jueves, diciembre 27, 2007

Goma arábiga y tinta china

1) Papá Noel me trajo un precioso libro en blanco, encuadernado a mano. Tengo guardado por ahí algún que otro cuaderno en blanco, comprado o preparado cuidadosamente por algún ser querido. Siempre me da miedo estropear estos cuadernos con escritos inútiles o dibujos fallidos. Este temor puede derivar, al menos en parte, del abuso del ordenador: uno se acostumbra a modificar, borrar, cortar, pegar, corregir los textos o las imágenes a golpe de ratón, hasta que adquieren más o menos la forma deseada. Sobre el papel, cada palabra, cada trazo, cada acto es definitivo. Hay algo de vértigo en esa idea. En esto, escribir en un cuaderno se parece a la vida.

En el fondo, el miedo al papel es una consecuencia directa de mi inseguridad. Una vez comencé a escribir en uno de estos cuadernos. Cada vez que revisaba un texto y llegaba a la conclusión de que no era lo suficientemente valioso, arrancaba las hojas. Al cabo de un tiempo me di cuenta de que al cuaderno sólo le quedaban un puñado de páginas. Las que tenían algo escrito sólo estaban esperando una futura e inclemente revisión; un poco más tarde, inevitablemente, las páginas todavía en blanco correrían la misma suerte.

El cuaderno es, como apuntaba, una metáfora de la vida. Una metáfora algo tonta, o cursi, quizá demasiado fácil; pero aún así efectiva. Podría eliminar de mi vida aquellos días que no considero perfectos, arrancar el recuerdo de mis actos como si fueran hojas. Si soy excesivamente severo, al final me quedaría tan solo con las tapas del cuaderno. La vida es necesariamente imperfecta, sucia, llena de borrones, tachones. Uno va aprendiendo a valorar todas esas incorrecciones como la materia prima que da forma a nuestras horas. El error (su acumulación) es necesario para que, de vez en cuando, surja un destello de perfección. No es un secreto el hecho de que, a menudo, un error fortuito encierra una mayor belleza, una mayor felicidad, que la más perfecta ejecución de una idea. La propia noción de lo perfecto comienza a parecerme algo sospechosa.

Digo todo esto para justificarme o para animarme: voy a empezar a utilizar los cuadernos, y no voy a arrancar las páginas. A uno le gustaría que la metáfora funcionase también de forma inversa: que cambiar la actitud ante la hoja de papel significase cambiar la actitud ante la vida. Las navidades son fechas propicias para imaginar grandes cambios y hacer promesas absurdas; por tanto, será mejor no dejarse llevar en exceso por lo simbólico, y centrarse en lo inmediato: tengo los lápices, los rotuladores, y he comprado un bote de goma arábiga... Estoy listo para mancharme.

2) La goma arábiga es para hacer collages. Recortar y pegar, como en el colegio. A veces encuentro por ahí imágenes o cosas que me atraen y que me apetecería conservar, o darles un nuevo sentido. Me gusta, por ejemplo, el cuaderno de Camilla Engman:



3) Recuerdo que en mi casa, cuando era pequeño, había goma arábiga y tinta china. Las utilizaban mis hermanos. Hay algo realmente magnífico en esos nombres: el propio acto de dibujar o de pegar adquiere connotaciones de viaje a lugares remotos.

Creo que voy a comprar un bote de tinta china. Quizá pueda adoptar a un mono de la tinta:

"Este animal abunda en las regiones del norte y tiene cuatro o cinco pulgadas de largo; está dotado de un instinto curioso; los ojos son como cornalinas, y el pelo es negro azabache, sedoso y flexible, suave como una almohada. Es muy aficionado a la tinta china, y cuando las personas escriben, se sienta con una mano sobre la otra y las piernas cruzadas esperando a que hayan concluído y se bebe el sobrante de tinta. Después vuelve a sentarse en cuclillas, y se queda tranquilo."

(Wang Ta-Hai, 1791; tomado de "El libro de los seres imaginarios" de Borges y Margarita Guerrero)

jueves, diciembre 13, 2007

París

Se va yendo, lentamente, el otoño; tras de él queda un rastro agridulce: hubo momentos buenos, pero también muchas horas muertas y una pesada capa de melancolía que lo cubría todo. Si tuviera que rescatar una única cosa de todo lo sucedido en estos meses, me quedaría con los fines de semana pasados en París con mi querida Martita.


Me quedo con las cenas que preparaba Martita en su buhardilla de 10 metros cuadrados, y que me reconfortaban después de más de siete horas de autobús; pero también con los paseos nocturnos por Sant Germain, los escaparates de Le Marais, la pequeña librería española, las tartas de chocolate en Au Lys d'Argent, ese vino "luchador"...


Hago mías las palabras de Zach Condon, el cantante y alma del grupo Beirut: "Once we got there, we kept trying to go to other places, but we didn't feel like traveling so much as being in Paris".


... pero a esa sensación de viaje, de descubrimiento continuo, de lugar inagotable, hay que sumarle un aire de familiaridad, extrañamente acogedor.


Las fotos las pone Martita; la música, claro está, Beirut.

miércoles, diciembre 12, 2007

Indeterminacy

Vía Pitchfork, reencuentro una magnífica página web dedicada a John Cage: Indeterminacy. La descubrí hace tiempo, me fascinó, y luego la olvidé. Podría haberla guardado en la carpeta de favoritos, pero probablemente su destino hubiera sido el mismo: casi nunca reviso los favoritos; cuando se acumulan demasiados, borro la lista.

Eddie Kohler, responsable de Indeterminacy, explica el contenido de la página:

"John Cage was an American composer, Zen buddhist, and mushroom eater. He was also a writer: this site is about his paragraph-long stories – anecdotes, thoughts, and jokes. As a lecture, or as an accompaniment to a Merce Cunningham dance, he would read them aloud, speaking quickly or slowly as the stories required so that one story was read per minute.

This site archives 190 of those stories. Each story is spaced out, as if it were being read aloud, to fill a fixed area. If you like, you can also read them aloud at a rate of one a minute."


Un ejemplo:

A young man in Japan arranged his circumstances
so that he was able to travel to a distant island
to study Zen with a certain Master for a
three-year period. At the end of the three
years, feeling no sense of accomplishment,
he presented himself to the Master and
announced his departure. The Master said,
“You’ve been here three years. Why don’t
you stay three months more?” The student agreed,
but at the end of the three months he still
felt that he had made no advance. When he
told the Master again that he was leaving,
the Master said, “Look now, you’ve been here
three years and three months. Stay
three weeks longer.” The student did, but
with no success. When he told the Master
that absolutely nothing had happened, the
Master said, “You’ve been here three years,
three months, and three weeks. Stay
three more days, and if, at
the end of that time, you have not
attained enlightenment, commit
suicide.” Towards the end of the
second day, the student was enlightened.

En su conjunto, las historias forman un curioso collage de filosofía zen, teoría musical, micología, anécdotas y recuerdos, todo ello regado con el sentido del humor y la vitalidad desbordante de Cage. Su lectura no sólo nos permite conocer la atractiva personalidad de uno de los compositores más influyentes del siglo XX, también nos ayuda a interpretar y entender su obra musical. La página está diseñada de tal forma que las historias se muestran aleatoriamente (no podía ser de otra forma); pulsar el botón para que aparezca la siguiente historia se puede convertir en una tentación difícilmente evitable, casi una adicción.

martes, noviembre 20, 2007

Del papel al bit, del bit al papel

Ya no es noticia que Amazon haya sacado al mercado un lector de e-books: para cuando alguien lea este post, este hecho estará sepultado por una o dos toneladas de información más reciente. Pero a mí, en realidad, poco me interesa la actualidad del asunto; ni siquiera me llama la atención el nuevo cachivache. Simplemente voy a aprovechar la coyuntura para darle otra vuelta de tuerca al asunto del futuro del libro (quizá a estas alturas deberíamos hablar más bien del presente del libro), y de paso poner unos cuantos enlaces pendientes que tenía medio olvidados.

¿Por dónde empezar? Cabe preguntarse en primer lugar cuál es el sentido de diseñar un trasto para leer libros, cuando el formato tradicional parece gozar de plena salud, y más aún, cuando las supuestas ventajas que pueda ofrecer la tecnología (es más ecológico, puedes descargar inmediatamente una obra allí donde estés) difícilmente compensan el notable desembolso que debe hacer el usuario. Una aclaración necesaria: yo no puedo dar una opinión totalmente objetiva sobre este asunto: me gusta el libro como objeto, no sólo como medio para transmitir información, y pienso que una pantalla nunca podrá igualar las sensaciones (visuales, táctiles, incluso olfativas) que proporciona una cuidada edición en papel: sensaciones que complementan y amplifican maravillosamente el mismo placer de la lectura. Lo que sí puedo hacer es intentar asumir una postura más fría, y analizar la sustitución tecnológica del papel impreso desde un punto de vista estrictamente utilitario. Para ello, partiré de mi propia experiencia laboral. En mi rutina diaria, me veo obligado a manejar multitud de informes, documentos y artículos científicos a los que accedo a través de internet. Soy el primero en reconocer la increíble ventaja que nos proporciona la tecnología para obtener de forma inmediata toneladas de información que antes estaba fuera de nuestro alcance (a menudo me pregunto cómo podía trabajar o investigar la gente antes de toda esta revolución de las redes). Pero una vez que llega el momento de trabajar con los documentos cosechados y, sobre todo, después de haber seleccionado los textos que realmente hay que analizar a fondo... entonces llega el turno de la impresora, de la grapadora y de los lápices. Uno imprime los documentos en cuestión; y luego los subraya, a veces con varios colores, y hace anotaciones en los márgenes y esquemas en el reverso, coloca señaladores adhesivos, dibuja inmisericordes exclamaciones o interrogaciones sobre el texto: en definitiva, un servidor tortura el documento en papel hasta que extrae de él hasta el último dato relevante, y luego lo guarda, coloreado, exhausto y malherido, en el archivador, por si hubiera que repetir el procedimiento en un futuro. No soy el único que actúa así: veo que mis compañeros mantienen la misma dinámica de trabajo. La conclusión a la que llego es la siguiente: tanto si se trata de la lectura por placer como de la lectura por motivos de trabajo, leer conlleva un proceso físico, indisociable del proceso intelectual, y en este sentido, las cualidades físicas que aporta el papel no son superadas, por el momento, por ningún formato digital.

Avancemos algo más en nuestra reflexión sobre las relaciones entre mensaje y formato. A menudo se establece una dicotomía entre la eficiencia y frialdad asociada a los nuevos medios de transmisión de información, y la componente estética, sensual e incluso sentimental que parece indisociable del aparentemente menos funcional soporte físico del libro. Pero la realidad no es tan simple. Cualquiera que haya navegado lo suficiente por la blogosfera habrá descubierto que la red siente una particular fascinación por los libros, sobre todo por las ediciones ilustradas, los volúmenes antiguos o los libros de artista; es decir, por aquellas obras donde la forma importa al menos tanto como el contenido. Algunos de los más exquisitos blogs de toda la red están dedicados exclusivamente a esta temática; baste citar los insignes Bibliodissey y Giornale Nuovo (cuya aventura acabó, tristemente, hace poco), o el magnífico Books by its cover; otros muchos blogs, entre los cuales se encuentra este que el lector tiene ante sus ojos, publican con cierta frecuencia posts dedicados a libros curiosos o antiguos. Pongamos un ejemplo práctico de esta tendencia: ¿cómo, si no es a través de la red, podríamos tener acceso hoy en día a una obra tan rara y fascinante como "The Snauters: Form and Life of the Rhinogrades", publicado en los años cuarenta por el inexistente naturalista alemán Harald Stümpke (en realidad, un profesor de zoología llamado Gerolf Steiner)?


Hemos de agradecer a Curious Expeditions la información que proporciona sobre esta pequeña obra maestra de la pseudociencia, y al autor de Forbidden Music el haberse tomado el tiempo necesario para escanear y subir varias páginas de la misma a su cuenta de Flickr. Es, como decimos, sólo un ejemplo de cómo la pantalla, por fría que sea, es a veces el único medio que nos permite gozar de ciertos placeres bibliófilos, difícilmente accesibles de otra forma.

Los libros, por tanto, a veces se transforman en posts. Pero más curioso es, si cabe, cuando ocurre el proceso opuesto: y es que a veces los posts acaban dando lugar a un libro. Si el libro salta al formato digital para salir del olvido de las estanterías y las vitrinas, el blog se vierte al formato físico para evitar que su contenido se pierda para siempre en la incesante y voraz marea de la red. Porque el ritmo que impone la blogosfera es el de la novedad continua, aun a costa de que multitud de artículos y reflexiones valiosas caigan en el olvido casi inmediatamente después de salir a la luz. Como dijo alguien, un blog es una conversación, y como en una conversación, las palabras se las lleva el viento... o en su caso una avalancha de feeds. La cuestión es que los seres humanos tenemos una cierta necesidad de que lo que hacemos perdure en el tiempo, quizá para paliar la dolorosa fugacidad de nuestra existencia, y puestos a dejar una huella en el mundo, nada mejor que recurrir al viejo recurso del libro. Un buen ejemplo de esto es el libro de BLDGBLOG, cuya aparición está prevista para 2009; sería una pena que tantas y tan interesantes reflexiones sobre la arquitectura, el paisaje y la ciudad (y sobre muchas otras cosas) se perdieran en el inmenso océano de la red...


Para terminar de rizar el rizo, un último apunte: otro blog que ha decidido dar el salto al formato impreso es el ya mencionado Bibliodissey. ¿No es magnífico que un blog dedicado a la recopilación de ilustraciones, grabados y manuscritos digitalizados y dispersos por la red (y en su mayoría difícilmente accesibles si no es a través de internet), acabe convertido finalmente en libro? En este caso, este paso supone cerrar un círculo maravilloso: del papel al bit, y del bit al papel. Antes que matar al libro, internet parece mantener con él una curiosa y fructífera simbiosis...


¿Alguien se atreve a afirmar todavía que el libro está a punto de morir?

sábado, noviembre 17, 2007

Walkscapes (II): Walkabout and songlines

Para Francesco Careri, no sólo creamos paisaje llenando el territorio de objetos, sino también llenándolo de significados. La práctica de otorgar un sentido simbólico al medio que nos rodea se remonta a tiempos remotos en la historia de la humanidad. Uno de los ejemplos más antiguos (y a la vez más originales) que ha persistido hasta nuestros días es el caso de los aborígenes australianos y su walkabout:


"El walkabout es el sistema de recorridos a través del cual los pueblos de Australia han cartografiado la totalidad del continente. Cada montaña, cada río y cada pozo pertenecen a un conjunto de historias/recorridos -las vías de los cánticos (o songlines)- que, entrelazándose constantemente, forman una única "historia del Tiempo del Sueño (Dreamtime)", que es la historia de los orígenes de la humanidad. Cada recorrido va ligado a un cántico, y cada cántico va ligado a una o más historias mitológicas ambientadas en el territorio. Toda la cultura de los aborígenes australianos -transmitida de generación en generación a través de una tradición oral todavía activa- se basa en una compleja epopeya mitológica formada por unas historias y unas geografías que ponen el énfasis en el propio espacio. A cada vía le corresponde su propio cántico, y el conjunto de las vías de los cánticos forma una red de recorridos errático-simbólicos que atraviesan y describen el espacio como si fuera una guía cantada. Es como si el Tiempo y la Historia fuesen reactualizados una y otra vez "al andarlos", al recorrer una y otra vez los lugares y los mitos ligados a ellos, en una deambulación musical que es a la vez religiosa y geográfica."

(La imagen que acompaña el post es una obra de Phylis Thomas; la encontré aquí)

jueves, noviembre 15, 2007

Walkscapes (I): A la deriva

Estoy leyendo Walkscapes. El andar como práctica estética, de Francesco Careri. Puedo discrepar de algunas de las ideas que Careri sostiene sobre el paisaje o sobre la ciudad, pero estos desencuentros no hacen sino aumentar la innegable potencia inspiradora del libro: me obligan a afrontar nuevas perspectivas de análisis, me fuerzan a repensar lo que ya daba por sabido añadiendo nuevos matices y asumiendo otros puntos de vista.


En Walkscapes, Careri recoge el testigo de dadaístas, surrealistas y situacionistas, y nos incita a deambular por la ciudad actual, a perdernos sin rumbo fijo en el dédalo urbano; caminar por las calles y los espacios abiertos saliéndonos de los recorridos preestablecidos, huyendo de nuestra ruta habitual: esta es la única vía para encontrarnos con ese territorio nómada que se esconde en los intersticios de la ciudad sedentaria. Los espacios transitorios, impensados e imprevistos, que en su día los dadaístas calificaban de banales y los surrealistas identificaban como el inconsciente de la ciudad, constituyen la cara oculta y desconocida del paisaje urbano, la imagen inversa de los no-lugares descritos por Augé: mientras que un no-lugar (un aeropuerto, un espacio comercial) está diseñado intencionadamente para ser un espacio impersonal, donde el significado y la identidad se diluyen en aras de la eficiencia y la seguridad, el espacio nómada es un espacio indefinido, no planificado, pero al mismo tiempo cargado de sentido. El retrato de la ciudad actual está incompleto sin la toma en consideración de su otro yo, constituido por lo que Careri llama las "amnesias urbanas".


"Las transformaciones, los desechos y la ausencia de control han producido un sistema de espacios vacíos (...) que pueden ser recorridos caminando a la deriva, como en los sectores laberínticos de la New Babylon de Constant: un espacio nómada ramificado como un sistema de veredas urbanas que parece haber surgido como producto de la entropía de la ciudad, como uno de los futuros abandonados descritos por Robert Smithson. Entre los pliegues de la ciudad han crecido espacios de tránsito, territorios en constante transformación a lo largo del tiempo. En estos territorios es posible superar, en estos momentos, la separación milenaria entre los espacios nómadas y los espacios sedentarios."


Las imágenes que acompañan el post son obra de esperantonia. Más, muchas más fotos que recogen el espíritu de la exploración urbana, en estos pools de flickr: Urbex, Urban Decay, Urban Fragments.

lunes, noviembre 12, 2007

Un libro raro

En Historia de un libro raro, Luigi Serafini desvela al periodista Francesco Manetto el misterio del famoso Codex Seraphinianus. Detrás de ese imaginario extraño y deslumbrante y de ese lenguaje indescifrable no se escondía ninguna influencia extraterrestre, como sugerían algunos, ni complicados juegos matemáticos, como apuntaban otros.



El secreto era, simplemente, que no había secreto. Lo único que había que hacer era mirar el Códex con los ojos de un niño: "para descifrar el lenguaje no sirve de nada saber leer. Sólo hay que ser niño, o volver a ser pequeño. Si hubiera tenido un Codex a los cinco años habría sido feliz."

jueves, noviembre 08, 2007

Urban fiction

Paisajes urbanos desolados, impersonales, vacíos...


... que esconden microscópicas explosiones de vida


Ciudades que parecen meros decorados (lo son)...


... y vidas que parecen meros simulacros (o no)


Una bonita metáfora visual sobre la vida en la ciudad, Urban Fiction, de la artista china Xing Danwem. No dejen de leer sus reflexiones.

(Robado, con permiso, de Efímera)

AJ, EP

"There is a 41-year-old woman, an administrative assistant from California known in the medical literature only as "AJ," who remembers almost every day of her life since age 11. There is an 85-year-old man, a retired lab technician called "EP," who remembers only his most recent thought. She might have the best memory in the world. He could very well have the worst."

Así comienza este magnífico reportaje que se lee casi como un relato, porque posee la capacidad de emocionarnos, y porque abre a nuestros ojos el abismo de lo que somos. También porque tiene ese punto irreal, casi borgiano, por el cual la lógica cotidiana se subvierte, se distorsiona hasta el punto de que podemos contemplar la propia realidad desde un nuevo prisma más revelador. Y quizá, también, más aterrador.

"My memory flows like a movie—nonstop and uncontrollable," says AJ (...) "I remember good, which is very comforting. But I also remember bad—and every bad choice," she says. "And I really don't give myself a break. There are all these forks in the road, moments you have to make a choice, and then it's ten years later, and I'm still beating myself up over them. I don't forgive myself for a lot of things. Your memory is the way it is to protect you. I feel like it just hasn't protected me. I would love just for five minutes to be a simple person and not have all this stuff in my head. "Most people have called what I have a gift," AJ says, "but I call it a burden."


En el caso de AJ, resulta evidente, la referencia a Borges no era gratuita:

"In his short story "Funes the Memorious," Jorge Luis Borges describes a man crippled by an inability to forget. He remembers every detail of his life, but he can't distinguish between the trivial and the important. He can't prioritize, he can't generalize. He is "virtually incapable of general, platonic ideas." Perhaps, as Borges concludes in his story, it is forgetting, not remembering, that is the essence of what makes us human. "To think," Borges writes, "is to forget."

El caso de EP nos resulta más familiar, más cercano
. No obstante, el poso de lo irreal, de lo terrible, sigue presente en este reverso de la historia de AJ o de la historia de Funes. Habrá que recordarle a Borges que tampoco es el olvido lo que nos hace humanos...

"
We cross the street and I'm alone with EP for the first time. He doesn't know who I am or what I'm doing at his side, although he seems to sense that I'm there for some good reason. He is trapped in the ultimate existential nightmare, blind to the reality in which he lives. The impulse strikes me to help him escape, at least for a second. I want to take him by the arm and shake him. "You have a rare and debilitating memory disorder," I want to tell him. "The last 50 years have been lost to you. In less than a minute, you're going to forget that this conversation ever even happened." I imagine the sheer horror that would befall him, the momentary clarity, the gaping emptiness that would open up in front of him, and close just as quickly. And then the passing car or the singing bird that would snap him back into his oblivious bubble."


En caso de tener que afrontar la terrible elección, ¿qué preferirías? ¿Vivir encerrado en la tortuosa celda de tus recuerdos? ¿O disolverte en la plácida nada del olvido?

(Agradezco el hallazgo a 3quarksdaily)

martes, noviembre 06, 2007

Ape, Fish, Book

El otro día pasamos por la Artis Library de la Universidad de Amsterdam para ver la exposición Ape, Fish, Book. Linnaeus in Amsterdam, una pequeña pero interesante muestra que viene a conmemorar el 300 aniversario del nacimiento del célebre naturalista sueco. Se exhiben varias obras de Linneo publicadas originariamente en Holanda, así como otros volúmenes de botánica y zoología procedentes de los bien surtidos fondos de la Artis Library; algunos animales disecados o conservados en recipientes completan el material expuesto.


Como toda la información que se ofrece en la exposición está en holandés, nuestra atención se tuvo que centrar en la dimensión estética de los libros, láminas y especímenes disecados que nos esperaban tras las vitrinas. Al fin y al cabo, es el atractivo visual de los tratados botánicos y zoológicos del XVIII lo que nos llevó a la muestra. Durante esta época, el cuidado con el que se elaboraban los dibujos para ilustrar las descripciones de las diversas especies animales y vegetales podía responder más a una necesidad científica que meramente artística, pero el resultado en ocasiones era realmente bello, sugerente, y a veces también maravillosamente ingenuo. La siguiente imagen procede de la Metamorfosis de Maria Sibylla Merien, una de las obras expuestas en la Artis Library:

Me llama la atención el carácter sobrehumano de la tarea de Linneo: afrontar la clasificación del conjunto de los seres vivos supone un reto de dimensiones excepcionales. Poner orden en el caos de la naturaleza; dividir, compartimentalizar y sistematizar el flujo continuo de la vida: la voluntad titánica del naturalista es una muestra de la grandeza del ser humano; y sin embargo, el resultado de este inmenso esfuerzo clasificatorio viene a demostrar al mismo tiempo la insignificancia del hombre, reducido a una especie más, diluido en la inabordable diversidad de la naturaleza. La percepción que Linneo tenía del mundo natural era todavía limitada, estática: creía en la génesis divina de todas las especies existentes, y aunque su sistema de clasificación exponía a la luz vínculos y lazos que apuntaban a un origen evolutivo de las especies, el ilustre naturalista pensaba que simplemente estaba poniendo de relieve los pormenores del plan de una inteligencia creadora. De alguna forma, Linneo viene a completar la tarea originaria de Adán:

(Genesis 2:19) Jehová Dios formó, pues, de la tierra toda bestia del campo, y toda ave de los cielos, y las trajo a Adán para que viese cómo las había de llamar; y todo lo que Adán llamó a los animales vivientes, ese es su nombre.

Curioseando en la red sobre estas cuestiones me encuentro con A Romantic Natural History, una página que explora las conexiones entre la literatura romántica y el desarrollo de las ciencias naturales antes de Darwin. La idea es sumamente atractiva, y aparte está sazonada con ilustraciones maravillosas:


Volviendo a la exposición, otra cosa que me ha llamado la atención es la aparición del llamado "hombre salvaje" u "hombre de los bosques" en varias de las obras expuestas. El conocimiento de la historia natural en el siglo XVIII era necesariamente incompleto, deficiente; los listados de especies incluían a veces animales mitológicos y monstruos de diverso pelaje. El hombre salvaje aparece aquí como un paso intermedio entre el simio y el hombre civilizado; se trata de un viejo mito que todavía pervive en diversas formas a lo largo y ancho del globo, pero que en los antiguos tratados de zoología parece un poderoso anticipo de las ideas de Darwin. La wikipedia ubica el origen del hombre salvaje en la Edad Media y señala su notable influencia en la herádica europea. Me gusta como la iconografía representa habitualmente a estos seres: completamente peludos, apoyados en un bastón, sentados a veces en un banco de madera como signo de su superioridad sobre sus parientes simiescos. La imagen siguiente procede de la Antropometamorphosis de John Bulwer (1658):


Para terminar este post que empezó como un mero apunte y que ha ido creciendo y creciendo sobre la marcha, enlazo una última nota sobre la Antropometamorphosis que he encontrado en 3quarksdaily. Punto y aparte.

lunes, octubre 29, 2007

Llego tarde...

... al blog de Carson Ellis. Lo cerró a principios de septiembre; desde principios de año venía publicando allí una imagen al día, sacando así a la luz todos los dibujos, acuarelas y bocetos que había ido acumulando a lo largo de los últimos años.


Algunas de la obras que aparecen en el blog son ya conocidas por los que venimos admirando el talento de Carson desde hace tiempo (y también por los fans de los Decemberists, si es que una cosa no conlleva la otra); el resto sigue la misma (maravillosa) línea de siempre: el trazo claro, suave; los colores delicados; y sobre todo ese aire ingenuo, antiguo, a veces exótico. ¿Cómo hace esta mujer para que todas y cada una de sus imágenes, hasta las más simples (esas botas, o la vieja cámara de fotos), parezcan querer contarnos una historia? Son ilustraciones creadas para acompañar textos inexistentes, cuyo hilo argumental, apenas insinuado, debe ser tejido por el propio observador...


Pero, otras veces, la historia existe de verdad: muchas de las creaciones de la artista nacen como acompañamiento visual a las literarias canciones de su pareja, Colin Meloy. Aún más: recientemente, Carson ha ilustrado un libro infantil: The Misterious Benedict Society. Desconcozco si el texto merece o no la pena, pero me temo que un libro ilustrado por Ms. Ellis es demasiado tentador...

jueves, octubre 25, 2007

La memoria, la placidez

1) Vuelvo unos días a Sevilla. Hablo con mi madre; de muchas cosas: la comida holandesa, el precio de la vivienda, los asuntos del barrio; también de política, y de los comentarios de ciertos políticos, y por supuesto de aquél periodo de extrema placidez que yo no llegué a conocer, pero que para ella es una parte indisociable de su vida. Las personas estamos constituidas de sueños y de recuerdos; a medida que la edad avanza, los recuerdos van ocupando lentamente el hueco de los sueños; al final somos poco más que un recipiente repleto de memoria. La edad de mi madre hace que, aun manteniendo vivos ciertos sueños, vuelva con frecuencia la mirada al pasado.

Mi madre nació en el 37, en Extremadura; su memoria abunda por tanto en imágenes de la época de la placidez extrema: son los recuerdos de su infancia y retorna a ellos, se diría, con total naturalidad. Hablamos largamente sobre aquellos tiempos, y me cuenta, entre tantas otras cosas, de cómo unos guardias civiles mataron a un chico de 18 años, en la plaza del pueblo, delante de la iglesia del Cristo; en sus incursiones nocturnas, el chaval había conseguido hacerse con algunas bellotas y un haz de tarama para calentarse; vivía solo con su madre; el hermano era maqui. El cuerpo quedó tendido allí, sin vida, en medio de la plaza, como una señal o un aviso o una siniestra provocación. Era, como no podía ser de otra manera, una mañana de extrema placidez: la lluvia y el miedo ahogaban el llanto y el odio de los que contemplaban en silencio, inmóviles, la escena.

2) Aprovecho estos días en Sevilla para estar con mi padre. Mi padre tiene Alzheimer. Las personas estamos constituidas de sueños y de recuerdos; a medida que la edad avanza, los recuerdos van ocupando lentamente el hueco de los sueños; al final somos poco más que un recipiente repleto de memoria. A veces algo hace que ese recipiente se vaya vaciando poco a poco; quizá una pequeña fisura en sus paredes propicia que los recuerdos vayan escapando sin pausa; o puede suceder que sean los propios recuerdos los que se desvanezcan, que se difuminen hasta quedar reducidos a una nada borrosa. Creo que los antiguos griegos, tan dados a imaginar castigos divinos, no fueron capaces de elaborar un destino tan cruel.

Afortunadamente, en el caso de mi padre la enfermedad avanza lentamente. Él parece feliz, tranquilo, mantiene siempre un carácter apacible y buen humor, y eso es todo lo que podemos pedir. Hay, no obstante, algo terrible en el fondo de esta placidez. ¿Acaso no es una falsa placidez, una ilusión propiciada por el distanciamiento progresivo de la realidad, por la anulación de los recuerdos...?

viernes, octubre 19, 2007

Love of Diagrams

A veces un par de guitarrazos afilados es todo lo que uno necesita para sentirse a gusto.

miércoles, octubre 17, 2007

Sobre Schulz

1) Recordar es buscar una forma para los fantasmas que pueblan nuestra memoria: dotarlos de un cuerpo, un rostro, una voz, un olor. Las palabras son peligrosas aliadas en esta tarea. Mientras más detallados, más precisos sean nuestros intentos de describir fielmente esos rostros y esos cuerpos y esas voces, más lejos estaremos de retener esa maraña de sombras huidizas: hasta el punto de que un recuerdo puede desvanecerse para siempre si intentamos encerrarlo en una forma que, a pesar de su aparente certeza, no es la que en esencia le corresponde. Sólo un uso poético de la palabra puede acercarnos a esta materia difusa y escurridiza, imposible de aprehender de otra manera. A menudo, la única vía para captar la esencia de la realidad es desentenderse de las normas y las ataduras que impone la propia racionalidad; es decir, desentenderse de la lógica del lenguaje cotidiano. La esencia de los recuerdos escapa siempre a nuestro raciocinio, pues se ubica en el territorio del ensueño y de la intuición; para llegar allí, y mirar (simplemente mirar), hemos de usar el lenguaje del sueño, o de la fiebre.


2) Es difícil escribir algo mínimamente valioso sobre Bruno Schulz. Difícil porque en el fondo es innecesario, si no directamente imposible: a Schulz sólo cabe leerlo. Sus relatos gozan de ese estado de ensueño, de fiebre, que permite asomarnos más allá de la realidad cotidiana y captar ese algo más. Es inútil explicar las metáforas contenidas en su obra, pues no son metáforas: son imágenes puras, estampas alucinadas de un espacio interior, de unos recuerdos oscurecidos por el tiempo y que no podrían ser recuperados de otra forma. Hemos de respetar a Schulz cuando dice:

"Yo creo que cuando se quiere racionalizar la visión de las cosas que encierra una obra de arte se desenmascara a los actores, se pone fin al juego, se empobrece la obra. No es que el arte sea un logogrifo con clave y la filosofía el mismo logogrifo que habría encontrado la respuesta. La diferencia es más profunda. En una obra de arte, el cordón umbilical que la conecta con el conjunto de nuestros problemas no está aún cortado, la sangre del misterio circula aún por él, los vasos sanguíneos sumergen sus extremidades en la noche ambiente y retornan colmados de un líquido oscuro. En una interpretación filosófica no queda más que un esquema aislado del conjunto."

3) Tin Hat se han inspirado en la obra de Schulz para componer su último disco, The Sad Machinery of Spring. La música de Tin Hat es melancólica, apacible, evocadora... pero también compleja, fragmentada, poblada de rendijas que se abren a la improvisación y a lo inesperado. Pequeñas fracturas que, asomándose a través de la belleza más o menos convencional de las composiciones, dejan entrever otra belleza, más extraña, más pura, más real. Creo que no podría exisir un mejor acompañamiento musical a la obra de Schulz.



4) Mis ejemplares de "Las tiendas de canela fina" y "El sanatorio de la clepsidra" se encuentran a unos cuantos miles de kilómetros de distancia de donde me hallo. Dejaré pasar por tanto el impulso inicial de poner alguna cita textual (ya habrá otras ocasiones y otras excusas para volver a Schulz), y me limitaré a recopilar un par de enlaces: una breve selección de textos y dibujos del escritor; y una magnífica entrada del Giornale Nuovo. Navegando a partir de ahí, el lector curioso podrá encontrar, sin duda, más de lo que espera.

Paredes

Apunto aquí algunas opciones para decorar en un futuro las paredes de mi todavía hipotético apartamento:

1) Pegar unos "wall graphics" de Blik (en colaboración con Threadless)


2) Componer algún texto a base de las letras de Wonderful graffitti


3) Empapelar la pared con algo de The Collection


4) A falta de presupuesto, apañárselas uno mismo y fabricarse un stencil

jueves, octubre 11, 2007

Geografías

1) Por motivos que no vienen al caso, me veo obligado a pasar el otoño en Holanda, en un pequeño pueblo perdido entre la monotonía del paisaje y la monotonía del clima. Por motivos que no vienen al caso, preferiría no estar aquí. La consecuencia de los dos hechos anteriores es ésta: que el tiempo se ablanda, se expande en una masa informe y viscosa que lo impregna todo y que le añade a todo una gravidez y una textura distintas, peso excesivo, formas desdibujadas. A pesar de todo, es una situación que no deja de tener un cierto interés. En algunos momentos me parece estar librando una batalla absurda contra el tiempo, intentando rellenar infructuosamente el hueco de las horas con algo más que trabajo y pereza, nadando en un lodazal de minutos y días.


2) Tras cerca de tres meses sin conexión a internet, vuelvo a reencontrarme con la vieja rutina de los blogs. Ahora que estoy en un entorno extraño, el hecho de volver a recorrer a diario ciertas webs me provoca una sensación parecida a la de regresar al hogar. No es una exageración. La geografía virtual se superpone cada vez más a la geografía real para configurar nuestro espacio de la cotidianeidad. A diferencia de tantos y tantos espacios físicos por los que me veo obligado a pasar (aeropuertos; estaciones de tren, de autobús, de metro; centros comerciales, supermercados; entornos urbanos impersonales, vacíos, fallidos), muchos blogs y webs constituyen verdaderos lugares, rebosantes de vida, de ideas, de intercambios, de calor y de pasión.

Mumford dijo: "Acaso la mejor definición de la ciudad, en sus aspectos más elevados, consiste en decir que es un lugar destinado a ofrecer las mayores facilidades para la conversación significativa". Hemos de reconocer que la ciudad ha perdido en gran medida su capacidad para ejercer esta función, llenándose de no-lugares. O quizá lo que ocurre es que debemos cambiar nuestra noción de lo que es urbano: la ciudad ha dejado de ser un hecho exclusivamente físico para fundirse con lo virtual. Apuntemos aquí la necesidad de profundizar en nuestro conocimiento de estas nuevas geografías inmateriales, geografías de la información pero también de la comunicación y del afecto.

3) Geografías virtuales y geografías imaginarias. En una de mis recientes escapadas a París, pasé por la Librería Española (ahora en la calle Littré, número 7) y compré dos libros: "El libro de los seres imaginarios" de Borges, y la "Breve guía de lugares imaginarios", de Alberto Manguel y Gianni Guadalupi. Busco en la literatura los lugares que no encuentro en mi entorno real. En la "Breve guía..." encuentro, por ejemplo, el País de los Encajes, descrito por Alfred Jarry (Gestes et Opinions du Docteur Faustroll, Pataphysicien. Roman Néo-Scientifique, París, 1911):

"Reino insular situado a unas seis horas de la Isla de Her. A medida que el viajero se va acercando a la isla, aparece ante sus ojos una región de una luz deslumbrante recortada contra las sombras. Dicen que el violento y repentino contraste es tan fuerte como el que provocó el nacimiento de la luz el primer día de la Creación.

El rey de los Encajes devana esta luz brillante y teje cuadros de vírgenes, joyas, pavos reales y figuras humanas que se entrelazan como en las danzas de las jóvenes del Rin. Motivos nítidos se dibujan contra la oscuridad absoluta del aire como las formas que en las ventanas pinta la escarcha, para desaparecer luego entre las sombras."
(He estado paseando a orillas del Rin. La luz era mortecina, y no había ni rastro de las muchachas danzantes... He vuelto a casa y me he sumergido de nuevo en las páginas del libro...)

jueves, julio 19, 2007

(Ocho) cosas que nunca te dije

Juanjo me reta a que cuente 8 cosas 8 que los lectores probablemente desconocen de mí. Dado que no suelo comentar aquí nada acerca de mi vida privada, la tarea es fácil. Otra cosa es que lo que cuente tenga algún interés. Veamos...

1) Mi hermano nació un 11 de noviembre (11 del 11), mi hermana un 4 de abril (4 del 4); mi venida al mundo estaba estratégicamente prevista un 2 de febrero (2 del 2). Haciendo gala de mi proverbial falta de iniciativa desde el mismo momento de mi nacimiento, decidí que no me apetecía salir tan pronto. Me sacaron con un chupón el día 3 de febrero, rompiéndose así lo que habría podido ser una bonita tradición familiar.

2) Como consecuencia de lo anterior, mi coronilla luce una magnífica cicatriz en forma de media luna. No se me ve por culpa de (o gracias a) mi considerable mata de pelo, pero si algún día me quedo calvo la cosa puede ser bastante llamativa. Una luna en la cabeza no es moco de pavo; leo en el diccionario de símbolos de Cirlot que la vía lunar representa la "intuición, la imaginación, la magia", frente a la vía solar ("razón, reflexión, objetividad"); "en aspecto negativo, alude a los errores, fantasía arbitraria, impresionabilidad imaginativa, etc."

3) Después del punto 1, no hace falta insistir en que mi primer pecado capital es la pereza. Mi droga es la siesta: necesito una pequeña dosis de evasión completa de la realidad a mitad de la jornada. No puedo dormir la siesta si no es con una almohada y una manta que me tape los riñones (incluso en verano). En realidad, soy incapaz de dormir sin almohada, ni de día ni de noche. Utilizo la almohada en paralelo al cuerpo, y duermo abrazado a ella. No creo que esto se derive de ninguna carencia afectiva o sexual: he probado a sustituir la almohada por una persona amada pero no me funciona, soy incapaz de dormir abrazado a nadie.

4) Mi segundo pecado capital es la gula, mi perdición el chocolate. Entre mis amigos tengo fama de ser la persona con más habilidad para mancharse de chocolate del mundo. Exageran. Al menos un poco. A lo mejor es cierto.

5) Amo la música, pero no poseo ningún talento musical. Mis dedos se tornan butifarras en cuanto cojo una guitarra. Lo cual no me ha impedido, por otra parte, montar un grupo con mis amigos. La única condición para formar parte de la banda es no tener pericia con el instrumento que se vaya a tocar; nuestro estilo, evidentemente, se podría calificar como "experimental". A lo largo de 7 u 8 años hemos llegado a componer una canción y a realizar una versión de otra. Poco a poco...

6) Me gusta dibujar. Desde mi más tierna infancia he contribuido incansablemente a la deforestación del Amazonas rellenando miles de folios con garabatos y bocetos. Alguien me aconsejó en su día que estudiara Bellas Artes. Mi madre me quitó la idea de la cabeza: ser artista equivale en un 99% de los casos a morirse de hambre. Desde entonces, entre otras cosas, se ha reforzado considerablemente mi aprecio por todo lo minoritario, lo marginal.

7) Soy incapaz de memorizar los nombres de las plantas y de los animales; por más que lo intento, no consigo retener convenientemente en mi cabeza las distintas especies de pino presentes en la Península; prefiero mil veces la ciudad al campo; no entiendo el interés de alguna gente por observar pájaros o por reconocer excrementos de animales salvajes; siendo generoso, puedo afirmar que el medio ambiente representa una mínima parte de mis intereses, preocupaciones y desvelos. Estudié la carrera de Ciencias Ambientales. Ahora me dedico a la ecología urbana. En este sentido, le debo más a Italo Calvino que a Odum o a Margalef o a Terradas.

8) Cuando sea mayor quiero tener una librería. Una librería de las que quedan pocas, de esas sin libros de Dan Brown ni de César Vidal apilados a la entrada. Una librería con sillones cómodos para sentarse a leer y a charlar, con altas estanterías de madera oscura repletas de bestiarios medievales, de manuales de cábala, de viejos tratados de arquitectura, de cuentos infantiles victorianos; la librería tendrá un espacio para pequeñas actuaciones y conciertos; un día invitaré a Chan Marshall a tocar "Sea of love" rodeada de libros y de velas. (La sentencia de mi madre retumba en mi cabeza: poner una librería en Sevilla es morirse de hambre...)

lunes, julio 16, 2007

Heartland

Acabó el curso de verano que un lejano día de enero decidí organizar junto con mi pequeña Martita, y que tantos quebraderos de cabeza nos ha traído desde entonces. La cosa ha culminado finalmente con una semana de agobios, de carreras, de falta de sueño; pero también de pequeñas satisfacciones, nuevos amigos y una renovada ilusión por el trabajo. Para compensar, un fin de semana dedicado exclusivamente a comer, dormir y pasear. Ahora toca la vuelta a la rutina, lo que incluye también, como no, la vuelta al blog, a las lecturas pendientes, a la música, a los proyectos infinitamente aplazados...

Es tarde. Cansancio y acumulación de pensamientos. De alguna forma, los últimos días marcan un punto de inflexión. Me invade un extraño sentimiento. Quizá se pueda definir como nostalgia, unida a una cierta sensación de empuje, de avance. Voy dejando algo atrás: a lo mejor es ese conjunto de miedos y temores al que me había acostumbrado demasiado, hasta el punto de convertirse en una parte inalienable de mi ser; avanzo, algo menos inseguro que ayer, hacia algún sitio difuso y resplandeciente. Acaso la paz dorada y la ingenua alegría de las viejas tardes de verano...

Las palabras no acuden en mi ayuda; recurramos a la música:

sábado, junio 23, 2007

La ciudad de los inmortales

La novedad prima sobre cualquier otra cualidad en la blogosfera. Este post, por diversas razones, nace viejo y casi moribundo: recoge algo aparecido en BLDGBLOG hace la friolera de cinco días. Una eternidad en el mundo 2.0. Pero no querría dejarlo pasar:

1) Michelle Lord recrea en su proyecto "City of the Inmortals" la milenaria y secreta ciudad que Marco Flaminio Rufo, tribuno militar de Roma y protagonista del relato de Jorge Luis Borges "El inmortal", encuentra en su periplo a través del desierto.

Borges: "Emergí a una suerte de plazoleta; mejor dicho, de patio. Lo rodeaba un solo edificio de forma irregular y altura variable; a ese edificio heterogéneo pertenecían las diversas cúpulas y columnas. Antes que ningún otro rasgo de ese monumento increíble, me suspendió lo antiquísimo de su fábrica. Sentí que era anterior a los hombres, anterior a la Tierra. Esa notoria antigüedad (aunque terrible de algún modo para los ojos) me pareció adecuada al trabajo de obreros inmortales. Cautelosamente al principio, con indiferencia después, con desesperación al fin, erré por escaleras y pavimentos del inextricable palacio. (Después averigüé que eran inconstantes la extensión y la altura de los peldaños, hecho que me hizo comprender la singular fatiga que me infundieron.) Este palacio es fábrica de los dioses, pensé primeramente. Exploré los inhabitados recintos y corregí: Los dioses que lo edificaron han muerto. Noté sus peculiaridades y dije: Los dioses que lo edificaron estaban locos. Lo dije, bien lo sé, con una incomprensible reprobación, que era casi un remordimiento, con más horror intelectual que miedo sensible."


"A la impresión de enorme antigüedad se agregaron otras: la de lo interminable, la de lo atroz, la de los complejamente insensato. Yo había cruzado un laberinto, pero la nítida Ciudad de los Inmortales me atemorizó y repugnó. Un laberinto es una casa labrada para confundir a los hombres; su arquitectura, pródiga en simetrías, está subordinada a ese fin. En el palacio que imperfectamente exploré, la arquitectura carecía de fin. Abundaban el corredor sin salida, la alta ventana inalcanzable, la aparatosa puerta que daba a una celda o a un pozo, las increíbles escaleras inversas, con los peldaños y balaustrada hacia abajo. Otras, adheridas aéreamente al costado de un muro monumental, morían sin llegar a ninguna parte, al cabo de dos o tres giros,en la tiniebla superior de las cúpulas. Ignoro si todos los ejemplos que he enumerado son literales; sé que durante muchos años infestaron mis pesadillas; no puedo saber ya si tal o cual rasgo es una transcripción de la realidad o de las formas que desatinaron mis noches. Esta Ciudad (pensé) es tan horrible que su mera existencia y perduración, aunque en el centro de un desierto secreto, contamina el pasado y el porvenir y de algún modo compromete a los astros. Mientras perdure, nadie en el mundo podrá ser valeroso o feliz. No quiero describirla; un caos de palabras heterogéneas, un cuerpo de tigre o de toro, en el que pulularan monstruosamente, conjugados y odiándose, dientes, órganos y cabezas, pueden (tal vez) ser imágenes aproximativas."


(El extracto del relato está tomado de aquí)

2) ¿Tiene sentido dar forma material a una especulación literaria, a una creación fantástica que pertenece más al plano de la metáfora o del sueño que al de la arquitectura? ¿No anula esta representación las infinitas posibilidades que las palabras de Borges pueden provocar en la imaginación, reduciéndolas a una única y necesariamente insuficiente interpretación? No hay que ser tan negativo: la recreación se ha realizado aquí con cuidado y sensibilidad, las imágenes son muy sugerentes. Disfruto viéndolas. Es tan sólo una de las miles de visiones posibles de la terrible ciudad de los inmortales. Aunque, como no podía ser de otra manera, no es mi ciudad de los inmortales.


3) Al ver la obra de Michelle Lord, me vienen a la mente al instante las "Ciudades Invisibles". ¿Sería capaz la artista de hacer algo semejante con la obra de Calvino? Vierto con mi inglés torpe este pensamiento en los comentarios de BLDGBLOG. Al poco me sorprende la respuesta de la propia Michelle: 'Invisible Cities' is a future project I'm currently envisaging...can't wait to explore this text in plastic dimensions, in particular Thin Cities. Pequeños detalles como éste son los que hacen a uno adorar la blogosfera.

4) Una anotación rápida sobre la inmortalidad y sus efectos secundarios: para Borges, la vida eterna anula la individualidad del ser humano: en un plazo de tiempo suficientemente extenso, una persona habrá experimentado todas las posibilidades, asumido todos los roles. Un hombre será necesariamente todos los hombres. La personalidad es un mero accidente; un atributo circunstancial que se diluye con el tiempo. Traslademos esta idea al ente infinito por excelencia, Dios. ¿Puede un ser que no tiene ni principio ni fin, que siempre ha existido, adoptar una identidad concreta? ¿Le cabe otra opción que no sea asumir todas las posibilidades, diluirse en su propia creación? Dios sería todos los hombres, pero también todos los animales, las plantas, las piedras, las motas de polvo. El fuego y el árbol. Esta manzana a la que estoy a punto de hincarle el diente.

Books by its cover

Vuelvo (brevemente) al tema del valor del libro como objeto, más allá de su función como medio. Books by its cover es el blog de la ilustradora y diseñadora Julia Rothman; su objetivo: recopilar todos aquellos libros bonitos que llaman su atención, sobre todo en el ámbito de la ilustración, el diseño, el comic y la literatura infantil. El resultado: un buen recurso para descubrir libros originales y, para los que a veces nos sentimos tentados a escribir/diseñar/publicar algo (aun en plan casero), una inestimable fuente de inspiración (y de envidia). Ejemplos de lo que se puede encontrar:

Prince Silencio, Anne Herbauts


Big Questions, Anders Nilsen


Olle Eksel, PIE Books

lunes, junio 18, 2007

Materialismo romántico

1) Hipótesis: las velocidad a la que fluyen las ideas es inversamente proporcional a la velocidad con la que caen en el olvido (normalmente, para dejar paso a otras nuevas).

Puede que esta afirmación no sea totalmente cierta, pero al menos describe bastante bien la sensación que nos provoca esta sobredosis de información a la que nos vemos sometidos en nuestro día a día. No hay tiempo para digerir adecuadamente todo el input que recibimos: nuevas tendencias, nuevas músicas, nuevos artistas, nuevas corrientes de pensamiento, nuevos conceptos, toneladas de datos que deberían importarnos. La información, la creatividad, el arte: se liberan del soporte material para entrar con mayor facilidad en nuestra cabeza, convercernos / sorprendernos / impactarnos / emocionarnos de forma inmediata, y rápidamente salir por la puerta de atrás: hay que dejar sitio para el siguiente...

Aun siendo consciente de los riesgos que conlleva, no seré yo quien niegue las enormes posibilidades que ofrece esta sobreabundancia de información sin control, esta jungla de creatividad que es la red de redes. Pero tampoco será ésta la primera ni la última vez que abogue por una ralentización en nuestras tasas de consumo (y reproducción) de información. Aunque solo sea de vez en cuando, hay que pararse a seleccionar (renunciar, descartar, ignorar), a disfrutar sin prisas, a meditar pausadamente. A morderse la lengua (los dedos) tres veces antes de copiar, citar, enlazar.

Y si la ausencia de soporte material es sinónimo de la seducción y del vértigo que nos inspira la red, la reivindicación del soporte material es hoy casi un acto de rebeldía: una defensa de la vida a otra velocidad, más propia de la naturaleza humana que de las máquinas. Para algunos, un acto romántico; y para otros, quizá tan sólo un gesto snob; para muchos, en cambio, una necesidad. Reivindiquemos, en cualquier caso, el valor del objeto: el libro, el vinilo. (Fin del discurso. Aplausos)

2) Recupero de una vieja entrada de Bibliodissey este enlace a la colección de libros de artistas de la biblioteca de Queensland. El libro como objeto artístico y no como mero soporte; la lectura como una experiencia sensorial, o como juego. Mucho más que un puñado de bits.

- Little Red Riding Hood, Jan Hogan, 1992:



- Croajingolong, Sandi Rigby, 2003:


- Concrete poetry, Bernadette Crockford, 1996.

viernes, junio 15, 2007

Cupido y centauro

Ya conocía la impactante obra de Joel-Peter Witkin, pero nunca había visto este "Cupido y centauro":


¿Por qué me atrae tanto esta imagen?

miércoles, junio 13, 2007

Celluloid dreams...

Una recomendación: sal a pasear a la caída de la tarde, sin rumbo fijo, mientras escuchas "Celluloid dreams in digital times", un sugerente cóctel de música ambiental electrónica y acústica sabiamente seleccionada por Aeioux. La ciudad cambia de textura, se ralentiza...


Aeioux es el sobrenombre de Stefan Lewandowski, o lo que es lo mismo: el 50% del muy recomendable sello británico Type y el responsable directo del excelente apartado gráfico del mismo. Aparte de diseñador y músico. También es el culpable de que la página de Type sea tan endemoniadamente bonita, y de que uno se pueda tirar un largo rato jugando a combinar las estaciones y los colores (en el menú de la izquierda, arriba). ¿Algo más? Sí: Stefan también tiene una más que interesante colección de fotos en flickr. Definitivamente, un sujeto odioso.

lunes, junio 11, 2007

Paraíso

Suelta la maleta encima de la cama. Se acerca a la ventana, descorre la cortina. Contempla el bosque que se extiende infinito hacia el horizonte. Inspira lentamente, espira. Intenta olvidar (repasa pormenorizadamente) las gestiones del día, los pequeños errores, los kilómetros de carretera. Decide darse una ducha: el agua fría arranca la costra de las horas muertas, el humo de las conversaciones inanes. Luego, frente al espejo, despega de su cara la sonrisa falsa; con esfuerzo: está demasiado pegada.

Coge del bolso papel y bolígrafo y se tumba boca abajo en la cama, desnudo sobre la toalla. Escribe unas palabras, las primeras que se le pasan por la cabeza (las mismas que le han acompañado todo el día, durante las horas muertas, las conversaciones inanes, los kilómetros de carretera):

"El leopardo, finalmente, asume su derrota:abandona la selva y se encamina a la ciudad.
Llega al mediodía, el sol quema y la ciudad bulle con el ajetreo del mercado.
Se deleita largamente con los olores que se desprenden de las tiendas, de los templos y los prostíbulos;
recibe la caricia de un mendigo ciego;
admira los reflejos del atardecer sobre las cúpulas doradas;
la noche lo sorprende merodeando por los alrededores de la biblioteca.
Al amanecer, le dan muerte:
dormía entre las hojas de un improvisado lecho, en el jardín oriental, delante del museo."

Y luego hace lo de siempre. Dobla el papel cuidadosamente, en varios pliegues; incorporado sobre un costado, se inclina levemente para colocar el papel bajo la cama. Hace tiempo que dejó de ser una extravagancia para convertirse en una necesidad: dejar notas, poemas, pequeños dibujos anónimos; en cada hotel, en cada pensión; a veces, también, bajo el servilletero de la cafetería, en el servicio de la gasolinera. "Son como las botellas lanzadas al mar por el náufrago", piensa. "Pero en el mensaje no aparecen las coordenadas de ninguna isla desierta".

El cuerpo está cansado, el movimiento del brazo es torpe: el papel cae justo al borde de la cama. Se inclina un poco más y con algo de esfuerzo empuja el papel hacia el fondo, internando la mano en la oscuridad. Los dedos rozan algo allí: es otro pedazo de papel. Lo saca, es un folio doblado. Está escrito a mano, con una caligrafía delicada. Lee, excitado:

"Nunca nadie se había parado a pensar en qué habría detrás de aquella tapia, en la parte de atrás de la vieja casona abandonada. Un día decidimos trepar el muro y explorar. Echamos a suertes a quién le tocaría primero: no salí yo. El elegido trepó la tapia con apenas esfuerzo, era el más hábil de todos. Lo vimos incorporarse en lo alto, con pose triunfal, y mirar hacia el otro lado. Tenía el rostro iluminado. "¿Qué se ve?" "¿Hay algo?" Se dejó caer hacia el otro lado, sin decir una palabra. Nadie se atrevió a seguirle. Esperamos un rato. No regresaba. Al cabo de una hora nos fuimos. No volvimos a verle. Nunca comentamos a nadie cómo ni dónde desapareció.

Años más tarde leí que aún subsisten en la tierra fragmentos del paraíso terrenal, escondidos unos en lugares recónditos, ocultos otros bajo el disfraz de lo mundano. A veces, es suficiente con saltar el muro."

domingo, junio 10, 2007

Grandes momentos musicales del celuloide (III): Misirlou

Misirlou es recordada por muchos como la canción que abría Pulp Fiction: es difícil de olvidar el punteo hipnótico de la guitarra de Dick Dale explotando justo en el momento en que "Pumpkin" y "Honey Bunny" se deciden a asaltar el restaurante donde acaban de comer. Todo un acierto de Tarantino, especialista en crear pura iconografía pop combinando diálogos resultones, escenas impactantes y mucho, mucho tino a la hora de elegir la música.


Sin embargo, no es la primera película en la que aparece esta canción, por cierto, de origen griego y muy versionada a lo largo de la historia. En la película "A swingin' affair" de 1963 aparece el propio Dick Dale con sus Del Tones tocando su popular versión surf en directo. A destacar: la maravillosa habilidad del zurdo Dale con la guitarra, el baile desenfrenado de la rubia en primer plano y, sobre todo, la espectacular pachorra que exhiben todos y cada uno de los Del Tones. No sé si quedarme con el bajista o con el batería.

lunes, junio 04, 2007

Colección de aire (I): de la desaparición de la bella dama Egeria

¿Existe un destino más formidable que desaparecer entre las páginas de un libro? Tal fue lo que aconteció a la dama Egeria, amada del caballero bizantino Kosmas, si hemos de creer a Joan Perucho: pero cómo no creer una historia tan bella. Se podrá aducir que se trata en realidad de una metáfora; que hay muchas formas de ser atrapado, simbólicamente, por la literatura, o incluso por la lectura de un texto religioso como en el caso de Egeria. Qué duda cabe de que hay libros que absorben, que marcan, que transforman al lector. No obstante, no es esto lo que Perucho nos cuenta: la desaparición de la dama Egeria, si fuera metáfora, sería pura imagen: es inútil buscar un significado a la altura de esa ilusión, un sentido que no mate la poesía de esa eidola.

Así transcurre la historia: Kosmas conoce a la dama española Egeria en el transcurso de una de sus innumerables aventuras; la dama y el caballero se enamoran, pero la felicidad dura poco: pronto Egeria desaparece misteriosamente mientras lee la Didaché en su habitación, en compañía de una cigüeña mecánica amarilla y verde. Desesperado por la pérdida de la amada, Kosmas huye al desierto con objeto de cumplir penitencia. Allí se instala en lo alto de una columna; tiene como vecino a San Simeón el estilita, con quien mantiene eruditas conversaciones sobre teología; escribe varias vidas de santos; se alimenta de dátiles y agua de lluvia. Al cabo de dos años, Kosmas abandona el desierto y vuelve a la Península para reanudar la búsqueda de Egeria. Sus indagaciones no producen ningún fruto. El caballero se instala finalmente en Sevilla, donde se coloca como secretario de San Isidoro. En esta ciudad mantendrá un enfrentamiento con el diablo Arnulfo, del que saldrá victorioso con un admirable discurso sobre las virtudes teologales.

Kosmas vive después muchos años, sin envejecer; a pesar de ello, un día siente que ha llegado su hora. En el lecho de muerte, recibe un correo de Zaragoza: es un libro; el caballero ordena que lo abran: en el margen de una de las páginas encuentra a Egeria, bordando rosas azules en un bastidor; la dama le sonríe con lágrimas en los ojos; a sus pies, la cigüeña mecánica repite incansable “Kyrie eleison”.

“Kosmas besó el libro y luego, quedamente y en silencio, expiró”.


NOTA 1: Tomado del relato "La bella dama Egeria", de Joan Perucho.

NOTA 2: Más sobre desaparciones literarias, en Colección de aire: a modo de prólogo

sábado, junio 02, 2007

Dos anotaciones (más) sobre religión

1) Cuando hablo de religión con mis amigos creyentes, acabo pensando que acaso sea yo, perfecto ateo, quien tenga un mayor interés por el hecho religioso y sus implicaciones sociales y culturales. No pocos de los que se llaman a sí mismos cristianos tienen de creyentes tan sólo una leve pátina superficial: basta con rascar un poco para dar con un fondo esencialmente materialista, incrédulo, interesadamente selectivo en cuanto a la aplicación de preceptos y normas, y en general poco preocupado por todo lo que no sea el aquí y el ahora.

Tiendo a pensar que el pensamiento religioso permanece vivo en muchos de nosotros por mera inercia social. La religión es una creación cultural que nace con un clara función adaptativa: la idea de dios sirve para explicar el origen del universo y dotar de sentido a la vida, para calmar el miedo ante la muerte, para mitigar la desesperación ante lo insignificante y aleatorio de nuestro destino, y para justificar en última instancia la imposición de una moral y de un sistema político determinados. Una vez que surgen nuevos instrumentos culturales como la ciencia o la ética, que suplen estas necesidades humanas con mayor eficacia, la religión pierde su razón de ser.

Por ello, desde un punto de vista evolutivo, no es demasiado arriesgado establecer un símil entre la religión y un órgano vestigial como, por ejemplo, el apéndice. ¿Cuántos de nuestros conocidos conviven con las costumbres religiosas de igual forma que cargan con esa menuda prolongación del intestino? El apéndice es un elemento perfectamente inútil, testigo de una extinta funcionalidad del organismo propia de una etapa evolutiva anterior. Lo heredamos de nuestros padres, y aunque es un trasto que no sirve de nada, tampoco nos causa ninguna molestia. Hasta que se inflama.

2) Hoy, en El País, una interesantísma charla entre Fernando Savater (filósofo, profesor e improbable aventurero político) y José María Castillo (sacerdote y teólogo) sobre religión. El texto está cargado de citas potenciales, pero me quedo con esta bella reflexión de Savater:

"Amamos lo perecedero precisamente porque va a perecer; no amamos lo eterno, lo invulnerable, nadie ama el universo, todos sabemos que el universo se pasa muy bien sin nuestros cariños. Amamos a aquellas personas que quisiéramos perpetuar y no podemos; es su fragilidad lo que suscita nuestro amor. Y claro, Dios es lo contrario: la idea de amor a Dios, por ejemplo en el planteamiento tan hermoso de Spinoza, en su Ética, él habla del amor a Dios, que sólo puede ser un amor intelectual, no podemos esperar que Dios nos ame. Esa vinculación afectiva que introduce el cristianismo necesitaba que Dios hiciera una concesión a la carne, a la muerte, a la fragilidad, al temor, al abandono... Esa idea del Dios hecho hombre es una aportación de la religión cristiana, pero también un paso hacia la salida de la religión, porque en cuanto divinizamos la figura frágil, doliente, del hombre, estamos acercándonos a empezar a divinizar sencillamente al hombre, sin necesidad de lo sobrenatural. De ahí que algunos expertos como Marcel Roché hablen del cristianismo como de la religión para salir de la religión. Así que, para que la figura de Cristo adquiera toda su capacidad de identificación con nosotros, suprimámosle esa otra dimensión mágica que le aleja aún de nosotros."

La figura de Cristo como germen del ateísmo...

miércoles, mayo 30, 2007

Amor absoluto


Blonde Redhead - 23 - 23 (4AD, 2007)

lunes, mayo 28, 2007

Libros inagotables / Hilarotragoedia (I)

Hay libros inagotables, en cuanto que son puertas de acceso a otros mundos, a geografías literarias cuya verdadera dimensión se extiende más allá del espacio comprendido entre la primera y la última línea escrita, más allá de los hechos contenidos en el propio relato (si es que el relato, de existir, tiene alguna relevancia). Libros que con el tiempo nos invitan a retornar a sus páginas, a atravesar el portal que nos ofrece el lenguaje e internarnos de nuevo en el otro lado. Regresamos porque el texto nos acoge con la calidez de los lugares familiares; porque poco a poco se torna casi como un segundo hogar, un refugio íntimo del intelecto; pero también volvemos porque siempre cabe la posibilidad de seguir explorando, de descubrir, de sorprenderse; de admirar pasajes ya conocidos desde nuevas perspectivas; de comprobar, a través de la evolución de nuestra mirada de lector, cómo el tiempo nos va cambiando.

Mi "libro infinito" preferido es Las ciudades invisibles, de Italo Calvino; dentro de esta categoría, también incluiría entre mis predilecciones Walden, de H.D. Thoreau; el retorno a estas obras es siempre gratificante, siempre enriquecedor.

Acabo de leer la Hilarotragoedia de Giorgio Manganelli. Aunque está lejos de ser una obra acogedora (al menos, en el sentido convencional de la palabra), intuyo que no tardaré en incorporarla a mi colección de libros periódicamente revisitados. Las páginas de la Hilarotragoedia definen de forma sublime un universo intelectual único, de posibilidades ilimitadas: un inmenso y oscuro bosque literario, un laberinto de palabras sorprendentes e improbables, una prodigiosa máquina lingüística construida a base de socarronería, obscenidad y genialidad; una espiral descendente hacia lo más bajo del ser, lo ínfimo, lo no narrable; un libro que sólo puede acabar como acaba: asomado al abismo, dos puntos suspendidos sobre la nada.


"Los hombres viven una fácil vida agramatical y anacolútica; a mí se me ha impuesto la consciencia sintáctica. ¡De cuáles indulgencias dialectales están hechos tus días, lector! Pero yo soy un exigente purista. Mis horas siempre han estado declinadas según las leyes de una vejatoria y privilegiada morfología". (G. Manganelli, Hilarotragoedia. Ed. Siruela, 2006. La foto está tomada de aquí)