjera (extraña) y, sin embargo, no comprenderla: percibir en ella la diferencia, sin que esta diferencia sea jamás recuperada por la socialización superficial del lenguaje, comunicación o vulgaridad; conocer, refractadas positivamente en una lengua nueva, las imposibilidades de la nuestra; aprender la sistemática de lo inconcebible; deshacer nuestro "real" bajo el efecto de otras escenas, de otras sintaxis; descubrir posiciones inauditas del sujeto en la enunciación, trasladar su topología; en una palabra, descender a lo intraducible, sentir su sacudida sin amortiguarla jamás, hasta que en nosotros todo el Occidente se estremezca y se tambaleen los derechos de la lengua paterna, la que nos viene de nuestros padres y que nos convierte, a su vez, en padres y propietarios de una cultura que precisamente la historia transforma en "naturaleza". Sabemos que los conceptos principales de la filosofía aristotélica han sido de alguna manera forzados por las principales articulaciones de la lengua griega. Por el contrario, cuán beneficioso sería trasladarse a lo largo de una visión de las diferencias irreductibles que pudiera sugerirnos, como por vislumbres, una lengua muy lejana."

Conocer lo que realmente somos parece imposible si no es mediante el conocimiento del otro; sólo a través de la mirada ajena (la cultura, la lengua extraña) podemos percibir aquello que nuestra forma de mirar (la cultura, la lengua propia) no nos permite ver.

1 Comentario:

pelao dijo...

ciertas contrapciones
"psicodelficas" pueden hacerte sentir ese ideal barthesiano en el calido hangar de tu lengua materna, desposeida ya de la caducidad imponentemente refractaria...hm, me estoy imaginando una mesa "redundra" con mckenna, joyce y barthes...joder, saltarian chispas de puro poder flotiglotal!
tus posts siempre azuzando...gens.
salud.