fachada
Otra
Después de un parón bastante prolongado, "Tú nunca serás beatnik" llega definitivamente a su fin. Cerramos esta etapa, pero sólo para comenzar una nueva. Nos mudamos: necesitábamos nuevos aires, aunque eso signifique perder de vista a nuestra querida dama partida en dos, y aun sabiendo que cualquier cambio será para acabar haciendo lo mismo de siempre. Si queda alguien por ahí, está invitado a nuestra nueva casa: "La vida en los bosques". ¡Salud!
Escrito por
Jesús S.
a las
10:13 a. m.
1 comentarios
Tags: despedida y cierre
(Colleen)
Escrito por
Jesús S.
a las
11:54 p. m.
9
comentarios
Tags: espejismos, musica
"Amor, creo necesario nombrarte, más exactamente pronunciar tu definición, tu cometido, puesto que de ti ignoro nombre y existencia. Así pues, yo te nombro: un dedo fónico te señala en el centro de la noche. No rememoro tiempos en que no fuera de noche, de manera que no he tenido jamás forma distinta para señalarte que no fuera este distraído y atento juego de una mano que no diviso. Esto, a ti que no puedes escuchar, quisiera decirte: tengo que marcharme, al punto, en esta noche que en todo instante está igualmente lejos del alba y del ocaso; camino y hablo quedamente, rechina bajo mis pasos la madera del pórtico, escucho el fragor del bosque. Bajo la luminiscencia de nubes bajas, de nieblas, intento escribir una carta que no irá a parar a ti jamás. Sé que tú duermes en algún lugar de la enorme casa; y escucho cómo la casa, gimiendo, rechinando, continuamente crece, se acrecienta de pináculos, brotan balcones, se disparan cúpulas, los aposentos paren aposentos, pasillos, nuevos aposentos. Tú, durmiente, eres conducida ignara de aposento en aposento, y con un suspiro leve y profundo caes en lechos cada vez más imposibles de localizar. A quien te conduce, sin desfigurar la delicada piel de tus sueños, le eres cara, te ama, si bien su forma sea estrafalaria e inquietante; y a semejantes servidores tuyos dejaré yo esta carta, arrojada al pórtico, confiando en que la divisen, y te la entreguen. Oigo esos pasos suyos por los inestables pavimentos de la casa que crece; y si bien jamás haya llegado a verlos, jamás haya partido el pan con ellos –tan respetuosos y discretos–, jamás haya jugado a los dados en la noche, con ociosa y cómplice paciencia, yo creo conocerlos, a esos peludos perros de grandes botas, con manos ágiles de gatos, a las serviciales serpientes; pero esto también sé yo, que ni siquiera ellos saben a qué aposento has sido destinada, y su cometido únicamente es el de vigilar tu reposo, el de proteger tus sueños, amortiguar tu propio aliento contra los visillos, y eso hacen yaciendo al azar en un pasillo, recorriendo una galería, una balconada, fingiendo haber oído llamadas, tu voz, en verdad sólo para confirmar su mansa y obstinada obediencia; ya que, aunque tú, en la amargura de un sueño repentinamente intolerable, pretendieras llamarme, llamarlos, llamar, nadie intentaría ni tan siquiera recorrer el laberinto que te excluye y te defiende."
Giorgio Manganelli, Amore (Ed. Siruela).
Se puede leer un extracto del libro aquí.
Escrito por
Jesús S.
a las
12:32 p. m.
0
comentarios
Tags: literatura

Pasen y vean (si son capaces de lidiar con la resolución)
Escrito por
Jesús S.
a las
12:05 a. m.
0
comentarios
Tags: fotografía
Un tema recurrente en las fotografías de Adam Makarenko, según afirma la biografía del autor, es la manipulación de la naturaleza por la mano del hombre.
Qué mejor forma de representar esta idea que construir un entorno natural imaginario en miniatura: Langstroth Range, "a pseudo garden of Eden".
En Langstroth Range, el hombre se dedica a la apicultura, otra de las obsesiones de Makarenko. El fotógrafo ganó el premio American Photo of the Year por su serie de apiarios en miniatura.
Sin duda hay algo extraño en el acto de representar la naturaleza a través de una simulación extraordinariamente detallada (aunque algo irreal) de la misma. Pero la naturaleza, al fin y al cabo, no es más que un concepto, una creación del lenguaje, un artefacto cultural. En este sentido, ¿no es la aproximación de Makarenko a la naturaleza más sincera que la de un fotógrafo naturalista?
Las imágenes las tomé de Textura.
Escrito por
Jesús S.
a las
7:31 p. m.
0
comentarios
Tags: fotografía, naturaleza y ciudad
En "El imperio de los signos" (Seix Barral, 2007), Roland Barthes realiza una peculiar lectura de la cultura y la sociedad japonesa: todo en Japón es lenguaje, desde la comida hasta las representaciones teatrales, las máquinas tragaperras (pachinko) o la estructura de la ciudad: un lenguaje en el que todo el peso recae sobre el significante, mientras que el sentido es sustituido por el vacío.
"El sueño: conocer una lengua extranjera (extraña) y, sin embargo, no comprenderla: percibir en ella la diferencia, sin que esta diferencia sea jamás recuperada por la socialización superficial del lenguaje, comunicación o vulgaridad; conocer, refractadas positivamente en una lengua nueva, las imposibilidades de la nuestra; aprender la sistemática de lo inconcebible; deshacer nuestro "real" bajo el efecto de otras escenas, de otras sintaxis; descubrir posiciones inauditas del sujeto en la enunciación, trasladar su topología; en una palabra, descender a lo intraducible, sentir su sacudida sin amortiguarla jamás, hasta que en nosotros todo el Occidente se estremezca y se tambaleen los derechos de la lengua paterna, la que nos viene de nuestros padres y que nos convierte, a su vez, en padres y propietarios de una cultura que precisamente la historia transforma en "naturaleza". Sabemos que los conceptos principales de la filosofía aristotélica han sido de alguna manera forzados por las principales articulaciones de la lengua griega. Por el contrario, cuán beneficioso sería trasladarse a lo largo de una visión de las diferencias irreductibles que pudiera sugerirnos, como por vislumbres, una lengua muy lejana."
Conocer lo que realmente somos parece imposible si no es mediante el conocimiento del otro; sólo a través de la mirada ajena (la cultura, la lengua extraña) podemos percibir aquello que nuestra forma de mirar (la cultura, la lengua propia) no nos permite ver.
Escrito por
Jesús S.
a las
6:54 p. m.
1 comentarios
Tags: reflexiones
1) Siempre me ha llamado la atención esa costumbre de poner en la portada de un libro o de un disco un aviso del estilo "más de x miles / millones de ejemplares vendidos". Es curiosa la lógica que subyace a esta estrategia comercial: si a miles, millones de personas les ha gustado esta obra, ¿cómo no le va a gustar a usted? Lo entendería si se tratara de vender una almohada, o una batería de cocina: en estos casos, un elevado número de compradores avala sin duda la calidad del producto; pero cuando se trata de algo tan personal como el gusto literario o musical, ¿qué sentido tiene apelar a razones cuantitativas? Lo curioso del asunto es que funciona: miles, millones de personas se lanzan a comprar ese libro o ese disco por el mero hecho de que miles, millones de personas ya lo han adquirido. Un simple acto de consumo se convierte en un medio de integración social, un mecanismo para sentirse aceptado en la masa.
2) En su expresión más noble, la literatura y la música nacen del individualismo absoluto, de la subjetividad más pura. Cuando, a través de la lectura o de la audición, la subjetividad del creador y la del receptor entran en contacto, se produce uno de los actos de comunicación más profundos y sinceros que se puedan dar. Esa y no otra es la magia que encierran estas formas de arte. El best-seller o el superventas subvierten esta magia, este acto de comunicación íntima: el autor renuncia voluntariamente a su propia subjetividad con objeto de alcanzar a una amplia masa, por definición impersonal e indiferenciada, de consumidores; el individuo receptor acepta diluir su subjetividad en la masa, renuncia a la posibilidad de explorar con cierta profundidad su propia personalidad y de elegir en consecuencia aquello que le pueda satisfacer, con tal de sentirse integrado en un amplio grupo social. Se produce entonces, a través de la lectura o de la audición, algo parecido a la comunicación, pero el sujeto ha desaparecido del juego: no existen en realidad emisor ni receptor, el mensaje es pura superficialidad: la nada se comunica con la nada a través de un artefacto (formalmente literario o musical) que no es sino la expresión absoluta del vacío.
3) El anterior razonamiento es atractivo, aunque notoriamente falaz. Incluso en el peor de los productos de éxito, el creador habrá volcado algo, por mínimo que sea, de su subjetividad, y el receptor siempre encontrará algún placer íntimo, todo lo banal que se quiera, en la lectura o la audición de la obra. No existe un best-seller o un superventas que sea una impostura absoluta. Si se consiguiera algo semejante, sería sin duda un fenómeno literario o musical de enorme interés.
4) Una cita de Auden, tomada de su ensayo "Leer" (incluido en el volumen "Los señores del límite"): "Suele ocurrir que gente que no debería incurrir en estos errores suele preguntar a un escritor o, al menos, a un poeta: "¿Para quién escribe usted?". Se trata, desde luego, de una pregunta necia, a la que sin embargo puedo dar una respuesta igualmente necia. De vez en cuando me topo con un libro que parece haber sido escrito especialmente para mí. Como un amante celoso, no quiero que nadie más sepa que existe. Tener un millón de estos lectores, ignorantes todos de la existencia de sus semejantes, ser leído con pasión y que nadie quiera confesarlo, es sin duda la ensoñación favorita del cualquier escritor."
Escrito por
Jesús S.
a las
11:46 p. m.
0
comentarios
Tags: literatura, música, reflexiones
¿Y si la literatura no fuera más que otra forma de ecuación? Imaginemos a un personaje, de nombre Orestes, o Cosimo, u Oliveira, o X; que ama a Ginebra, o a Caitilin, o quizá a Antinoo: digamos que ama a Y; la acción transcurre en Orense, Chicago, Gondor, Heian Kyo: Z. Los hechos contenidos en el relato sólo tienen un fin: ayudar al lector a desentrañar el misterio que se esconde tras esos nombres: despejar esas incógnitas, calcular su valor. Los nombres, al fin y al cabo, no son más que un mero convencionalismo; el hecho de sustituirlos por simples letras, como en un problema matemático, no varía un ápice su sentido, y en cambio deja ver con claridad su naturaleza indefinida. El objetivo de la lectura es desentrañar aquello que no tiene un nombre propio, que escapa a las ataduras del significante. Esto es así incluso en el caso de los lugares con una existencia real: una vez integrado en un relato, cualquier ciudad, país, paisaje se convierte en ficción y sólo existe en ese plano etéreo que se extiende entre la mente del escritor y la del lector. Todo lo que se sitúa en esta dimensión literaria es un interrogante, parte de una ecuación que debe ser resuelta a través de los datos que aporta la propia narración.
¿Cuál es el objetivo del autor cuando escribe un relato, una ecuación? Hay dos respuestas posibles, en función de si el escritor conoce o no de antemano el resultado del problema. En el primer caso, la finalidad de la narración es simplemente comunicar: incitar al lector a descubrir una verdad, una idea, una emoción que por su naturaleza etérea o difusa no puede ser transmitida sino a través del juego de las incógnitas. En el segundo caso, el autor utiliza la literatura como medio de conocimiento: percibe el problema, desea hallar su solución, y no encuentra otra manera de resolverlo que escribiendo. Esta última posibilidad es infinitamente más interesante como punto de partida para la creación.
¿Es siempre posible encontrar la solución de una ecuación literaria? Hay obras decepcionantes por la facilidad con que calculamos el resultado: los personajes planos, los escenarios acartonados, las ideas manoseadas desvelan su misterio a las pocas páginas: no es necesario seguir leyendo pues ya conocemos de sobra el valor de las incógnitas. Otras obras, en cambio, son imposibles de desentrañar en su totalidad, no admiten una única solución, o bien el resultado es algo indeterminado: Ginebra o Caitlin o Y equivalen al infinito; Orestes o Cosimo o X se confunden con el vacío, la nada, el cero. Es posible que la verdadera literatura sólo responda a esta segunda posibilidad.
Escrito por
Jesús S.
a las
9:24 p. m.
0
comentarios
Tags: literatura, reflexiones
Terminando un libro y escribiendo artículos por las mañanas; montando muebles de Ikea y comprando sábanas por las tardes. Cientos de ideas en la recámara, a la espera de tiempos más tranquilos. Y mientras tanto, a la orilla del mar...
Escrito por
Jesús S.
a las
4:14 p. m.
3
comentarios
Tags: música
Paleo-future es un blog dedicado a todos aquellos futuros imaginarios que nunca llegaron a materializarse.
Cada sociedad proyecta sus aspiraciones, sus prejuicios y sus miedos en las predicciones que realiza sobre el futuro. También plasma en ellas sus ideales estéticos, a veces con una libertad inusual (la lejanía de lo representado lo justifica todo), dando lugar a imágenes tan curiosas como las que acompañan este post. Los futuros imaginarios son un magnífico retrato de la época en la que se originan.
Tras profundizar un poco en los contenidos de Paleo-future, uno podría concluir que hay que cuidarse mucho de imaginar el futuro: las predicciones rara vez se cumplen, y a tan sólo unos años vista la ingenuidad de este tipo de planteamientos acaba resultando evidente.
Pensándolo un poco más, ¿a quién le importa si las predicciones se acaban cumpliendo o no? Aun en un plano imaginario, los viejos futuros errados han terminado teniendo su propia existencia, y a los habitantes de este futuro real que llamamos presente nos encanta explorarlos. Sigamos creando futuros sin pudor, aunque sólo sea para deleite de los lectores de los siglos venideros.
Escrito por
Jesús S.
a las
11:28 a. m.
3
comentarios
"La fe que otros ponen en lo que no se ve, yo la pongo en lo que se puede tocar y mirar. Mis dioses moran en templos hechos con manos, y dentro del círculo de la experiencia real se perfecciona y completa mi credo: acaso se complete demasiado, porque como todos los que han puesto su Cielo en esta tierra, he hallado en él no sólo la hermosura del Cielo, sino también el horror del Infierno. Cuando pienso en la Religión, pienso que me gustaría crear una orden para los que no creen: la Cofradía de los Huérfanos se podría llamar, y allí, en un altar sin ninguna vela encendida, un sacerdote, en cuyo corazón la paz no tuviera asilo, podría celebrar con pan sin bendecir y un cáliz vacío de vino. Todo para ser verdad ha de hacerse religión. Y el agnosticismo ha de tener su ritual lo mismo que la fe. Ha sembrado sus mártires, debería cosechar sus santos, y alabar a Dios todos los días por haberse ocultado a los ojos de los hombres. Pero, ya sea fe o agnosticismo, no puede ser nada exterior a mí. Sus símbolos los tengo que crear yo. Sólo es espiritual lo que hace su propia forma. Si no encuentro su secreto dentro de mí, nunca lo encontraré. Si no lo tengo ya, no vendrá a mi jamás."
En las amargas páginas de De Profundis, Oscar Wilde nos dejó algunas de las más bellas palabras que se han escrito sobre religión. Veo en ellas una invitación a celebrar la vida como el más sagrado de los rituales: un ritual ajeno a dogmatismos, imposiciones o miedos irracionales. En estos últimos días se han vertido ríos de tinta sobre la iglesia, y con razón. Iba a escribir algo sobre el tema, pero luego he pensado que no era realmente necesario. Que no iba a convencer a nadie. Que tener que tratar ciertas cuestiones a estas alturas es algo que mueve más a la pereza que a la indignación. Mejor sigo citando a Wilde:
"¡Hay algo tan único en Cristo! Claro está que, así como hay falsos amaneceres antes del amanecer, y días de invierno tan llenos de súbito sol que engañan al sabio croco y le hacen malbaratar su oro antes de tiempo, y hacen que algún pájaro tonto llame a su compañera para construir en ramas peladas, así también hubo cristianos antes de Cristo. Eso lo deberíamos agradecer. Lo desdichado es que no haya habido ninguno desde entonces."
Escrito por
Jesús S.
a las
5:41 p. m.
2
comentarios
Tags: literatura, razón y mística
Qué mejor manera de comenzar el año que con un pedacito de felicidad en forma de canción: Chinese translation, de M. Ward.
El video es una pequeña joya firmada por Joel Trussell y Eric Johnson. Lo encontré en Drawn!
Escrito por
Jesús S.
a las
6:35 p. m.
0
comentarios
1) Papá Noel me trajo un precioso libro en blanco, encuadernado a mano. Tengo guardado por ahí algún que otro cuaderno en blanco, comprado o preparado cuidadosamente por algún ser querido. Siempre me da miedo estropear estos cuadernos con escritos inútiles o dibujos fallidos. Este temor puede derivar, al menos en parte, del abuso del ordenador: uno se acostumbra a modificar, borrar, cortar, pegar, corregir los textos o las imágenes a golpe de ratón, hasta que adquieren más o menos la forma deseada. Sobre el papel, cada palabra, cada trazo, cada acto es definitivo. Hay algo de vértigo en esa idea. En esto, escribir en un cuaderno se parece a la vida.
En el fondo, el miedo al papel es una consecuencia directa de mi inseguridad. Una vez comencé a escribir en uno de estos cuadernos. Cada vez que revisaba un texto y llegaba a la conclusión de que no era lo suficientemente valioso, arrancaba las hojas. Al cabo de un tiempo me di cuenta de que al cuaderno sólo le quedaban un puñado de páginas. Las que tenían algo escrito sólo estaban esperando una futura e inclemente revisión; un poco más tarde, inevitablemente, las páginas todavía en blanco correrían la misma suerte.
El cuaderno es, como apuntaba, una metáfora de la vida. Una metáfora algo tonta, o cursi, quizá demasiado fácil; pero aún así efectiva. Podría eliminar de mi vida aquellos días que no considero perfectos, arrancar el recuerdo de mis actos como si fueran hojas. Si soy excesivamente severo, al final me quedaría tan solo con las tapas del cuaderno. La vida es necesariamente imperfecta, sucia, llena de borrones, tachones. Uno va aprendiendo a valorar todas esas incorrecciones como la materia prima que da forma a nuestras horas. El error (su acumulación) es necesario para que, de vez en cuando, surja un destello de perfección. No es un secreto el hecho de que, a menudo, un error fortuito encierra una mayor belleza, una mayor felicidad, que la más perfecta ejecución de una idea. La propia noción de lo perfecto comienza a parecerme algo sospechosa.
Digo todo esto para justificarme o para animarme: voy a empezar a utilizar los cuadernos, y no voy a arrancar las páginas. A uno le gustaría que la metáfora funcionase también de forma inversa: que cambiar la actitud ante la hoja de papel significase cambiar la actitud ante la vida. Las navidades son fechas propicias para imaginar grandes cambios y hacer promesas absurdas; por tanto, será mejor no dejarse llevar en exceso por lo simbólico, y centrarse en lo inmediato: tengo los lápices, los rotuladores, y he comprado un bote de goma arábiga... Estoy listo para mancharme.
2) La goma arábiga es para hacer collages. Recortar y pegar, como en el colegio. A veces encuentro por ahí imágenes o cosas que me atraen y que me apetecería conservar, o darles un nuevo sentido. Me gusta, por ejemplo, el cuaderno de Camilla Engman:
3) Recuerdo que en mi casa, cuando era pequeño, había goma arábiga y tinta china. Las utilizaban mis hermanos. Hay algo realmente magnífico en esos nombres: el propio acto de dibujar o de pegar adquiere connotaciones de viaje a lugares remotos.
Creo que voy a comprar un bote de tinta china. Quizá pueda adoptar a un mono de la tinta:
"Este animal abunda en las regiones del norte y tiene cuatro o cinco pulgadas de largo; está dotado de un instinto curioso; los ojos son como cornalinas, y el pelo es negro azabache, sedoso y flexible, suave como una almohada. Es muy aficionado a la tinta china, y cuando las personas escriben, se sienta con una mano sobre la otra y las piernas cruzadas esperando a que hayan concluído y se bebe el sobrante de tinta. Después vuelve a sentarse en cuclillas, y se queda tranquilo."
(Wang Ta-Hai, 1791; tomado de "El libro de los seres imaginarios" de Borges y Margarita Guerrero)
Escrito por
Jesús S.
a las
11:27 a. m.
4
comentarios
Tags: espejismos, literatura
Se va yendo, lentamente, el otoño; tras de él queda un rastro agridulce: hubo momentos buenos, pero también muchas horas muertas y una pesada capa de melancolía que lo cubría todo. Si tuviera que rescatar una única cosa de todo lo sucedido en estos meses, me quedaría con los fines de semana pasados en París con mi querida Martita.
Me quedo con las cenas que preparaba Martita en su buhardilla de 10 metros cuadrados, y que me reconfortaban después de más de siete horas de autobús; pero también con los paseos nocturnos por Sant Germain, los escaparates de Le Marais, la pequeña librería española, las tartas de chocolate en Au Lys d'Argent, ese vino "luchador"...
Hago mías las palabras de Zach Condon, el cantante y alma del grupo Beirut: "Once we got there, we kept trying to go to other places, but we didn't feel like traveling so much as being in Paris".
... pero a esa sensación de viaje, de descubrimiento continuo, de lugar inagotable, hay que sumarle un aire de familiaridad, extrañamente acogedor.
Las fotos las pone Martita; la música, claro está, Beirut.
Escrito por
Jesús S.
a las
7:17 p. m.
1 comentarios
Tags: espejismos, fotografía, memorias, música
Vía Pitchfork, reencuentro una magnífica página web dedicada a John Cage: Indeterminacy. La descubrí hace tiempo, me fascinó, y luego la olvidé. Podría haberla guardado en la carpeta de favoritos, pero probablemente su destino hubiera sido el mismo: casi nunca reviso los favoritos; cuando se acumulan demasiados, borro la lista.
Eddie Kohler, responsable de Indeterminacy, explica el contenido de la página:
"John Cage was an American composer, Zen buddhist, and mushroom eater. He was also a writer: this site is about his paragraph-long stories – anecdotes, thoughts, and jokes. As a lecture, or as an accompaniment to a Merce Cunningham dance, he would read them aloud, speaking quickly or slowly as the stories required so that one story was read per minute.
This site archives 190 of those stories. Each story is spaced out, as if it were being read aloud, to fill a fixed area. If you like, you can also read them aloud at a rate of one a minute."
Un ejemplo:
A young man in Japan arranged his circumstances
so that he was able to travel to a distant island
to study Zen with a certain Master for a
three-year period. At the end of the three
years, feeling no sense of accomplishment,
he presented himself to the Master and
announced his departure. The Master said,
“You’ve been here three years. Why don’t
you stay three months more?” The student agreed,
but at the end of the three months he still
felt that he had made no advance. When he
told the Master again that he was leaving,
the Master said, “Look now, you’ve been here
three years and three months. Stay
three weeks longer.” The student did, but
with no success. When he told the Master
that absolutely nothing had happened, the
Master said, “You’ve been here three years,
three months, and three weeks. Stay
three more days, and if, at
the end of that time, you have not
attained enlightenment, commit
suicide.” Towards the end of the
second day, the student was enlightened.
En su conjunto, las historias forman un curioso collage de filosofía zen, teoría musical, micología, anécdotas y recuerdos, todo ello regado con el sentido del humor y la vitalidad desbordante de Cage. Su lectura no sólo nos permite conocer la atractiva personalidad de uno de los compositores más influyentes del siglo XX, también nos ayuda a interpretar y entender su obra musical. La página está diseñada de tal forma que las historias se muestran aleatoriamente (no podía ser de otra forma); pulsar el botón para que aparezca la siguiente historia se puede convertir en una tentación difícilmente evitable, casi una adicción.
Escrito por
Jesús S.
a las
11:21 p. m.
2
comentarios
Tags: literatura, razón y mística
Ya no es noticia que Amazon haya sacado al mercado un lector de e-books: para cuando alguien lea este post, este hecho estará sepultado por una o dos toneladas de información más reciente. Pero a mí, en realidad, poco me interesa la actualidad del asunto; ni siquiera me llama la atención el nuevo cachivache. Simplemente voy a aprovechar la coyuntura para darle otra vuelta de tuerca al asunto del futuro del libro (quizá a estas alturas deberíamos hablar más bien del presente del libro), y de paso poner unos cuantos enlaces pendientes que tenía medio olvidados.
¿Por dónde empezar? Cabe preguntarse en primer lugar cuál es el sentido de diseñar un trasto para leer libros, cuando el formato tradicional parece gozar de plena salud, y más aún, cuando las supuestas ventajas que pueda ofrecer la tecnología (es más ecológico, puedes descargar inmediatamente una obra allí donde estés) difícilmente compensan el notable desembolso que debe hacer el usuario. Una aclaración necesaria: yo no puedo dar una opinión totalmente objetiva sobre este asunto: me gusta el libro como objeto, no sólo como medio para transmitir información, y pienso que una pantalla nunca podrá igualar las sensaciones (visuales, táctiles, incluso olfativas) que proporciona una cuidada edición en papel: sensaciones que complementan y amplifican maravillosamente el mismo placer de la lectura. Lo que sí puedo hacer es intentar asumir una postura más fría, y analizar la sustitución tecnológica del papel impreso desde un punto de vista estrictamente utilitario. Para ello, partiré de mi propia experiencia laboral. En mi rutina diaria, me veo obligado a manejar multitud de informes, documentos y artículos científicos a los que accedo a través de internet. Soy el primero en reconocer la increíble ventaja que nos proporciona la tecnología para obtener de forma inmediata toneladas de información que antes estaba fuera de nuestro alcance (a menudo me pregunto cómo podía trabajar o investigar la gente antes de toda esta revolución de las redes). Pero una vez que llega el momento de trabajar con los documentos cosechados y, sobre todo, después de haber seleccionado los textos que realmente hay que analizar a fondo... entonces llega el turno de la impresora, de la grapadora y de los lápices. Uno imprime los documentos en cuestión; y luego los subraya, a veces con varios colores, y hace anotaciones en los márgenes y esquemas en el reverso, coloca señaladores adhesivos, dibuja inmisericordes exclamaciones o interrogaciones sobre el texto: en definitiva, un servidor tortura el documento en papel hasta que extrae de él hasta el último dato relevante, y luego lo guarda, coloreado, exhausto y malherido, en el archivador, por si hubiera que repetir el procedimiento en un futuro. No soy el único que actúa así: veo que mis compañeros mantienen la misma dinámica de trabajo. La conclusión a la que llego es la siguiente: tanto si se trata de la lectura por placer como de la lectura por motivos de trabajo, leer conlleva un proceso físico, indisociable del proceso intelectual, y en este sentido, las cualidades físicas que aporta el papel no son superadas, por el momento, por ningún formato digital.
Avancemos algo más en nuestra reflexión sobre las relaciones entre mensaje y formato. A menudo se establece una dicotomía entre la eficiencia y frialdad asociada a los nuevos medios de transmisión de información, y la componente estética, sensual e incluso sentimental que parece indisociable del aparentemente menos funcional soporte físico del libro. Pero la realidad no es tan simple. Cualquiera que haya navegado lo suficiente por la blogosfera habrá descubierto que la red siente una particular fascinación por los libros, sobre todo por las ediciones ilustradas, los volúmenes antiguos o los libros de artista; es decir, por aquellas obras donde la forma importa al menos tanto como el contenido. Algunos de los más exquisitos blogs de toda la red están dedicados exclusivamente a esta temática; baste citar los insignes Bibliodissey y Giornale Nuovo (cuya aventura acabó, tristemente, hace poco), o el magnífico Books by its cover; otros muchos blogs, entre los cuales se encuentra este que el lector tiene ante sus ojos, publican con cierta frecuencia posts dedicados a libros curiosos o antiguos. Pongamos un ejemplo práctico de esta tendencia: ¿cómo, si no es a través de la red, podríamos tener acceso hoy en día a una obra tan rara y fascinante como "The Snauters: Form and Life of the Rhinogrades", publicado en los años cuarenta por el inexistente naturalista alemán Harald Stümpke (en realidad, un profesor de zoología llamado Gerolf Steiner)?
Hemos de agradecer a Curious Expeditions la información que proporciona sobre esta pequeña obra maestra de la pseudociencia, y al autor de Forbidden Music el haberse tomado el tiempo necesario para escanear y subir varias páginas de la misma a su cuenta de Flickr. Es, como decimos, sólo un ejemplo de cómo la pantalla, por fría que sea, es a veces el único medio que nos permite gozar de ciertos placeres bibliófilos, difícilmente accesibles de otra forma.
Los libros, por tanto, a veces se transforman en posts. Pero más curioso es, si cabe, cuando ocurre el proceso opuesto: y es que a veces los posts acaban dando lugar a un libro. Si el libro salta al formato digital para salir del olvido de las estanterías y las vitrinas, el blog se vierte al formato físico para evitar que su contenido se pierda para siempre en la incesante y voraz marea de la red. Porque el ritmo que impone la blogosfera es el de la novedad continua, aun a costa de que multitud de artículos y reflexiones valiosas caigan en el olvido casi inmediatamente después de salir a la luz. Como dijo alguien, un blog es una conversación, y como en una conversación, las palabras se las lleva el viento... o en su caso una avalancha de feeds. La cuestión es que los seres humanos tenemos una cierta necesidad de que lo que hacemos perdure en el tiempo, quizá para paliar la dolorosa fugacidad de nuestra existencia, y puestos a dejar una huella en el mundo, nada mejor que recurrir al viejo recurso del libro. Un buen ejemplo de esto es el libro de BLDGBLOG, cuya aparición está prevista para 2009; sería una pena que tantas y tan interesantes reflexiones sobre la arquitectura, el paisaje y la ciudad (y sobre muchas otras cosas) se perdieran en el inmenso océano de la red...
Para terminar de rizar el rizo, un último apunte: otro blog que ha decidido dar el salto al formato impreso es el ya mencionado Bibliodissey. ¿No es magnífico que un blog dedicado a la recopilación de ilustraciones, grabados y manuscritos digitalizados y dispersos por la red (y en su mayoría difícilmente accesibles si no es a través de internet), acabe convertido finalmente en libro? En este caso, este paso supone cerrar un círculo maravilloso: del papel al bit, y del bit al papel. Antes que matar al libro, internet parece mantener con él una curiosa y fructífera simbiosis...
¿Alguien se atreve a afirmar todavía que el libro está a punto de morir?
Escrito por
Jesús S.
a las
12:43 a. m.
1 comentarios
Tags: blogs, ilustración, literatura
Para Francesco Careri, no sólo creamos paisaje llenando el territorio de objetos, sino también llenándolo de significados. La práctica de otorgar un sentido simbólico al medio que nos rodea se remonta a tiempos remotos en la historia de la humanidad. Uno de los ejemplos más antiguos (y a la vez más originales) que ha persistido hasta nuestros días es el caso de los aborígenes australianos y su walkabout:
"El walkabout es el sistema de recorridos a través del cual los pueblos de Australia han cartografiado la totalidad del continente. Cada montaña, cada río y cada pozo pertenecen a un conjunto de historias/recorridos -las vías de los cánticos (o songlines)- que, entrelazándose constantemente, forman una única "historia del Tiempo del Sueño (Dreamtime)", que es la historia de los orígenes de la humanidad. Cada recorrido va ligado a un cántico, y cada cántico va ligado a una o más historias mitológicas ambientadas en el territorio. Toda la cultura de los aborígenes australianos -transmitida de generación en generación a través de una tradición oral todavía activa- se basa en una compleja epopeya mitológica formada por unas historias y unas geografías que ponen el énfasis en el propio espacio. A cada vía le corresponde su propio cántico, y el conjunto de las vías de los cánticos forma una red de recorridos errático-simbólicos que atraviesan y describen el espacio como si fuera una guía cantada. Es como si el Tiempo y la Historia fuesen reactualizados una y otra vez "al andarlos", al recorrer una y otra vez los lugares y los mitos ligados a ellos, en una deambulación musical que es a la vez religiosa y geográfica."
(La imagen que acompaña el post es una obra de Phylis Thomas; la encontré aquí)
Escrito por
Jesús S.
a las
6:42 p. m.
1 comentarios
Tags: otras geografías